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El letrista Santi Martel que brilló con Javier Lemus en Zeta-Zetas se incorpora a Diablos Locos

El autor se suma al equipo de Maxi Carvajal para "!sumar, aportar, disfrutar y aprender, sin ánimo de protagonismo"

Santi Martel, letrista que hizo grande a Zeta-Zetas y ahora se suma a la familia trónica.

Santi Martel, letrista que hizo grande a Zeta-Zetas y ahora se suma a la familia trónica. / El Día

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

A Santi Martel (Santa Cruz de Tenerife, 1971) le cuesta definirse como letrista, aunque lleva más de tres décadas afanado ajustando argumentos, métricas y ritmos hasta dar forma a los repertorios murgueros. Prefiere llamarse «creador» porque Martel no solo escribe, sino que es un inquieto permanente; los verbos con los que más rima: arriesgar e innovar.

Zeta-Zetas, el salto y la profecía

Tras más de una década como uno de los referentes de Zeta-Zetas, será en 2026 cuando se estrene en la disciplina trónica, de la mano del maestro Víctor Asencio y Maxi Carvajal; con Acaymo Correo y Tomy Carvajal. La idea de Millaqui se tornó en profecía y Martel ya está en Diablos Locos, grupo al que llega «para sumar, sin ánimo de ser el protagonista de nada».

Martel salió por primera vez con una murga en 1990, recién cumplidos los 18 años. De niño enfermizo y temporadas largas en el hospital, encontró en las murgas un espacio donde sentir pertenencia. Militó, entre otras murgas, en Mamelucos, Triqui-TraquesChinchosos y hasta la pasada edición en Zeta-Zetas, en un tránsito de búsqueda personal. «No me convencía nada del todo», recuerda, y por eso cambió tanto. Incluso montó proyectos propios, antes de entrar en un periodo de inestabilidad murguera del que no salió hasta su encuentro con Javi Lemus.

La etapa decisiva con Javi Lemus

La etapa que marcó definitivamente a Martel fue su unión creativa con Javi Lemus, con quien coincidió en Zeta-Zetas. «Encontré mi hueco», admite. Juntos impulsaron una forma de hacer la murga 3D, arriesgada, visual, dinámica y casi multimedia, que llevó al grupo a momentos icónicos del concurso, desde vuelos y teletransportes hasta la adaptación más variopinta de la técnica siempre al borde de la legalidad.

Esa apuesta creativa «caminaba en el riesgo», reconoce Martel, en un concurso que ya por entonces hacía hueco a la espectacularidad. El tándem Martel-Lemus, o viceversa, se convirtió en sinónimo de innovación en murgas; tan criticado cuando estaban en activo y tan deseado su regreso ahora que uno se ha sumado a Trapaseros y el otro se independiza de Zeta en la calle Candelaria, con Diablos. Pero la relación terminó cuando Lemus se tomó un descanso de las murgas. «El amor no se rompió; él necesitaba parar», recuerda Martel.

La salida de Martel de Zeta-Zetas no fue tan dulce; con ellos no volvió después de la final de murgas que se celebró el pasado 14 de febrero. Precisamente un 14 de febrero...

Después de tantos años en murgas, Martel se sintió señalado, incomprendido y cansado de cargar solo con demasiadas cosas. El letrista no quiere entrar en detalles. Prefiere pasar página: «Esto es para divertirse».

Giro inesperado

La incorporación de Martel a Diablos Locos surgió por casualidad, durante una jornada en Las Banderas. Varios componentes le preguntaron qué planes tenía y él, libre ya de compromisos, dejó abierta la puerta. La llamada de Maxi Carvajal cristalizó la idea. Martel aceptó, pero con un planteamiento distinto: sumar, aportar, disfrutar y aprender, sin ánimo de protagonismo.

Entró como parte del equipo de letras, sin intención de salir como componente, pero el ambiente terminó convenciéndolo. «Me lo estaba pasando demasiado bien», reconoce.

Hoy asegura sentirse cómodo, inspirado y sorprendido por la capacidad de innovación del propio grupo, que ya traía ideas «atrevidas» y con las que él se encontró afinidades naturales.

Martel reflexiona sobre el papel actual de las murgas, cada vez más técnicas y espectaculares. Entiende la crítica al exceso visual, pero lo considera también parte de los tiempos: redes sociales, actuaciones que se ven en YouTube miles de veces, un público que busca impacto y diferenciación.

Y señala que preparar una canción para el día de la final supone un plus para ese espectáculo, porque luego esa canción no se volverá a cantar igual; aunque siempre quedará YouTube...

Siempre que cada grupo cuide su identidad, deja como premisa, Santi Martel abre la puerta a que los temas pueden adaptarse a la calle y que la esencia sigue siendo crítica, humor y emoción.

Sobre la proliferación de letristas que escriben para varias murgas, considera que no es un problema si esos creadores saben adaptarse a la identidad del grupo. «El riesgo es cuando todas empiezan a sonar parecido», advierte. En cuanto a la inteligencia artificial, dice estar lejos de usarla, aunque reconoce que será una herramienta habitual. «La IA no genera el mensaje ni el argumento; eso sigue siendo humano», sostiene.

A sus 53 años, tras casi 35 carnavales, Santi Martel no habla de retirada. De hecho, se ríe cuando escucha esa palabra. Prefiere seguir creando, colaborando y moviéndose donde haya ilusión y respeto. Su nueva etapa en Diablos Locos le permite eso: un espacio para aportar sin presiones, para disfrutar del carnaval desde una madurez que no le ha quitado ganas de inventar. «Mi jubilación murguera será tranquila, pero todavía no», bromea.

Y el Carnaval 2026 promete demostrarlo. Como uno más en Diablos, agradecido por la acogida.

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