El barrio de Salamanca reivindica el trueque de siempre frente al hiperconsumismo
El colectivo La Arboleda organiza en la plaza de Fátima un encuentro de vecinospara intercambiar productos, desde ropa a juguetes, ‘De Manos en Manos’

Una iniciativa de la AVV La Arboleda de comercio creativo y apoyo al barrio / María Pisaca
El trueque, modelo ancestral de las relaciones comerciales entre los humanos, volvió por un día al barrio capitalino de Salamanca y el Uruguay. La plaza de Fátima se llenó de vida durante unas horas de la mañana de ayer con el encuentro de vecinos, abierto también a los de fuera para intercambiar productos, de ropa a libros y de juguetes a muebles, en la cuarta edición de la iniciativa organizada por la asociación La Arboleda, ‘De Manos en Manos’. Entre los objetivos están fomentar la economía circular y luchar contra el hiperconsumismo, ‘enfermedad’ de estos tiempos de internet, excesiva e incontrolada que va más allá de las necesidades básicas, impulsado por el marquetin y la mera búsqueda del placer y el estatus social.
Dinamizar la plaza
La presidenta de La Arboleda, Gabriella Auriemma, estaba contenta con que la gente se fuera incorporando poco a poco en la mañana del domingo. Cree que «es una forma de dinamizar la plaza después de la reciente reforma para colocar una cancha deportiva y un parque infantil con los presupuestos municipales participativos». La intención es que se celebre cada tres meses con otros actos en paralelo que den atractivo al trueque. La presidenta recuerda que «es lo principal pero también hay una parte de mercadillo para vender lo que ya no queremos a un precio de simbólico».
Ayuda municipal
Valoró la ayuda del Ayuntamiento en forma de siete carpas y unas decenas de sillas, además de expresar la voluntad de tener continuidad y no querer hablar de los problemas del barrio, que los tiene, «en un día como este» para disfrutar del comercio creativo, apoyar a la zona y darle una segunda vida a la ropa que ya no se usa. El ancestral intercambio como una forma más sostenible y comunitaria de consumir.
Apoyo vecinal
Así lo entiende María, que trajo de su casa bolsos, libros, ropa y otros objetos para llevarse unos zapatos. Valora:« A mí me parece genial, una idea estupenda y me gustaría que se hiciera más a menudo». Un pero:«Al ser una plaza por la que no transita mucha gente, todo el esfuerzo que hacen los vendedores o quienes practican el trueque se frustra un poco porque no hay afluencia de posibles clientes». Más todavía «en domingo» cuando está el Rastro. Pero, pese a todo, confía en que cuaje y crezca. Para eso le pide al Ayuntamiento de Santa Cruz, que, además de publicitarlo, impulse acciones como castillos hinchables para niños o que el día coincida con alguna iniciativa complementaria.

Mercadillo de trueque de ropa / MARIA PISACA
Ejemplo de trueque
Maribel del Castillo y Miriam Santiago, vecinas de Salamanca, tienen puestos separados bajo la misma carpa que les protege de un sol de justicia, impropio de noviembre, más cuando el sábado había llovido, Cosas de los microclimas. La veterana Puri, del barrio «de toda la vida» se acerca curiosa –con un anorak puesto– mientras ellas intercambian dos piezas de ropa, un vestido y una camisa, de segunda mano.
Reciclaje
Miriam se lanza: «Un problema mundial es la acumulación que hay de ropa. La propuesta es ir hacia una economía circular y que tenga un nuevo uso». Maribel corrobora:«Esto se debería fomentar más, no tanto el consumismo de objetos nuevos, sino lo que se puede customizar haciendo upcycling. (reciclaje)».
Tiempo y dinero
Ambas defienden que se puede donar en internet pero también vender porque «aquí hay asociaciones que lo hacen para ayudar o autofinanciarse». Señalan que todo cabe:«El trueque o la venta, pero que no sea desmesurada. Por ejemplo, una camiseta Ralph Lauren a 3 euros y no a 30. Algo simbólico». Maribel sentencia:«Al final el tiempo es dinero y estamos invirtiéndolo aquí».
Padre e hija
Diego pasea a su perro como la mayoría de los que se acercan a la plaza de Fátima. Su hija Isabela ha colocado la mercancía en su puesto: libros, objetos de decoración y alguna otra cosa de segunda mano. A Diego le parece «una idea estupenda» e invita a la gente, vecinos del barrio o no, «a compartirla».
Protectora de animales
Las carpas están gestionadas por los vecinos de forma libre, previa convocatoria a través de las redes sociales, o por colectivos como el animalista ‘Difusión y rescate de cuatro patas’. En su estand ocupan el espacio Carina, Mayra, que es del barrio, y otros compañeros, pero toda la atención la llama y la reclama la coqueta ‘Lassie’, con su lazo en el pelo y cómodamente sentada entre las piernas de Mayra. La idea les parece a todos «genial» y allí es posible encontrar productos para las mascotas hechos por las propias voluntarias. De bolsas, carteras y sombreros con motivos animalistas a collares, pañuelos o muñequitos para jugar.
Historia presente
Una mañana distinta en Salamanca que retrotrae a otras etapas de la historia con un modelo económico, el del trueque, propio del pasado. O no tanto.
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