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Sofía Torres, la decana de la Recova de Santa Cruz de Tenerife, una vida entre berros y recuerdos

A sus 94 años, Sofía Torres sigue acudiendo cada mañana al Mercado Nuestra Señora de África, donde empezó con su madre vendiendo berros y cilantro cultivados en El Tablero. Tres generaciones después, su hijo continúa el legado de una vida dedicada a la tierra.

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

La planta baja del Mercado Nuestra Señora de África atesora el puesto de Sofía Torres Salas, sinónimo de la Recoba. Comenzó vendiendo «cosas de ella», como dice con orgullo: productos de su finca como berros, cilantro y perejil.

Primero estuvo en la calle del Humo, hasta que su madre la llevó al mercado actual. «El Ayuntamiento sorteó los puestos y me tocó uno que ahora trabaja mi hijo», recuerda.

Sofía reivindica que lleva toda la vida vendiendo verdura. Es la decana del lugar, aunque ahora acude al puesto «para no estar sola en casa». Lo explica con sencillez:

«A las seis de la mañana me levanto, me baño, desayuno y voy con mi hijo al mercado. Estoy aquí hasta las dos. Después, lavo la ropa en la piedra, porque no me gusta la lavadora, y tiendo en el patio, que es grande y lleno de flores. No duermo siesta».

Tres generaciones de recoveras

Resume con orgullo que «esto lo llevó primero mi madre, luego yo y ahora mi hijo».

Tanto su madre como su suegra vendían en el mercado de La Laguna. «Pero allá todo es más caro. Aquí viene de todo el mundo, hasta los turistas de los cruceros, pero no compran ni un plátano. Solo miran y sacan fotos. ¡Debería cobrarles por las fotos!», dice riendo con picardía.

De El Tablero a la Recova: una vida trabajada

Natural de El Tablero, cuando el Suroeste de Santa Cruz pertenecía a El Rosario, Sofía Torres cuenta que «de chiquita vendía por las calles con una cestita en la cabeza», para referirse a su madre:

«La pobre trabajaba en las ventas de racionamiento en El Tablero». De ella heredó la vocación agricultora: «Soy hija de recovera y me casé con el hijo de mi suegra», bromea entre risas.

«Era un hombre alto, como él», dice señalando al fotógrafo. Conoció a su esposo porque era vecino de El Tablero. «Vivía más arriba y yo más abajo, en El Calvario. Era un gran albañil», cuenta, bajando la voz al recordar que su marido «ya murió hace seis o siete años».

Sofía Torres, la vendedora decana del Mercado Nuestra Señora de África.

Sofía Torres, la vendedora decana del Mercado Nuestra Señora de África. / Andrés Gutiérrez

Orgullo de familia trabajadora

Cuando se le pregunta si se puede sacar adelante una familia vendiendo verduras, sonríe con orgullo:

«Mi marido fue albañil y trabajó en la fábrica de cemento. Todo lo que veía, lo hacía. Si veía una casa bonita, la levantaba igual. Teníamos buena vida. Y yo seguí vendiendo siempre, gracias a que mi madre me cuidaba los niños mientras yo trabajaba».

La vida, con sus golpes y sus recuerdos

La vida, dice, «es dura». Lo sabe bien: tuvo cinco hijos y uno de ellos murió con solo 23 años en un accidente cuando iba a trabajar al Sur. Suspira.

No recuerda el año exacto en que se casó —«ya hace un montón de años»—, pero sí cómo conoció a su esposo:

«Era vecino mío y me empezó a pretender. Su hermana, mi cuñada, salía con mi madre a los bailes. Desde que era niña, mi suegra me quería».

“Las grandes superficies nos han matado”

Lamenta que los mercados tradicionales no vivan sus mejores días.

«Ahora se vende muy poco. En Navidad, un poquito más, pero poco. Las grandes superficies nos han matado. Vienen y ofrecen verduras malas, baratas, y nos fastidian a los demás».

Sofía acompaña a su hijo, que ha tomado el testigo familiar del puesto en el mercado.

Sofía acompaña a su hijo, que ha tomado el testigo familiar del puesto en el mercado. / Andrés Gutiérrez / t

La recovera defiende la calidad local: «La gente lo sabe: la calidad nuestra es buena, porque es de nuestro campo, sembrada con pinocha y con agua del monte. Son verduras naturales».

Pero reconoce resignada: «La gente va a lo barato y lo barato sale caro. No es igual que nuestras verduras. Las nuestras son buenas para los niños», sentencia.

El secreto de vivir 94 años

Cuando se le pregunta por el secreto de su longevidad, responde sin dudar:

«Potaje de berros con gofio. No comer dulce, ni mucha carne. Mejor pescado. Yo soy de pescado y potaje de verduras».

Mientras su hijo vuelve a abrir el puesto que heredó de su madre, Sofía Torres sonríe tranquila a sus 94 años. Sus dos nietos, militares en la Península, buscan otro futuro, «allá, con mi tocaya, Sofía», dice entre risas esta recovera que tutea a la vida mientras celebra su legado.

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