BARRIO A BARRIO | El Tablero

La urbanización de El Fraile o "el muro de las lamentaciones de El Tablero"

En el límite de Santa Cruz con El Rosario, los vecinos lamentan la falta servicios o instalar barandas mientras "se anuncian miles de euros para instalar el césped en el campo"

Vecinos de El Fraile han plantado vegetación ante la falta de barandillas que impidan caídas de niños al barranco de El Chorrillo.

Vecinos de El Fraile han plantado vegetación ante la falta de barandillas que impidan caídas de niños al barranco de El Chorrillo. / El Día

Humberto Gonar

Humberto Gonar

«Acabo de mirar en la cuenta corriente y me acaban de cobrar los recibos de la Contribución, la Basura y el Rodaje», cuenta Tina, una de las vecinas de la urbanización de El Fraile que se localiza en el extremo del Suroeste de la capital tinerfeña, justo en el límite entre Santa Cruz de Tenerife y El Rosario. Con la boca chica, desliza que «no me importaría pertenecer al municipio limítrofe», mientras señala el barranco de cumbre de El Chorrillo, ejemplo de la copla que dice del manto de la Virgen que llega desde la cumbre hasta la arena. Dicha depresión abarca desde el monte de La Esperanza y muere a mitad de la plaza de La Nea.

Los residentes de esta promoción llegaron hace veinticinco años a la urbanización El Fraile que proyectó y llevó a término la misma cooperativa que constituyeron los primeros propietarios. «Nos dieron la oportunidad de ir pagando poco a poco nuestras casas y aprovechamos», comenta esta vecina. Zona ventosa, el lugar tiene unas vistas envidiables desde Santa Cruz hasta el Valle de Güímar y, sin embargo, los vecinos creen que no se saca todo el jugo a esta disposición. «Muchos vienen por la tarde con sus sillas o se ponen sobre unas piedras o unos bloques para ver una puesta de sol preciosa», añaden mientras señalan a un casetón coronado por unas antenas de telefonía.

Sin embargo, algunos residentes se muestran apesadumbrados porque, no por mucho pedir logran respuesta a sus demandas. «Esto parece el muro de las lamentaciones, porque reclamas cosas y siempre caen en saco roto».

«Hemos pedido hacer ahí un mirador y cambiar los dos banquitos que están por la parte baja del jardín que está frente a la urbanización; ahí se ponen los jóvenes a hacer sus cosas por la noche y si esos bancos estuvieran en ese mirador que pedimos, nosotros mismos lo podríamos cuidar».

La vecina acompaña su denuncia con el testimonio de otros residentes en la visita por la zona mientras muestra el abandono o el olvido de las barandas pedidas hace años. «Algunos se han cansado de esperar que pongan ahí un cerramiento que evite caídas al barranco, un peligro que se acrecienta ahora en época de vacaciones. Aquí pueden vivir unos treinta niños y jóvenes», advierte. Durante el recorrido, en el que casi es de premio encontrar un coche en circulación o un vecino en la calle a las doce del mediodía, uno señor que pasea a su perro coincide con Tina es que «pagamos impuestos como ocurre en otras zonas de Santa Cruz», si bien ellos no sienten que les llegue la inversión. «Me atreví a denunciar las carencias del barrio después de que el otro día saliera en el periódico que el ayuntamiento iba a invertir miles de euros en la instalación de césped en le campo de fútbol».

Durante el paseo, la vecina explica, casi con desconsuelo, que vive entre los barrios de El Chorrillo y Machado, que pertenecen a El Rosario, y con los que existe una gran diferencia en la atención y servicios que presta uno y otro ayuntamiento, sacando ventaja la corporación que dirige Escolástico Gil, de IR-Los Verdes.

En la ristra de demandas, muchas de ellas son detalles, lamentan la falta de barandillas, o la mejora de los jardines. «Me peleé con Gladis de León en la época que estuvo al frente del distrito. Pusieron el riego, pero todo a base de estar todo el día encima», cuenta. Más que el mantenimiento de la zona verde, Tina está indignada porque se erradicó el punto incontrolado de vertido de enseres en la iglesia de El Tablero «y ahora vienen aquí hasta camiones de empresas del polígono industrial a verter escombros cerca de la calle Palo Blanco. Ya ni nos molestamos en llamar a la Policía sino que los propios vecinos, cuando identificamos a las empresas porque su nombre figura estampado en sus camiones, los llamamos para advertir del hecho».

«Antes venían a limpiar los hierbajos casi todos los días, ahora pasa una vez a la semana y si ven que no hay basura, sigue». El vecino del perro cuenta: «A mitad de esa calle puede ver como está la hierba crecida y los coches aparcan encima», cuenta con resignación.

El espejo que estaba a la salida del bar La Vera, donde está el cruce de las cuatro esquinas, también trae de cabeza a los residentes. «Yo siempre me paro aunque tengo preferencia», explica, para asegurar que esa precaución le ha permitido evitar lo que a la postre serían serios accidentes de tráfico. «Estamos cansados de pedir y nadie hace nada. «Han pasado olímpicamente». Y no es el único espejo que reclaman. También solicitan otro en la carretera general.

Lamentan el estado de las luminarias, donde hay. Porque aquellas zonas que dependen de la luz de la Luna son fáciles de identificar porque amanecen con enseres abandonados en la vía pública, donde están los contenedores». Con desconsuelos, los moradores de la urbanización El Fraile hablan de las dos velocidades que viven en El Tablero: en la promoción de las 44 viviendas sociales ahí pusieron leed y frente a sus casas están las antiguas y alguna está fuera de servicio ya.

La cancha deportiva y el cerramiento exterior es objeto de demanda, así como algunas zonas del piche. «Está rota y dejada de la mano de dios», afirma la vecina, que asegura que la única que se preocupó de ellos, tanto de esta instalación como de la zona, fue la socialista Patricia Hernández durante los catorce meses que estuvo al frente de la Alcaldía, si bien un paseo por la cancha no pone de manifiesto tanta desidia.

«He llamado también a Endesa porque algunas de las arquetas que están en las aceras son de su propiedad y están levantadas», cuenta la vecina, que asegura que toca a todas las puertas que puede en busca de una solución.

En el paseo por la zona de la mano de Tina llama la atención en la calle Aspérula otra urbanización que nada tiene que ver con El Fraile. Tiene seis portones, todos tapiados desde hace diez años, aseguran los vecinos, y en los que se distribuyen veinticuatro viviendas. Unos dicen que están cerrados por okupas; lo cierto es que no se ve movimiento en su interior y desde fuera, parecen nuevos.

Desde el Distrito Suroeste, aseguran que la mayoría de estas demandas están contempladas y tramitadas, para reconocer que muchas veces la administración no da una respuesta tan rápida como reclaman los vecinos.