BARRIO A BARRIO | Barranco Grande

El CEO Bethencourt y Molina culmina el primer proyecto sobre Salud Mental en el colegio

Programa de la ONG Volterera en el centro de Educación Obligatoria de Barranco Grande 

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Una veintena de alumnos de Infantil, Primaria y Secundaria del Colegio de Educación Obligatoria (CEO) Bethencourt y Molina, de Barranco Grande –en el distrito Suroeste de Santa Cruz– culminaron el proyecto piloto que se puso en marcha este curso con la colaboración de la ONG Voltereta.

Más allá de que sea una experiencia inédita en los colegios públicos, al menos en la capital tinerfeña, el programa de intervención persigue dar una respuesta inmediata a la necesidad que advirtió el claustro de profesores sobre cómo atender el problema que supone gestionar emociones. 

«Los maestros y profesores llegamos hasta saber, porque nos lo dicen los alumnos, que están tristes. A partir de ahí, no sabemos cómo gestionar las emociones». Con esa reflexión arrancó la directora del CEO Bethencourt y Molina, María José Zamorín, la necesidad de dar una respuesta a la gestión de las emociones de forma profesional ante situaciones como, por ejemplo, cómo reaccionar ante un duelo en el caso de los niños.

La inquietud por dar una respuesta desde especialistas de la Salud Mental permitió que la ONG Voltereta, con Carolina Martín al frente y el apoyo de Iñaki Granda, ofreciera su colaboración desinteresada para poner en marcha un proyecto inédito en la Educación que se estrenó este curso en el Bethencourt y Molina. 

María José Zamorín había lamentado cómo se dilata el tiempo en Sanidad desde que se requiere una atención especializada hasta que la recibe el alumno, que se traduce en un tiempo de espera mínimo de seis meses que se puede prolongar hasta un año desde que se solicita cita al orientador, se da traslado del informe a las familias para que lo transmitan al pediatra del menos y se tramite la solicitud de atención de Salud Mental.

La metodología desarrolló en el colegio de Barranco Grande durante cuatro días, tanto con los alumnos de Infantil y Primaria –con entre diez y quince participantes–, mientras que en Secundaria asistieron entre ocho y diez. El objetivo: dar respuesta a la preocupación que existe entre los adolescente en materia de relaciones desde la reflexión de qué les hace sentirse bien o mal.

Por edades, en los jóvenes cobra especial incidencia la preocupación por la imagen y porque se les juzgue y no se les respete, mientras que en la infancia tiene más relevancia la ira, las peleas o el apoyo a las familias...

Para dar respuesta, la psicóloga de la ONG Voltereta Carolina Martín acudió a metodología de arte: a los jóvenes se les planteó el desarrollo desde diferentes historias; mientras los niños, a los que se les dio a elegir desde hacer un baile a una canción, finalmente prefirieron dibujar la temática que les preocupa, como la familia, las relaciones, el colegio y la naturaleza, el medio ambiente y las mascotas, lo que se tradujo en obras de arte que se presentaron este viernes en sociedad a la comunidad escolar y social, representada por la concejala de Educación de Santa Cruz, Charín González, el director territorial de Educación y la responsable de La Caixa, entidad que colabora con este centro en la financiación de otros proyectos.

Las obras de arte son productos que permiten buscar soluciones a las sensaciones y emociones, desde canalizar a gestionar, si bien el programa no desarrolla terapias –conforme se establece en la Educación–, sino que de la mano de expertos de la ONG Voltereta establece herramientas, a los que la propia Carol prefiere definir como facilitadores.

Justo el día de final de curso escolar, Charín González hizo un alto para mostrar su compromiso con esta situación que afecta por igual a todos los centros y que Bethencourt y Molina atiende en un programa pionero.

Los propios niños –Alba y Yone– actuaron de maestros de ceremonia para presentar a los invitados sus obras de arte que les permiten gestionar emociones; también Moi, otro de los participantes, explicó con todo lujo de detalles y un verbo propio de showman la explosión de emociones para que «los profes nos entiendan».

Ejemplos concretos

En el análisis presentado, los niños definieron «lo que nos hacen las amenazas: falta de ganas o motivación, pensar en negativo o no ver lo positivo, la culpa o el daño físico y mental», para advertir «cómo resistimos: qué hacer con las críticas sociales (pasar de todo), canalizar el enfado con respeto, ignorar, pasar de todo, centrarse en une misme, mirarse lo que hace une misme, tener personas que nos apoyen».

Y por último, «lo que nos ayuda: entenderse a sí mism@, amor propio, si te afectan o no las fosas de fuera, que nos valoren más por cómo somos por dentro, estabilidad emocional, humor»...

De la reflexión personal, a la social. «Si fueras presidente delGobierno o alcalde de Santa Cruz, ¿cómo solucionarían esta carencia de salud mental?». Los niños lo tienen claro por las respuestas aportadas: con más psicólogos en los colegios que mes permita a herramientas para saber cómo gestionar las emociones.