Suscríbete eldia.es

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Barrio a barrio | Distrito Suroeste

Cincuenta años del día en que El Rosario hizo (más) grande a la capital de Tenerife

La iniciativa de un grupo de vecinos rosarieros pretendía reforzar la supremacía de Santa Cruz

Fotografía panorámica del Suroeste de Santa Cruz, terreno cedido en 1972 por El Rosario a Santa Cruz. E. D.

«Aquí fue formalizada, el 30 de diciembre de 1972, la entrega por el Ayuntamiento de El Rosario al de Santa Cruz de Tenerife de una parte de su territorio. La fraternal amistad entre ambos pueblos, el espíritu de cooperación y mutuo entendimiento de sus corporaciones representativas y su ideal aspiración común de engrandecimiento y progreso de esta isla de Tenerife y de su capital fueron nota distintiva de base fundamental del acuerdo». Con esta leyenda se descubrió, tal día como hoy hace cincuenta años, una placa en el nuevo límite municipal entre Santa Cruz y El Rosario, La Asomadilla –en el entonces camino de San Francisco de Paula–, para inmortalizar la cesión de lo que había sido el distrito segundo de El Rosario y que se transformó en los distritos once y doce de la capital.

Corporación de El Rosario en 1972, cuando se formalizó la cesión. | | E.D.

Para calcular el calado de la decisión, El Rosario se desprendió de quince de los cincuenta kilómetros cuadrados que integraban su territorio. Mayor relevancia tiene la segregación en cuanto a su población: 11.000 de los 16.000 vecinos pasaron a ser residentes de la capital tinerfeña desde el 30 de diciembre de 1972. La firma del acta se realizó a los pies de un drago que se localiza en la actualidad, no así la placa conmemorativa, que fue víctima de la transformación del camino de San Francisco de Paula en carretera.

Según consta en la documentación que obra en poder del Archivo Municipal del Ayuntamiento de El Rosario, cinco vecinos de El Tablero figuran entre los promotores de la cesión del distrito segundo en favor de Santa Cruz: Antonio Adrián González, José Gómez Camacho, Alfonso Briganty Careno, Inocencio Palma Vera y Segundo Martín de la Rosa. Una idea que comienza a fraguarse a finales de la década de los años sesenta del siglo pasado y de la que se hace partícipe al propio Ayuntamiento chicharrero, que en la sesión celebrada el 25 de marzo de 1968 acepta ahondar en la propuesta vecinal. El 6 de marzo de ese mismo año se había registrado en el Ayuntamiento de El Rosario la solicitud de la cesión a Santa Cruz con 140 folios, que incluían las firmas y muchas huellas digitales de vecinos que avalaban la iniciativa.

El Suroeste ha multiplicado por cinco su población desde 1972, sumando hoy 51.000 vecinos

decoration

En la argumentación que se exponía para la cesión de los 15 kilómetros cuadrados de El Rosario a Santa Cruz se argumentaba que el municipio esperancero «se había roto» por la fuerte inmigración, si bien en el texto que se remite a la sesión plenaria se precisa la necesidad de ampliar el desarrollo y la expansión de Santa Cruz para consolidar su condición de capital de la Isla y, también, de la provincia, además de hacer constar que los vecinos que vivían en aquella zona trabajaban en Santa Cruz.

La iniciativa, con el refrendo de ambas corporaciones municipales, fue aprobada por el Ministerio de la Gobernación el 13 de agosto de 1971, cuando se inició el inventario de bienes y servicios para hacer efectiva las transferencias.

El Suroeste

Aquellos terrenos cedidos hace medio siglo hoy integran el Suroeste chicharrero, donde se han consolidado once barrios: Santa María del Mar, Añaza, Acorán, Los Alisios, El Sobradillo, La Gallega, Tíncer, Llano del Moro, El Chorrillo, El Tablero y Barranco Grande.

En representación del Ayuntamiento de El Rosario, formalizó la cesión su alcalde, Elías Bacallado Hernández, mientras que el acta que se rubrica el 30 de diciembre de 1972 lleva la firma del regidor de Santa Cruz de Tenerife Ernesto Ruméu de Armas, que culmina un proceso que se gestó bajo la tutela de Pedro Doblado Claveríe.

El propio Doblado Claveríe, en el libro Añaza: una idea hecha ciudad, de Cristina García Maffiotte (publicado en 2004), se refiere en la introducción a la «gran operación: la agregación de una parte del término municipal de El Rosario que, después de un intenso período preparatorio y de amplia movilización popular, se culmina con la aceptación que se contiene en el acuerdo plenario del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife de 23 de diciembre de 1968. En virtud de ese acuerdo –sin precedente, salvo la separación de Santa Cruz del término de La Laguna–, la cesión que engloba el espacio comprendido entre el Barranco Los Andenes, Camino de San Francisco de Paula, Barranco de EL Chorrillo, Pista de EL Tablero y Barranco de El Humilladero, incorpora al término municipal de Santa Cruz una superficie aproximada de 1.500 hectáreas, semejante a la que entonces tenía la superficie del término apta para el asentamiento urbano que, prácticamente, se duplica».

El Rosario ha tardado medio siglo en lograr el mismo número que tenía censado en la cesión, 17.000

decoration

Fruto de esa segregación, se establecen los nuevos límites de la capital que pasa a ampliar su demarcación hasta el barranco del Muerto, barranco de Los Andenes, camino San Francisco de Paula, camino de El Chorrillo y barranco Las Goteras.

Entre las reticencias mostradas desde El Rosario para la cesión de su suelo, la condición de que el término municipal no podrá aceptar perder contacto con el mar, así como el sentir de la población por mantener el vínculo con el cementerio de El Sobradillo, pues parte de los funcionarios de aquella Corporación fueron asumidos por el Ayuntamiento santacrucero. Tampoco fue un cheque en blanco de El Rosario, que exigió a Santa Cruz que le pagara su aportación municipal para la construcción de la ocho aulas y ocho casas para maestros de escuela de Santa María del Mar –por valor de 694.119 pesetas–, así como el asfaltado de la calle Calvario a El Tablero –686.988 pesetas–, la redacción del Plan General –137.500 pesetas– y el coste de la pista de La Esperanza a Llano del Moro que une la parte Norte de Tenerife –581.251 pesetas–, más otras cuotas de participación. En total, 2.506.666 pesetas (equivale a 15.065,37 euros).

Una fecha memorable

El sábado 30 de diciembre, en el acto de cesión de los terrenos celebrado en La Asomadilla, el alcalde de El Rosario, Elías Bacallado, aseguró que «durante el transcurso de nuestra vida existen fechas memorables que no podemos olvidar», para añadir: «Hoy tiene lugar en El Rosario la culminación de otro hecho histórico que comenzó en el mes de septiembre de 1968. Un hecho que, tras largas y concienzudas tomas de contactos entre ambos municipios, llevadas por el buen camino de la comprensión y de la amistad, ha desembocado en este acto que pone punto y final al proceso de la segregación de parte del municipio de EL Rosario y su consecuente anexión al de Santa Cruz de Tenerife. Y este acto y lo que en el mismo se lleva a cabo no es sino el resultado de otro pensamiento fundamental: el de saber, con pleno convencimiento, que el hacer grande a la capital de la Isla y a la provincia tinerfeña significa engrandecernos todos. Es, simplemente, hacer Isla, hacer provincia. Y en esta empresa estamos comprometidos todos los municipios. Por tales razones, la segregación más que en perjuicio va en beneficio de la comunidad».

Por su parte, el entonces alcalde de Santa Cruz, Ernesto Ruméu de Armas, manifestó en aquel acto que «para ambos ayuntamientos es la de hoy una fecha histórica, porque si importante y trascendente es para Santa Cruz de Tenerife poder ampliar su área urbanizable más allá de los estrechos límites que hasta ahora la han constreñido; porque si de general interés es la racional ordenación de un territorio hasta ahora sometido a los vitales pero anárquicos impulsos propios de las zonas suburbiales en crecimiento, más importante y de más honda significación es que esta alteración de términos municipales se haya logrado merced a la estrecha unión, a la fraternal amistad, al sincero espíritu de cooperación de los municipios interesados, puestas sus miras más que en motivos e intereses puramente localistas en la ideal aspiración común de que esta nuestra isla de Tenerife pueda ostentar dignamente su condición de antesala de España en esta encrucijada de las rutas atlánticas».

El Rosario cedió 15 de sus 50 kilómetros cuadrados, donde vivían 11.000 vecinos y quedaron 5.000

decoration

Gracias a la colaboración de la Biblioteca Municipal del TEA, el personal del servicio de Hemeroteca aporta las páginas publicadas por EL DÍA con motivo de la cesión. Así, el domingo 31 de diciembre de 1972, este periódico titulaba en su primera página: «El Rosario cedió a Santa Cruz la tercera parte de su territorio», para añadir el subtítulo: «Habitan en ella 11.000 personas que son desde ayer vecinos de esta capital». Ilustraba la información una fotografía de Enrique Martín, en la que aparecían los alcaldes de El Rosario y Santa Cruz de Tenerife al pie de un drago que se conserva todavía hoy en La Asomadilla, con los regidores de ambas corporaciones enfundados en una manta esperancera. Acompañaba esta información un artículo de opinión en portada titulado «Santa Cruz, más grande; El Rosario, engrandecido».

Hoy, a las 10:30 horas, en la plaza Gabriel Cruz, de Llano del Moro, los actuales regidores Escolástico Gil, de El Rosario, y José Manuel Bermúdez, de Santa Cruz, conmemorarán los cincuenta años de la cesión de los terrenos.

El Rosario, solidario

Con la perspectiva del tiempo transcurrido, Gil –quien facilitó la consulta de los documentos en el Archivo Municipal–, concluye que el municipio dio una lección de solidaridad. Dada la experiencia vivida con Radazul, Tabaiba y Costanera, que conforman hoy el pulmón para el crecimiento municipal, el alcalde asegura que «El Rosario hubiera sido otro, con más riqueza y población», pero se prefirió la solidaridad. Sin embargo, «la respuesta que ha obtenido no ha sido la adecuada» desde las administraciones públicas.

La cesión fue formalizada por los alcaldes Elías Bacallado y Ernesto Ruméu de Armas

decoration

En datos, Santa Cruz casi ha multiplicado por cinco los 11.000 habitantes que recibió de El Rosario en medio siglo, mientras la localidad esperancera ha tardado el mismo tiempo para volver a contar con la misma población de 1972, en el momento de la cesión. La capital tinerfeña mantiene, gracias al Suroeste cedido hace medio siglo, su supremacía sobre La Laguna en cuanto a población, mientras El Rosario de Escolástico Gil ha encontrado en Carlos Alonso y Román Rodríguez a sus principales avales en aras de impulsar el resurgir de este municipio.

Compartir el artículo

stats