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JOYAS DEL PATRIMONIO | MOLINO DE BARRANCO GRANDE (XXXII)

Declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico, por Decreto de 8 de diciembre de 2007

Molino de Barranco Grande

Situado en una plaza del barrio de Barranco Grande, en el cruce de la carretera general del Sur con la carretera del Sobradillo, el considerado «mejor molino de Tenerife» fue construido en 1898 por la familia Salas, famosos molineros del Llano de los Molinos, en Santa Cruz de Tenerife, manteniendo su actividad hasta mediados del siglo XX, siendo derruido parcialmente en 1973.

Formaba parte de los típicos molinos de viento introducidos por los castellanos en la Isla y que fueron instalados en aquellos lugares de Santa Cruz donde la fuerza del viento, al actuar sobre sus aspas, transformaba la energía eólica en energía mecánica para que sus piedras –de molino– trituraran el cereal (trigo, millo, cebada o garbanzos) y saliera el gofio, que era el alimento indispensable en la dieta de los habitantes tinerfeños.

Con forma troncocónica, de 10 metros de altura y 4 metros de diámetro, estaba construido con gruesos muros de mampostería, formados por bloques basálticos irregulares, pequeñas piedras y mortero de tierra, cal y arena. El molino estaba rematado por una cubierta irregular cónica, separada del resto por un mecanismo de giro a base de collares de madera.

Por un lado del molino sobresalía el eje principal, que sostenía las cuatro aspas rectangulares forradas de tela para que el viento las impulsara y en el extremo opuesto había un palo, denominando timón, que servía para orientar las aspas en la dirección que soplara el viento.

El interior del molino se dividía en tres pisos, con puertas de acceso por la planta baja y la primera.

La planta baja, situada al nivel del terreno, servía de almacén para el grano y, en algunas ocasiones, de dormitorio del molinero. La estructura de la habitación era circular, con gruesas vigas en el techo.

Para subir a la primera planta se utilizaba una escalera de piedra de un metro de ancho, adaptada a la forma troncocónica del molino. En ella se limpiaba el grano y había un banco donde los clientes esperaban la salida del gofio, que ellos mismos recogían en la boca de la “tolva”.

En la planta alta se encontraba la maquinaria de trituración o molturación, donde un rotor, movido por las aspas, engranaba con la rueda horizontal encargada de transmitir el movimiento del eje de las aspas a un eje vertical que hacía girar la volandera o muelas. La unión entre el eje y la rueda dentada principal estaba formada por engarces y acoples, sin tornillos ni clavos. La carcasa que cubría la piedra de moler era de madera.

El gofio

La historia de los molinos de viento en Tenerife está intrínsicamente ligada al gofio y siempre fue un tema recurrente para los cronistas, viajeros, etnógrafos y arqueólogos que visitaban la Isla a la hora de describir los usos y costumbres de los canarios.

En 1924, Miguel de Unamuno escribe durante su destierro: «El gofio es la principal base de la alimentación del pueblo canario, pues la gente pobre de estas islas vive del gofio, las papas y el pescado seco. En estas Islas Canarias se llama gofio a la harina de trigo, de millo o de cebada, cuyos granos fueron tostados previamente y fueron molidos en uno de estos molinos de viento que nos recuerdan a los gigantes contra los que peleó Don Quijote».

Sitio Histórico

El molino de Barranco Grande, al ser considerado una de las pocas señas de identidad que se conservan de nuestros antepasados y estar vinculado con acontecimientos de valor histórico, fue adquirido por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en 2007.

Al reconstruirlo, debido al lamentable estado en que se hallaba, las partes derruidas se dejaron en el mismo estado en que se encontraban, mientras que el mecanismo de madera de su interior se restituyó por completo, dejándolo a la vista de los visitantes. Para sustentar las aspas y la maquinaria hubo que incluir un armazón de hierro.

En la plaza que se construyó en su entorno se colocaron las piezas antiguas que aparecieron durante las obras (piedras, timón, etc.), adjuntándole a cada una su panel informativo. Desgraciadamente, la mayoría de estos vestigios han desaparecido.

Su restauración levantó mucha polémica, ya que no se respetó la antigua estructura del molino y el muro que rodea la plaza se hizo de hormigón, cuando tenía que haberse revestido de piedras.

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