Cambio de guardia al frente de la Asociación de Jubilados de la Policía Local de la capital. Días atrás asumió la presidencia de este colectivo Juan Barroso (Santa Cruz de Tenerife, 1948), quien fue uno de los promotores de su fundación en 2004, cuando entonces estaba en activo en el cuerpo de seguridad municipal. Junto a Barroso, Cristo Manuel García, vicepresidente de la asociación; Cecilia Fernández, secretaria, y Calixto Domínguez, tesorero, más los vocales Miguel Ángel Cruz, José Manuel Borges, Agustín Pestano, Mario Reyes, Juan Hernández, Javier Frías y Juan Higuera.

«Cada vez que se celebraba el día de la Patrona, la Virgen de Fátima –el 13 de mayo–, siempre surgía entre los compañeros la misma conversación, referida a la necesidad de crear la asociación en la que tuvieran cabida tanto los agentes jubilados como aquellos que integran la plantilla», cuenta.

Mirando atrás, Barroso rememora los inicios de la asociación con el recordado Epifanio Mesa Santana al frente. De aquella primera directiva –con siete componentes– han ganado el pulso al tiempo Ángel González Cejas, César Cabrera Rolo y Domingo Gómez.

El nuevo presidente recuerda que la asociación se fundó en 2004, aunque su funcionamiento efectivo fue en 2012. La primera sede social fue un local que alquiló el Ayuntamiento en la avenida Benito Pérez Armas, en 2009, y tres años después se trasladaron a instalaciones de titularidad pública, en la avenida Tres de Mayo.

Para Barroso, «el policía nunca deja de ser policía, aunque se jubile». Bajo esa máxima, destaca la necesidad de que tanto los agentes que están en activo como aquellos que ya han finalizado su vida laboral compartan experiencias, como ha ocurrido en determinadas acciones y actividades. Pone como ejemplo el intercambio de experiencias tanto con las nuevas generaciones como con la jefatura del Cuerpo, que le permitan ayudar al Ayuntamiento en acciones como la educación vial. Desde la experiencia de quien fue su promotor, Juan Barroso explica: «La asociación se creó para formar una familia, para consolidar el equipo que formamos».

En aras de alimentar esa buena relación y el sentido de pertenencia, la asociación realiza actividades o, incluso, visita a los socios con más problemas de movilidad, como ocurrió días atrás con Narciso Reyes Rodríguez, que a sus 94 años es el guardia decano de la capital tinerfeña. «Lo fuimos a ver y le llevamos un taburete como los que él utilizó en sus servicios», precisó Barroso, para recordar las excursiones que se organizan también para todos los socios del colectivo, como la que los llevó a Icod de los Vinos, donde fueron agasajados y conocieron los detalles de aquella ciudad norteña.

En primera persona

Natural de la zona de Vistabella, Barroso entró a formar parte de la plantilla de la Policía Local coincidiendo con una profunda reforma –incluso afectó a la revisión al alza de los sueldos– que llevó en el cuerpo de seguridad, entre 1973 y 1974, el alcalde de Santa Cruz Ernesto Rumeu de Armas. Nada más llegar de prestar el servicio militar, pasó a vestir el uniforme.

Su padre, arriero que se ganó la vida con carros de mula, y su madre, ama de casa, sacaron adelante una familia con nueve hijos. Barroso es el más pequeño y el único que continúa con vida. Ya desde los diez u once años comenzó a repartir leche, para trabajar más tarde en una carpintería, en el envasado de papas fritas y la venta de cigarros y golosinas en la época de oro de los cines de Santa Cruz, hasta que pasó a formar parte del cuerpo de seguridad local. Desde 1987 a 1993 fue jefe de la Policía Local de Los Llanos de Aridane, para finalizar su labor profesional como adscrito a los juzgados de la capital tinerfeña.

Mirando al pasado, asegura que la situación es totalmente diferente: «Ahora los compañeros entran y están mucho más preparados». Eso sí, su magua es la cercanía de aquella vieja policía local que conocía por su nombre a cada vecino de los barrios de Santa Cruz.