Vecinos de San Sebastián cierran la calle en protesta por el cambio de nombre
Un grupo, en su mayoría de jubilados, cortó a las seis de la tarde y durante una hora la avenida para exigir que se mantenga el nombre de la vía | En 15 días volverán a la calle
Movilización de los vecinos de San Sebastián contra el cambio de nombre de la avenida / Carsten W. Lauritsen

«¡San Sebastián nos quieren robar!», «¡Manos arriba, esto es un atraco!», «¡Esto no se hace!», «¡Siempre será San Sebastián!»... Son algunas de las consignas que coreó el centenar de personas que secundó la concentración organizada por un grupo de vecinos de la antigua avenida San Sebastián, renombrada desde septiembre como Club Deportivo Tenerife. Exigen que se mantenga la que fue su denominación durante casi tres siglos, tomando en consideración los planos de Jean Jacques Chavalier de 1983.
Diez minutos antes de la seis de la tarde, la hora convenida con la Subdelegación del Gobierno para comenzar la concentración, Elena Martín se apuraba para recoger el kiosco –nunca mejor dicho– que regenta y que heredó de su familia, localizado en la confluencia de la antigua calle San Sebastián con Garcilaso de la Vega. A esa hora, solo la presencia de una pareja motorizada de la Policía Local recordaba la convocatoria de la concentración que se había anunciado. Por un momento, se sintió sensación de vértigo. De vacío. De falta de poder de convocatoria, hasta el punto que alguno se alongó desde el balcón y, ante la falta de movimiento, le requirió a familiares: «¿Tú estás seguro que era hoy?». Los agentes, aunque de buenas maneras, apuraron y se dirigieron a Elena y a la media docena de vecinas que se repartían unos cartones pintados con lemas como «La opinión del pueblo importa», «300 años de historia no pueden ignorarse» o «Avda San Sebastián ayer, hoy y siempre», a quien solicitaron el permiso de la protesta.
Elena explicó a los agentes que tenía la autorización en el móvil y que en breve se incorporaría el vecino y abogado que había realizado los trámites. Reinaba la confusión. Apenas un puñado de vecinos y el temor a que la autorización de la Subdelegación del Gobierno solo les permitía concentrarse en la acera, a la altura de Garcilaso de la Vega con la antigua San Sebastián. «Ya que no nos dejan cortar la calle, por lo menos que nos oigan», dijo Elena, mientras echó mano a una bolsa de pitos que repartió entre los participantes; al menos al inicio, más pitos que participantes.
Y llegó Jorge, el vecino y abogado que resolvió el entuerto. «¿Cómo va a ser que no podemos cortar la calle? Lo que es ilógico es pedir un permiso para reunirnos en la acera; para eso no hace falta», aclaró, lo que dio paso a que Luis Cordobés, Jou, Marina, Silvia... entre pitos y cartones invadieran la calzada de la antigua San Sebastián, frente al kiosco de Elena, a la altura de los números 30 y 28 de la nueva avenida CD Tenerife, desde el pasado mes de septiembre.
Siguieron las consignas: «¡La calle unida jamás será vecina!» y «¡No nos mires únete!», mientras poco a poco se iban sumando a la concentración vecinos de la zona; en su mayoría, jubilados.. Y aunque todos vivieron, incluso en la época de Franco, revueltas universitarias y movilizaciones, la concentración de ayer en defensa de mantener el nombre que ha tenido la avenida en los últimos 300 años llevó a Andrés, entre otros, a vivir una experiencia inédita en su vida. «Tengo 75 años y no voy con piedras en los bolsillos», cuenta este profesional de la restauración que dejó con 20 años su Teruel natal para trasladarse, primero, a Chamberí y, desde hace 45 años, a Garcilaso de la Vega. «Vine a hacer el servicio militar y me enamoré. También de la ciudad, que nada tiene que ver con cómo era antes Santa Cruz».
«Será que somos gente mayor y por eso no nos escuchan», comenta mientras busca resuello en el chaplón de un negocio mareado tras hacer sonar el pito. A su lado, Antonio Palenzuela, que se suma a la protesta en solidaridad con los vecinos, mientras recuerda a su esposa que su abuelo pasaba con el carro por la zona cuando San Sebastián era de tierra.
En una hora se han reunido un centenar de personas que han ganado autoestima, porque pensaban que no iban a concentrarse tantos. «En quince días volvemos a la carga», anuncia Jorge, que agradece la participación y recrimina que el Ayuntamiento ni le haya respondido a los vecinos el escrito en el que solicitan que se restituya el nombre de la avenida San Sebastián. Aplausos a sus palabras, intercambio de teléfonos y... preparados para una segunda protesta.
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