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Crónica

275 años del fallecimiento del corsario tinerfeño Amaro Pargo

Retrato de Amaro Pargo (derecha) junto a Sor María de Jesús y Fray Juan de Jesús (el siervo de Dios). El Día

Desde el siglo XVI, piratas de diversas naciones, enarbolando la bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas, robaban las ricas mercancías que los barcos dedicados al comercio transportaban entre América y Europa. Dos siglos más tarde, el florecimiento del comercio daría lugar a la piratería organizada en la que los buques se desvalijaban como actividad lucrativa. Por ello, los corsarios poseían un permiso –patente de corso– con el que podían interceptar, saquear y destruir a los barcos enemigos, entregando los prisioneros al gobernador del primer puerto que tocaran, pudiendo quedarse con el barco apresado y su mercancía. Además, recibían una gratificación por los cañones que tuviese el barco, el número de prisioneros, etc.

El corsario tinerfeño Amaro Rodríguez-Felipe y Tejera (La Laguna 1678–1747), conocido popularmente como Amaro Pargo porque este pez le cautivaba por sus ataques muy parecidos a los asaltos navales, se enroló muy joven en las galeras reales, donde pronto demostraría su destreza en el arte de navegar al aconsejar a su capitán una maniobra en la que apresaron a la embarcación rival con toda su carga. A partir de este hecho, el joven Amaro comenzó a gozar de la estima de sus superiores, siendo nombrado capitán de mar por el rey Felipe V con tan sólo 21 años, pasando a prestar servicios en la Compañía de Honduras, empleo en el que adquirió una sólida formación marinera y financiera.

Con el tiempo llegaría a ser propietario de la flota formada por El Fortuna, Ave María (La Chata), Nuestra Señora de Los Remedios, La Santísima Trinidad, San José, San Ignacio, El Blandón, La Isabela y San Marcos (El Clavel), del que era capitán su hermano José.

¿Pirata o corsario?

Aunque era considerado pirata por los enemigos y corsario por sus compatriotas, sus actividades económicas estaban vinculadas a la carrera de Indias, pues desde Tenerife trasladaba a los puertos de La Habana y La Guaira el vino cosechado en sus fincas de Geneto, Tegueste y Valle Colino, así como el aguardiente producido en sus destilerías de la calle de El Agua, en La Laguna, y La Miravala, en el Socorro (Tegueste). Luego viajaba a Génova cargado con tabaco cubano y cacao venezolano y, desde allí, regresaba a Santa Cruz con tejidos de Italia e Inglaterra.

Este comercio con América y Europa le reportaría grandes cantidades de dinero, joyas y propiedades: 60 casas, 900 fanegadas de terreno, viñedos... Alguna de estas viviendas las adquirió en lugares estratégicos de la Isla. Por ejemplo, la casa denominada Hacienda Toriño, en el barrio de Machado (El Rosario). Estaba situada en un altozano desde donde divisaba los barcos que surcaban desde Punta de Anaga hasta los confines del Valle de Güímar, teniendo en Guadamojete –actual Radazul– un refugio natural para el anclaje de sus navíos. Esta hacienda, conocida como la Casa del Pirata –declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Histórico– se encuentra en la más completa ruina, puesto que sus muros han sido escudriñados en busca de los objetos de valor que la tradición ha divulgado que guardaba en ellos. Consideramos que debería ser restaurada y convertida en museo dedicado a la piratería y el corso en las Islas.

La casa situada en Roque Bermejo, llamada Murruñito del Puerto por el saliente rocoso que se encontraba en su entrada, era un excelente refugio natural para el anclaje de sus navíos, ya que existía abundante agua.

La casona de Punta del Hidalgo, situada en un promontorio donde la bahía le servía de refugio a sus naves, poseía una cueva de 88 metros de longitud donde guardaba los tesoros substraídos en los asaltos. En dicha cueva apareció el cuadro de San Mateo que hoy se venera en la iglesia de la localidad.

Como la posesión de grandes riquezas llevaba implícita la búsqueda del reconocimiento social, Amaro Pargo decidió dar lustre a sus apellidos siendo declarado Caballero Hijodalgo el 25 de enero de 1725. Dos años después, el 9 de enero de 1727, obtendría en Madrid la real certificación de Nobleza y Armas, creando Mayorazgo y escudo de armas: un guerrero saliente con armadura, puñales y cañones y una calavera con dos tibias cruzadas, guiñando el ojo derecho y el izquierdo abierto. También el Rey le concedió la institución medieval de Señor de Soga y Cuchillo.

Un hijo en La Habana

Aunque era soltero, en La Habana (Cuba) tuvo un hijo con Josefa María del Vasdespino y Vitrián, llamado Manuel de la Trinidad Amaro, al que le solía enviar dinero regularmente. Como en su testamento no lo tuvo en cuenta, pues su madre se negó a que viviera en La Laguna, el joven se presentó para reclamar el quinto de la herencia que le pertenecía, a lo que se opusieron sus herederos.

Como hombre de profundas ideas religiosas y con el fin de garantizarse el respeto de sus conciudadanos, y muy especialmente los del clero, parte de su capital lo destinaba a obras de caridad, especialmente en iglesias y conventos. Por ello, a lo largo de su vida mandó construir iglesias en El Socorro (Tegueste) y en el barrio de Machado, adquirió el patronazgo de varias capillas y fue mayordomo de las cofradías del Santísimo Sacramento, Los Remedios y la Virgen del Rosario, a la que le tenía gran devoción.

Ayudas para la Iglesia

En la iglesia del convento de Santo Domingo, en La Laguna, donde está enterrado, costeó las obras del camarín y el retablo de la Virgen del Rosario, fundó la capilla y el altar de San Vicente Ferrer, construyó la capilla de San Francisco de Paula –donde mandó colocar a la Virgen de La Soledad– y donó la urna de plata del Señor Difunto que se utiliza en la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo lagunero, en la que se lee: «Esta urna la mandó hacer el capitán don Amaro Rodríguez Felipe por su devoción, este año de 1732».

Con el fin de mejorar la pobreza que había en las calles, y que las personas pudieran ayudarles con sus limosnas, en una sesión del Cabildo de Tenerife solicitó que la moneda se fraccionase en cuartos y octavos, bajo el nombre de 4 y 2 maravedíes. También ayudaría a los niños Expósitos que se encontraban en el Hospicio, entregó 3.000 reales para mejorar la vida de los presos que estaban encarcelados...

Uno de los episodios más destacados del corsario es su vinculación con Sor María de Jesús León Delgado (1643-1731), la Sierva de Dios, religiosa del convento de Santa Catalina de La Laguna. Tres años después del fallecimiento de la monja, cuando Amaro solicitó exhumar su cadáver, observaron que su cuerpo estaba entero y flexible, con todo su pelo en la cabeza, su color sonrosado, el paladar y lengua frescos y que destilaba un líquido que mojaba los vestidos que le habían puesto.

Para guardar los restos incorruptos de la monja, el corsario mandó realizar un lujoso sarcófago de madera policromada en rojo, azul y pan de oro, ornamentado con orlas que enmarcan cinco composiciones poéticas dedicadas a exaltar las virtudes de Sor María de Jesús. Las iniciales de los dos primeros versos, leídas de arriba abajo, contienen el nombre de Amaro Pargo. Dicho sarcófago se abre cada 15 de febrero para que los devotos puedan contemplar y venerar el cuerpo incorrupto de Sor María de Jesús. Su testamento, otorgado el 1 de octubre de 1747, conformaba un conjunto de libros con tapa de piel, ordenados alfabéticamente. De ellos, el tomo que contenía la relación del tesoro, marcado con la letra D, no ha sido localizado.

Murió a los 69 años

Falleció a la edad de 69 años y está enterrado en la iglesia de Santo Domingo (La Laguna), en una cripta situada a la derecha de la entrada al templo, de 3 metros de largo, 2 de ancho y 2 de alto. A ella se bajaba por una escalera de 6 peldaños, donde, en su día, existió una puerta y una reja que la protegía.

En los dos bancos de piedra que la citada cripta tiene a cada lado se han encontrado huesos de nueve personas, todos amontonados. Además del suyo, estaban los de sus padres, los de Cristóbal Linche, un esclavo liberado por Amaro al que le unía un gran afecto, los de un bebe (niña), una joven de 16 años, un chico de 20 años con síndrome de Down, una mujer joven y una persona mayor, de la que no se pudo saber su sexo porque el esqueleto no estaba completo. Al no encontrar restos de féretros ni de ropa, se llegó a la conclusión que ésta había sido saqueada.

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