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Joyas del patrimonio | Los BIC de la capital (XXVI)

Monumentos BIC en Santa Cruz de Tenerife: Castillo de San Juan

Declarado Monumento Histórico Artístico por Decreto del 22 de abril de 1949 | Delimitado BIC por Decreto del 12 de mayo de 2003

El Castillo de San Juan. El Día

El ingeniero militar Leonardo Torriani, enviado por Felipe II a efectuar un estudio de las defensas del Puerto de Santa Cruz en 1587, consideró que el castillo de San Cristóbal debería estar flanqueado con otros dos castillos –Paso Alto y San Juan– de forma que sus tiros cruzados cubrieran toda la costa e impidieran cualquier desembarco.

Su propuesta de levantar un Castillo en la Caleta de Negros se demoraría hasta que, en 1640, la sublevación catalana y la guerra de restauración portuguesa forzaron al capitán general Luis Fernández de Córdoba y Arce a solicitar al Cabildo de Tenerife su colaboración para llevarlo a cabo, de manera que, en la sesión celebrada el 30 de noviembre del citado año, los regidores acordaron que se construyera un castillo en la Caleta de Negros, lindando con el camino del Lazareto. Para poder realizar las obras hubo que reducir los salarios de algunos funcionarios y los gastos de las fiestas religiosas.

El Castillo, que comenzaría a edificarse en 1641 y se finalizaría tres años más tarde, estaba formado por una torre circular de cantería totalmente terraplenada hacía el mar, donde alineados en el frente de tierra se encontraban el alojamiento del Castellano, las habitaciones de los soldados y el almacén de pólvora. El acceso al Castillo se hacía por una escalera de piedra, separada de los muros de la torre por un puente levadizo de madera. En 1684, el rey Carlos II le concedió al Cabildo el privilegio de poder nombrar a su Castellano.

El Castillo tuvo que ser reedificado en 1765 ante la amenaza de ruina producida por los embates continuos del mar. Las obras, realizadas según el proyecto del ingeniero de fortificaciones de Canarias Alejandro de los Ángeles, consistieron en una torre de planta circular con muros de cantería basáltica y mampostería de 2,5 metros de espesor, 30 metros de diámetro y 8 metros de altura. El frente de gola estaba defendido por un muro de mampostería con estacada de madera, un pequeño foso y un puente levadizo de madera.

En su explanada al descubierto, situada en la azotea a la que se accedía por una escalera de sillería, se construyeron parapetos con troneras, dos garitas para la vigilancia y se emplazaron cinco cañones de a 24, dos de a 16 y un mortero de a 9. En el patio de armas, la zona que mira al mar estaba reservada para plataforma de la artillería.

La guarnición, formada por un oficial, un sargento, un cabo y diez soldados, aunque en caso de guerra podía aumentarse hasta el centenar, tenía su alojamiento en dos locales abovedados de 47 metros cuadrados situados bajo la citada explanada, en la zona de tierra, comunicados por un pasillo.

Los repuestos y la munición se almacenaban en dos locales similares a los anteriores, pero de 12 metros cuadrados.

En las citadas obras trabajarían gran cantidad de obreros tinerfeños, dirigidos por el famoso maestro cantero Juan Lizcano. La madera se trajo de los montes de La Matanza de Acentejo y la piedra de cal procedía de la isla de La Graciosa.

Este Castillo no tendría la oportunidad de intervenir durante la Gesta del 25 de Julio de 1797, pues sólo disparó cuatro cañonazos para disuadir a las lanchas inglesas que intentaban desembarcar por la desembocadura del barranco de Santos. No obstante, su guarnición se había reforzado con 30 soldados franceses de la corbeta La Mutine, que dos meses antes había sido robada por los ingleses en nuestro Puerto.

Al castillo se le denominó San Juan, aunque comúnmente se le conoce como Castillo Negro. Unos historiadores consideran que este apelativo se debe al tono oscuro de la piedra volcánica con el que está construido, mientras que otros estiman que corresponde al nombre de la ensenada en que se levantó (Caleta de Negros).

El Castillo de San Juan fue declarado inadecuado para los servicios del Ejército el 2 de enero de 1924, aunque no llegaría a enajenarse hasta 1948, año en que fue cedido en usufructo al Cabildo de Tenerife, quién procedería a su restauración con el fin de instalar el Museo Militar de Tenerife, filial del Museo del Ejército. Aunque el patronato del citado Museo llegó a constituirse, el proyecto no prosperaría debido a la lejanía de la ciudad, siendo objeto de abandono y de rapiña.

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife lo recuperó en 1982 y lo mantiene en buen estado de conservación, aunque permanece cerrado al público.

El Castillo de San Juan o Castillo Negro, la tercera fortaleza en importancia con la que contó la marina de Santa Cruz es el único que se conserva entero.

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