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BARRIO A BARRIO | Los Lavaderos

La cara oculta del barrio de Los Lavaderos, en Santa Cruz

Los vecinos temen que un día se produzca una tragedia porque se hunda la calle más próxima al barranco de Almeyda

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Estado de abandono del barranco que pasa por la trasera del barrio de Los Lavaderos Carsten W. Lauritsen

A escasos metros de las Ramblas o el parque García Sanabria, los residentes de este núcleo recuerdan que junto a El Toscal, El Cabo y Los Llanos esta zona fue una de las más antiguas de la capital. Aseguran que padecen más de veinte años de promesas incumplidas. «Vienen, se sacan la foto, y nada más».

Los vecinos del barrio de Los Lavaderos se han resignado a convivir con la situación de abandono que soportan justo al otro lado de las Ramblas de Santa Cruz y el Paseo de Las Tinajas, en la zona donde discurre el barranco de Almeyda. Ahí se localiza un paseo peatonal que pasa por encima de donde estuvieron unas casas y que los propios residentes advierten al visitante del peligro de supone pasar por la zona y acabar con el suelo vencido bajo los pies. Eso sin olvidar la decena de casas que después de la incidencia de las dos riadas que ha sufrido en particular este barrio y que hoy son el hogar de ‘okupas’.

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Estado de abandono del barranco que pasa por la trasera del barrio de Los Lavaderos Carsten Lauritsen

Es la otra cara de un barrio que, a priori, se antoja de lujo por la proximidad al hotel Mencey o a Hospiten Rambla. Junto al primer complejo hotelero, el presidente de la asociación vecinal, José Luis Domínguez, celebra la mediación de la nueva coordinadora de distrito para evitar que se continúe tirando y acumulando la basura junto a los contenedores. La implicación de la responsable del distrito Centro-Ifara ha permitido dar respuesta por ahora a la preocupación de los vecinos.

Confían en una respuesta militar para la ‘okupación’ de viviendas en la parte de atrás del barrio, donde se acumulan enseres abandonados y que se localizan justo en la trasera del referido centro sanitario, como varios cochitos de bebé, estanterías o lavadoras.

Junto al presidente de la asociación vecinal y la tesorera, Fela Rodríguez, el recorrido por Los Lavaderos arranca desde la asociación de vecinos que toma el nombre de las cuarenta y ocho pilas que existen desde 1839, según se recuerda sobre el postigo de la puerta. «Aquí venía a lavar Santa Cruz», explica José Luis, mientras Fela muestra su orgullo de pertenencia a su barrio: «Junto con El Toscal, El Cabo y Los Llanos, Los Lavaderos es uno de los cuatro más antiguos de la capital».

La visita guiada se adentra por el Pasaje Marañuelas, aunque la señalética hoy la presenta como calle; no es el único cambio de lo que ha sido la nomenclatura tradicional, pues donde están las plazas también le han variado la denominación. De paseo por Marañuelas contrasta la arquitectura tradicional y cuidada de las primeras viviendas con los restos de una vivienda que hoy ha quedado reducida a una pared de palet que delimitan el paso de la calle, desde donde se puede ver un desorden generalizado así como la puerta de la supuesta cocina quemada.

No es la única casa que parece sufrir el síndrome de Diógenes. Rumbo a las plazas se localiza otra construcción que incluso está protegida por su belleza arquitectónica y que en su interior denuncian que acumula gran cantidad de basura.

El nombre del barrio, Los Lavaderos, parece una invitación a los responsables municipales a no ceñir una intervención a un lavado de cara sino a dar respuesta a demandas que se remontan a hace más de veinte años. A la altura de donde vivió la familia Cruz Mora, el presidente de la asociación asegura la existencia de algunas casas que se están cayendo, mientras una decena está ‘okupada’.

Casi con resignación muestras el puente de madera que denuncia la falta de mantenimiento, si bien los vecinos se dan por satisfechos con que se repongan las maderas según se van zafando de los clavos. Ya en la zona del Pasaje Laurel la situación clama al cielo; es la parte más alejada al corazón de Santa Cruz, tanto físicamente, porque está junto al barranco, como alejada en cuanto a servicios se refiere, pues reclaman la presencia de servicios de limpieza. Ahí José Luis diferencia entre los operarios que se encargan en la retirada de enseres y los tradicionales barrenderos, mientras Fela muestra una vez superado el puente de madera la imagen que se observa desde la vera del barranco de Almeyda.

Ya en el Paseo Laurel, los propios vecinos explican su día a día. «Aquí vivimos gente mayor en la mayoría. Yo nací aquí hace 68 años: esto es un barrio muy tranquilo y nos llevamos todo lo mejor posible, pero estamos de la mano de Dios». «Solo por la cantidad de años que tiene el barrio debería cuidarlo el Ayuntamiento», añaden, mientras en la conversación asegura una de las residentes que cuando va a San Andrés ve con envidia lo limpio que está.

Fela interviene en el diálogo. «Aquí es necesario limpiar y quitar también muchos enseres que traen y dejan abandonados». José Luis, quien durante cuarenta y cuatro años fue Policía Nacional, asegura el problema que supone también la presencia de ‘okupas’, y recuerda el caso de una familia que le dieron una casa en Añaza, hace ya más de una década, y hoy ese inmueble está ocupado.

Durante el paseo por el interior de Los Lavaderos, a Fela no le pasa desapercibida la falta de cariño que denota el pintado de algunos muros que acotan la calle. «Se les acaba la pintura y se quedan recovecos por rematar», y ahí está la asociación solicitando al distrito que finalicen los trabajos para que las paredes no se queden a la mitad. De nuevo otra de las vecinas del Paseo Laurel insiste en el peligro que supone que un día cedan las calles y se hundan, a la vez que muestra una alcantarilla que tienen tapadas para evitar que salgan ratas o cucarachas. «Antes venían a echar veneno; ahora yo le pongo una bolsita», añade otra residente que trae al recuerdo que «aquí vienen los políticos, sacan fotografías y le dicen a los técnicos que tomen nota y luego no se hace nada», de ahí que se muestren incrédulos con los gestores públicos, sean del color que sea, pues están cansados de que las promesas se tambalean, aunque su mayor preocupación es que el suelo ceda y ocurra una tragedia.

Marina Cabrera, referente de Los Lavaderos. Carsten W. Lauritsen

Marina Cabrera, pionera de participación ciudadana

José Luis Domínguez y Fela Rodríguez, actuales dirigentes vecinales de la asociación de Los Lavaderos, tienen palabras de reconocimiento a Marina Cabrera, quien fue el referente de la participación ciudadana del barrio durante cincuenta años. La propia Marina recuerda que durante su tiempo al frente del colectivo no se olvidó ni de rico ni de pobres, y es que siempre batalló por sacar adelante su barrio de Los Lavaderos.

En la sede vecinal, José Luis y Fela muestran dos históricos documentos que tienen enmarcados, uno con el escrito que acredita la inauguración del local social, el 15 de abril de 1982; otro, con una referencia sobre la incorporación de la Virgen de Fátima que se venera en la asociación, que fue bendecida por el que fuera párroco de la vecina iglesia de San José, Jesús Cabrera, el 15 de octubre de 1954, y que trasladó hasta la capital el guardacostas español Malaspina.

Hasta 2015 estuvo al frente del colectivo Marina Cabrera, en una gestión que estuvo acompañada por la propia Fela Rodríguez, quien participó junto a José Luis Domínguez en la renovación de la directiva que se hizo efectiva en 2017.

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