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Atención Social

Reabre el comedor social de La Milagrosa, en la calle de La Noria

Las monjas de la caridad de San Vicente Paúl retoman su actividad dos años después de que el covid les obligara a entregar bolsas de alimentos

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El comedor social La Milagrosa retoma los almuerzos a colectivos sin recursos María Pisaca

Dos años y un mes han transcurrido desde que el comedor social de La Milagrosa, regentado por las monjas de la caridad de San Vicente Paúl en la calle de La Noria, se vio obligado a cerrar sus puertas para sortear la incidencia de la pandemia. Desde el 14 de marzo de 2020 hasta el 18 de abril de 2022, las religiosas dejaron de servir menú en el interior de sus instalaciones y, en su lugar, se dedicaron a preparar unas bolsas con alimentos para las personas vulnerables.

Como si fuera una inauguración, con ilusión por el regreso y el peso de la responsabilidad por retomar la actividad con todas las medidas de seguridad sanitaria, el comedor social volvió a reabrir las puertas para servir almuerzos el pasado día 18. Sor María del Carmen Hernández precisó que durante este tiempo siempre garantizaron la atención a las personas con menos recursos, con la salvedad de que los alimentos se repartían en bolsas. La vuelta a la normalidad en el comedor ha coincidido con la época del Ramadán que respetan una veintena de usuarios, explica la superiora de la comunidad de San Vicente Paúl en la calle de La Noria, que precisa que el número de beneficiarios no ha sufrido variación respecto a cuando cerraron el comedor y ahora que han vuelto a la normalidad.

Inicialmente la congregación se organizó para realizar tres turnos en los que repartir a 120 personas que acuden a diario, si embargo el Ramadán ha limitado la demanda hasta el centenar, por lo que se han fijado dos turnos para garantizar la cobertura. «Siempre se garantiza la distancia interpersonal y también la ventilación en el salón», insiste la superiora.

Además de garantizar comida e higiene, imparten talleres a los usuarios sobre informática

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Sor María del Carmen Hernández precisa que «ninguna persona que acude al comedor de La Milagrosa se va sin comer; todos han recibido una bolsa con alimentos y ahora, que se ha reabierto, un plato de comida».

Junto a la alimentación, también las instalaciones que regentan en la calle de La Noria ha mantenido durante este tiempo el servicio de duchas tres veces a la semana (lunes, miércoles y viernes). «Desde la reapertura el pasado 18 de abril hemos intensificado el control con las medidas de higiene y limpieza de los comensales, así como el orden en las entradas y dentro de salón».

Además del reparto de alimentos, ahora con la reapertura del comedor, también se mantiene el servicio de duchas para los usuarios. «Tanto de ropero, para cambiarse, como de aquellos que nos dejan sus prendas para que nosotros se las lavemos». Además, también está en servicio las duchas, para garantizar la higiene prestación de las personas con menos recursos.

Sor María del Carmen Hernández destaca el esfuerzo realizado tanto por la propia congregación religiosa como por sus voluntarios y el personal que tienen contratados para garantizar la atención a los colectivos más vulnerables, siempre compaginando la atención a pesar, incluso, de la incidencia de la pandemia.

Sin embargo, la superiora no cree que el covid haya incrementado la demanda por parte de usuarios. Respecto a las necesidades más acuciantes, destaca la generosidad del pueblo de Tenerife, aunque precisa que algunas empresas que llevaban muchos años prestando su ayuda al comedor social de La Milagrosa se han quedado por el camino por la incidencia de la crisis económica. Precisamente dedica palabras de agradecimiento a estas organizaciones que siempre se caracterizaron por su apoyo a los colectivos más vulnerables.

Cuando se le pregunta a sor María del Carmen Hernández sobre las necesidades que padecen en la actualidad en el comedor, la religiosa reitera su agradecimiento por la ayuda preciso, si bien admite que los productos de higiene personal son los más demandados y, en particular, ropa interior, como calcetines. «El resto de las prendas las lavamos», añade.

En el diálogo durante la visita al comedor social, la religiosa prefiere ver la botella medio llena y reconoce la importancia colaboración con la que han contado con una doctora de Médicos del Mundo, que impartió a los usuarios una charla sobre la necesidad de la higiene personal y las principales pautas a seguir. No fue una experiencia ajena a su programación, pues también se ofertará próximamente un curso de iniciación a la informática que pretenden sortear la brecha digital entre los más vulnerables.

Las religiosas han dado un salto para garantizar alimento, higiene y también formación, faceta esta última que se desarrolla desde el aula que han habilitado en local junto a la vera del barranco de Santos, en la trasera de la calle de La Noria.

Al lado se consolida otra experiencia pionera: el economato solidario que pusieron en marcha durante el confinamiento y del que se beneficia medio centenar de familias que abonando solo el 25% del coste compran los productor básicos mientras avanzan a su inserción social.

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