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BARRIO A BARRIO | Tíncer

Abubukaka entusiasma a los niños del colegio de Tíncer con su versión teatral de la Literatura

El cuarteto ‘traduce’ en clave de humor el teatro a los alumnos de Infantil y Primaria de este colegio del Suroeste, entre malabares, y acapara la atención de los pequeños

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Abubukaka, durante la lección de Literatura que impartieron al CEIP Tíncer desde su apuesta por el humor. Andrés Gutiérrez

«Pocos pensaron que Abubukaka aceptara la invitación para ser los embajadores del Día del Libro en el CEIP Tíncer y la experiencia ha sido maravillosa». Como una niña después de abrir los regalos de los Reyes Magos, así se muestra Magaly Ramos, la encargada del proyecto de lingüística que, por segundo año consecutivo, desarrolla en este centro de referencia por sus iniciativas culturales y artísticas. 

Después de dos años de pandemia y restricciones por el covid, el claustro de profesores del Centro de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Tíncer que dirige Laura Nazco en el distrito Suroeste de la capital tenía claro su objetivo para el proyecto de lingüística que se propusieron en diciembre, cuando ni siquiera se sabía que tal día como ayer podría estar sin mascarillas en el cole. Magaly Ramos, coordinadora de la iniciativa, es conocedora de la apuesta por la cultura y en especial el arte y la literatura que se caracterizó la labor de Covadonga, docente del colegio que se jubiló el pasado año y que hasta acercó el Festival de Cuentos de Los Silos hasta Tíncer en una de las iniciativas más celebradas por la comunidad educativa.

La idea de traer a Abubukaka pretendía adentrarse con los niños desde otro flanco de la literatura, con artistas que hace teatro con grandes dosis de humor. «Nosotros escribimos nuestro guiones», advirtió Carlos Pedrós, una de las caras más conocidas del cuarteto y el culpable que alguno de los pequeños del centro tal vez rompiera alguna escalera si intentó en su casa recrear el número casi circense que representó a los niños y que cautivó a la comunidad educativa.

En las dos semanas que el CEIP Tíncer lleva preparando el Día del Libro, que se celebra mañana –23 de abril–, ayer fue el día de Abubukaka en el colegio y su participación quedará en la mente de los niños de los niveles comprendidos de primero de Infantil y sexto de Primaria como la imagen propia de unos superhéroes salidos del cómic a la vida real, para citarse en el patio del colegio, donde todas se concentró todo el alumnado de este centro casi de línea dos y con pequeños que demandan atención especial, con los que los profesores se desviven.

No hizo falta ni la presentación que hizo Lola Aparicio, profesora de Infantil, para evidenciar el trabajo realizado por toda la comunidad educativa. Allí, en el patio, todos estaban uniformados con la misma ropa que los protagonistas del proyecto de lingüística: vestidos de negro, maquillados y con sus gorros negros.

Fruto a que en el CEIP todo se trabaja en conjunto, cuatro pequeños fueron los primeros en salir al atrio de la entrada del colegio para actuar en maestros de ceremonia y presentar a Abubukaka que, aunque acostumbrados a participación similar en colegios, ayer congregó el mayor público infantil, según reconoció al término de la actuación Víctor Hubara, otro de los miembros del grupo.

Tras la presentación del cuarteto de estos reyes del humor con teatro, o de teatro con humor, protagonizaron una lección inolvidable para los alumnos, que tras una declaración al más puro estilo entre Romeo y Julieta –papeles encarnados por Amanhuy Calayanes y Carlos Pedrós–, acercaron este clásico para, con piquito incluido entre los dos protagonistas, adentrarse a un teatro más de vanguardia, propia de un entorno circense que enamoró a los alumnos de Tíncer.

Shakespeare a Pedrós

La actuación de Carlos Pedrós entusiasmó a los pequeños, en una actuación que acaparó la atención de los niños, quienes gracias al arte de Abubukaka acapararon siendo partícipes de esta puesta en escena. «¿Se nota que teníamos ganas de divertirnos?», le preguntó Lola a Magaly al ver a los niños entregados en el patio. Y es que a Abubukaka casi no le hizo falta pronunciar palabra para cautivar la atención de los niños. En el CEIP se escuchó el silencio cuando Carlos Pedrós sacó el diábolo y evidenció sus habilidades magistrales con los malabares.

El cuarteto mostró que es capaz de rozar el cielo con este artilugio al igual que con algunos de sus delirantes números de humor. Pero cabía el más difícil todavía, cuando el mismo Carlos Pedrós se vino arriba y se atrevió a colocarse una escalera de aluminio sobre el mentón con un auditorio atónito. A partir de ahí, Diego Lupiáñez, otro de los componentes, aprovechó que la atención de los pequeños del CEIP le habían colocado la alfombra roja y transformó una maza en un micrófono para que los niños los sometieran a una ronda de preguntas que permitiera un acercamiento a actores que triunfan en la actualidad.

Un hipopótamo y un caballo

Con humor y para abrir el fuego, Diego Lupiáñez planteó a sus compañeros: ¿un hipopótamo es igual o más rápido que un caballo o una cebra?. Como quien incorpora unos segundos de publicidad, Víctor Hubara echó mano al móvil y le pidió a los pequeños: «A la de tres decimos cómo se llama este grupo». ¡Abubukaka!, gritaron y tembló medio Suroeste.

¿Por qué se llama Abubukaka?... «porque el de Rolling Stones estaba ya ocupado le respondió»; ¿cómo se hace la escalera?, «mirando al punto más alto»; ¿cuánto tiempo tardas con aprender?, «una semana» o ¿cuánto costó en aprender el diábolo?, «un mes ensayando todos los días». Y Víctor Hubara anunció la despedida, entre el desconsuelo de los niños sorprendidos con otra acrobacia de Carlos Pedrós, que cambió la escalera de aluminio por la guitarra para soportarla en su mentón ante el asombro generalizado para anunciar su despedida al ritmo de Bella Ciao al que Abubukaka cambió la letra: Venga, chao, ya se ha acabado, para acabar convertidos en un photocall de carne y hueso para inmortalizar la clase más divertida de Literatura en Tíncer.

Entre el profesorado, Lola Aparicio, maestra de Infantil que contagia pasión por los niños. «Durante dos semanas hemos preparado marcadores de libro, gorros como Abubukaka», contaba ayer al frente de la fila, de regreso al aula, esta castellana de Villanueva de los Infantes que se le iluminan los ojos recordando el día que, con 21 años, por amor acabó prendada de un gomero, de profesión ingeniero, por el que llegó a Canarias donde fundó su familia para, tras su paso por el Sur de Tenerife, en los últimos trece años impartir clases en Tíncer, en un capítulo por cerrar cuando llegue el descanso a esta entrega vocacional.

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