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Joyas del patrimonio | Los BIC de la capital (XII)

Ermita de San Telmo

Declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumentopor Decreto del 14 de marzo de 1986

Ermita de San Telmo. E. D.

La ermita de San Telmo, que hoy conforma una de las construcciones más antiguas de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, fue construida a mediados del s.XVI a expensas de la cofradía de pescadores del barrio de El Cabo, pues cada 15 de abril, día de su festividad litúrgica, era costumbre entregarle la limosna al santo al tener derecho a una soldada (jornal) como si de un marinero se tratara. La veneración que el gremio de mareantes y todos los vecinos del barrio del Cabo sentían por el Santo hacía que su fiesta fuera una de las de mayor arraigo y devoción popular de Santa Cruz desde 1576.

La ermita, construida con muros de mampostería, cubierta de teja a dos aguas y el presbiterio a cuatro agua, tiene su fachada principal rematada por un frontón triangular con una cruz y una pequeña torre con espadaña para doble campana. Su puerta de entrada está formada por un arco toscano de medio punto. Restaurada en 1838, el suelo sería recubierto con losa chasnera y en las esquinas del edificio se pondría piedra de cantería. También se le añadiría la sacristía, situada a la derecha de la ermita.

La vieja espadaña, que en 1893 había sido sustituida por una torre de 19 metros de altura, diseñada por el arquitecto Antonio Pintor, sería demolida en 1918 al amenazar ruina por los daños sufridos por un temporal. Como el párroco no disponía de fondos para repararla, el Ayuntamiento pidió ayuda al cuerpo de ingenieros para que llevara a cabo la demolición con explosivos, dando lugar a la primera voladura controlada que se hacía en Santa Cruz. El día 18 de marzo, a las 8:50 horas, después de haber ordenado desalojar las casas cercanas del barrio de El Cabo, el personal militar colocó las cargas y procedió a su activación, ante la general expectación. Aunque la terrible explosión conmovió todo el barrio, la torre quedó intacta por lo que hubo que derribarla a golpe de pico y mandarria. Sin embargo, el erario municipal tuvo que sufragar las roturas de cristales, tejas y enseres domésticos de las casas colindantes. Debido a esta obra hubo que acortarla, dejándola con 130 metros cuadrados, quedando con el aspecto actual. El espacio ganado se utilizó para ensanchar la calle de Las Cruces, que conducía al cuartel de San Carlos, al Matadero y a los Llanos de Regla.

En la última rehabilitación, realizada dentro del Plan Urban (1997), al eliminar el enfoscado de la fachada del poniente se descubrió una puerta, configurada por un arco de sillares de toba roja, que se había tapiado cuando la plaza se trasladó a la parte delantera de la Ermita.

En el interior del Templo, un arco toral de medio punto, de tova volcánica roja, enmarca el presbiterio, en cuya capilla mayor destaca su retablo del siglo XVIII. En su hornacina central se encuentra Nuestra Señora del Buen Viaje, imagen de vestir de 1618 que porta un barco en su mano derecha y el Niño Jesús en la izquierda; en el lado del Evangelio está San Telmo, ataviado con el hábito de la orden dominica, portando una vela en la mano izquierda y un navío en la diestra; y en el lado de la Epístola, San Francisco Javier. En el ático figuran los lienzos de la Virgen de Montserrat, La Tempestad y Navegación Feliz. También en el presbiterio se expone un Cristo crucificado –Cristo de las Llagas–, de autor ecuatoriano, donado por Carmela Bonnet en 2004.

En las paredes laterales de la nave existen pequeñas capillas con esculturas de San Sebastián, San José, San Pedro de las Marinas y el Hermano Pedro; y óleos de la Virgen del Rosario, del Cristo de Tacoronte, y de la Purísima, obra del s.XVII, atribuido a Juan de Miranda.

Los techos están realizados con artesonado mudéjar, con lacerías de par y nudillo, destacando la solución ochavada a cuatro paños del presbiterio. Encima de las cinco vigas colocadas horizontalmente en el techo para contrarrestar los empujes opuestos de las paredes (tirantes), existen diversas maquetas de barcos que representas exvotos de marineros en cumplimiento de alguna promesa.

Referencias históricas

En 1649, los frailes franciscanos construirían un convento junto a la Ermita, al que trasladaron a San Telmo. Como los habitantes del barrio elevaron recurso a la Corte pidiendo su devolución, una Real cédula de 2 de mayo de 1652 ordenaba la demolición del convento, la expulsión de los frailes y el regreso de la Imagen a su ermita.

En esta ermita se custodió la Cruz de la Fundación, de donde salió en procesión por primera vez en 1867, hasta que en 1892 el Ayuntamiento la trasladaría a la Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, donde comenzaría a recibir el protagonismo que se merece.

También fue utilizada como lugar de enterramiento en la epidemia de fiebre amarilla de 1856, y en ella se instaló una cocina económica para los afectados por la epidemia de cólera de 1893.

A partir de 1966, cuando la calle Bravo Murillo se prolongó hasta la calle del Humo, junto al cuartel de San Carlos, eliminando la plaza de la ermita, también comenzaría la destrucción del barrio del Cabo, siendo sus moradores realojados en las barriadas recién construidas en la periferia de la ciudad.

La ermita fue cerrada en 1975, pero sus antiguos vecinos, «navegando contra viento y marea y capeando todos los temporales» lograron que fuera restaurada por los técnicos municipales en 1999 y que se abriera de nuevo al culto el 4 de mayo de 2001. En la actualidad, continúan manifestando su sentimiento de identidad histórica, reencontrándose en los alrededores del templo en la festividad del santo o asistiendo a la Misa que se celebra el último miércoles de cada mes, a la vez que los Amigos de San Telmo se encargan de mantenerla en buen estado, abriéndola los domingos por la mañana para que pueda ser visitada y admirada.

La ermita es de propiedad Municipal desde 1940, pues el Obispado se la entregó al Ayuntamiento a cambio de los solares en los que se edificó la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en la barriada de La Victoria, con el compromiso de que en caso de que fuera derribada se erigiera un monumento en su lugar.

Desde el año 2007, la ermita ha quedado aprisionada entre la Avenida Marítima y las vías de tranvía urbano, colocadas delante de la puerta principal.

Patrón de navegantes y pescadores

Pedro González Telmo, nacido en Palencia en 1190, fue inculcado al sacerdocio desde pequeño por su tío y preceptor Tello Téllez de Meneses. Siendo Deán de la Catedral de Palencia, cuando formaba parte del gran cortejo que el día de Navidad del año 1220 recorría a caballo toda la ciudad, se cayó en un barrizal siendo el hazmerreír del público allí congregado. Agradeciendo a Dios la humillación sufrida, renunció a su cargo e ingresó como novicio en la Orden de Predicadores del convento dominico, iniciando su apostolado por poblaciones portuguesas y españolas.

Conocedor de las penalidades de la gente de la mar, la dureza de su trabajo, los peligros de su labor diaria, y la angustia en que quedaban sus familias, les conseguiría ayudas del Rey y de los señores de la comarca, sentando de esta manera las bases de las cofradías de pescadores.

La protección directa del Santo con los hombres de la mar, la evidencian los 180 milagros realizados en vida y después de muerto. Su relación, avalada por el testimonio de 96 testigos, haría que el papa Inocencio IV lo beatificara en el año 1254 y que por bula pontificia de 1741 fuera declarado patrón de los navegantes y pescadores.

Falleció en Tuy (Pontevedra) el 14 de abril de 1246, siendo enterrado en su Catedral. Cuenta la tradición que, a poco de su muerte, de su sepulcro empezó a manar un aceite de maravillosa fragancia que era utilizado para curar enfermedades.

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