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BARRIO A BARRIO | Anaga

Treinta especies exóticas invasoras afectan a la vegetación de Roque Negro

Unas jornadas de la Reserva de la Biosfera plantean a vecinos de Anaga recuperar la flora autóctona y erradicar rabo de gato, cañas, pencas, plumachos de la Pampa o eucaliptos

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Última escuela rural de los caseríos de Anaga, en Roque Negro María Pisaca

La escuela rural de Roque Negro retomó la semana pasada las charlas impulsadas entre los colegios de la Reserva de la Biosfera de Anaga que hicieron un alto en su desarrollo a consecuencia de la irrupción de la pandemia. Solo faltó el «como decíamos ayer», que se atribuye a Fray Luis de León cuanto regresó a impartir clases después de años privados de libertad para continuar con la aproximación ya iniciada entre la población del Macizo con la biodiversidad desde un punto de vista más científico.

De la mano del Voluntariado Ambiental del Cabildo de Tenerife, bajo la coordinación de Ana Torres, el colegio de Roque Negro fue el punto de reencuentro de los residentes de este Valle de Anaga donde la bióloga Pilar Martín fue capaz de hacer un repaso en poco más de una hora por los treinta millones de años de historia por la evolución del ecosistema tanto terrestre como marino, para advertir a los residentes que treinta de las setenta especies exóticas invasoras que hacen estragos en Tenerife tienen presencia en Roque Negro, para apostar por su erradicación en favor de la recuperación de la flora autóctona de la zona.

La experta fue categórica a la hora de incidir en la amenaza que suponen dichas especies invasoras sobre los endemismos. Ahora bien, su exposición, con una proyección incluida, planteó a los vecinos de Anaga una expedición por la flora canaria sin salir del caserío de Roque Negro.

Goya Alonso, de Afur, recuerda que la mayoría de terrenos de Anaga son de titularidad privada

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Pilar Martín acabó por traducir términos científicos como el «punto caliente de diversidad» a los vecinos, para buscar su complicidad a la hora de identificar las plantas que existen en el lugar y que tienen su origen en otras latitudes. En su repaso por la evolución de la biodiversidad, la bióloga hizo un somero repaso por cómo llegaron los primeros ejemplares a un archipiélago limitado por mar y sin «puentes terrestres», poniendo en valor la participación de las aves, el viento, la llegada de población foránea y hasta la colaboración de la fauna marina, donde puso énfasis en que precisamente el océano ha actuado como un gran filtro hasta consolidar las 17.445 especies terrestres –artrópodos–; en el particular de Tenerife 4.547 especies diferentes y 1.522 endémicas.

Desde el análisis por los montes verdes húmedo y seco, la bióloga hizo una aproximación hasta el propio Roque Negro donde, de la mano de los vecinos, se fue a la búsqueda de las zonas más afectadas por la irrupción de vegetación exótica invasora y también por la presencia humana, que ha provocado el deterioro de enclaves donde existió vegetación exclusiva que los guanches usaban para hacer bebida y hasta madroños, que se conservan –precisamente cerca del propio colegio, como advirtieron las vecinas participantes–, con los que se realizan licores.

La bióloga Pilar Martín destaca joyas del Macizo, como el bosque termófilo de sabinas o el madroño

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Pilar Martín destacó el bosque termófilo de sabinas que con mayor auge existió en el pasado en Roque Negro, para reiterar que una de cada tres plantas que existen en Canarias son exclusivas del Archipiélago y no existen en otra parte del mundo. De ahí la importancia de cuidar el medio natural y contribuir a erradicar la presencia de especies como el plumacho de la Pampa, el rabo de gato, la caña, la pitera o penca, la enredadera de campanillas violetas para lograr que zonas como La Porquera, en el propio Roque Negro, recuperen su estado original frente a la irrupción de cañas o pencas. «También el eucalipto es una especie invasora», incidió, por lo que animó a los propios vecinos a plantar endemismos y erradicar invasoras.

En aras de recuperar la flora autóctona, se brindó la colaboración del Cabildo, una predisposición que cuestionaron los vecinos pues, como dijo Goya Alonso, de Afur, «si es para quitar y limpiar, que vengan; pero para plantar, de eso nada». «Estoy quemada y no es del sol», dijo antes de explicar que la mayoría de los terrenos de Anaga son de titularidad privada y sus dueños no quieren colaboraciones que puedan generar confusión sobre la propiedad.

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