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BARRIO A BARRIO | La Salud

Vecinos de la ermita de La Candelaria piden retirar una piedra cuanto antes

Los concejales de distrito y de Servicios Públicos confirman que la obra se ejecutará por vía de emergencia

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Zona de la Ermita de La Candelaria, en La Salud María Pisaca

Vecinos de la ermita de La Candelaria, a la que se accede junto al puente de Javier de Loño, solicitan celeridad a los responsables políticos a la hora de retirar la piedra que cayó de la ladera y que quedó atrapada en la malla metálica colocada hace veinte 20 años.

Los residentes en este barrio limítrofe entre los distritos Salud-La Salle y Centro-Ifara –separados por el cauce del barranco de Santos– aseguran que hace ya casi un mes que está cerrada la capilla que a mitad del siglo pasado excavó el recordado don Antonio para cumplir la promesa que le hizo a la Virgen de Candelaria si se recuperaba de la caída que sufrió. 

Una vez se comunicó la caída de la piedra al distrito Salud-La Salle, se cerró la calle a la altura de la sede de la asociación vecinal Canarias Futura y se desplazaron los contenedores que estaban allí a la entrada de la vía, a la altura del puente Javier de Loño. De eso han transcurrido ya más de dos semanas y algunos vecinos han movido la valla para llevar la basura hasta la entrada de la calle. «No nos pueden dejar encerrados aquí con tres personas mayores encamadas, que tienen 90 años». El viernes de la semana pasada visitaron la zona los concejales Carlos Tarife, de Salud-La Salle, y Guillermo Díaz Guerra, de Servicios Públicos y también de la zona Centro-Ifara, y le confirmaron la declaración de la obra por vía de emergencia para utilizar un dron, ver el estado de la ladera y proceder a la retirada de la piedra que sigue sobre la ermita, trabajos que se calcula supondrán un coste de 22.000 euros.

Los vecinos insisten a los dirigentes políticos que den una respuesta con celeridad a esta situación, pues admiten que viven con miedo. «Habilitaron un paso y yo ni me he atrevido a pisar en el lugar más próximo a la ladera», cuenta una residente, frente a quienes mueven la valla para pasar con su coche, mientras las casi 80 familias que residen en esta zona siguen con el alma en vilo por si cede la malla y cae la piedra.

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