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Crónica

Jose Murphy y Meade, un padre político para la historia

En 1821 consigue que las Cortes españolas designen capital de las Islas Canarias a Santa Cruz de Tenerife, consideración que se extiende hasta 1927

Óleo de Murphy realizado por Gumersindo Robayna en 1885.

José Murphy y Meade nació en Santa Cruz de Tenerife el 25 de febrero de 1774 en una casa alta y sobrada de la calle San Francisco, esquina a San Martín y huerta trasera a la de San Juan Bautista. Sus padres, Patricio y Juana, irlandeses, se dedicaban al comercio y a la consignación de buques. En 1799 se casó con su prima hermana Juana, con la que tuvo un hijo llamado José Patricio. Dos años más tarde morirían su esposa y sus padres, por lo que tuvo que hacerse cargo de las actividades navieras de la familia, viajando con frecuencia a Londres y París.

Monumento a Murphy en la Plaza San Francisco. José Murphy. José Manuel Ledesma Alonso

En 1801 era miembro del Real Consulado de Canarias; en 1808, desempeñaba el cargo de vocal y comisionado de Hacienda, Comercio, Marina Mercante, Policía General y Beneficio Público en la Junta Suprema Gubernativa de Canarias, siendo su representante ante la Junta Superior de Sevilla y diputado por esta en la Junta Central de Madrid. Entre 1813 y 1820 sería diputado provincial y en 1821, procurador síndico personero del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Por ello, cuando el 12 de mayo de 1821 llegó la noticia del Real Decreto que ordenaba una nueva división de partidos electorales, por el que Santa Cruz quedaba dependiendo de La Laguna. El Ayuntamiento acordó recurrir el citado Decreto y designó a Murphy para que defendiera en las Cortes de Madrid la capitalidad de Santa Cruz.

Murphy, a pesar de no ser diputado en las Cortes, supo desenvolverse perfectamente en un ambiente desconocido para él, en algunos casos hostil, llegando a desarrollar una ardua labor en busca de apoyos, en una laboriosa gestión personal de diplomacia de pasillos; hasta tal punto que, el 22 de octubre de 1821, notificaba al Ayuntamiento de Santa Cruz:

«Tengo la satisfacción de comunicar a V. S. Iltma. que las Cortes Extraordinarias, en sesión de 19 del corriente, se han servido designar a esa Muy Noble, Leal e Invicta Villa, por Capital de las Islas Canarias».

Tres meses más tarde, el 27 de enero de 1822, se promulgaría la Ley que exponía:

«Canarias.- Población: 215.108 almas.- Diputados: tres.- Capital: Santa Cruz de Tenerife».

El exilio

José Murphy, que en su momento había apoyado las libertades que proclamaba nuestra primera Constitución, fue uno de los 23 diputados que, al reinstaurarse el absolutismo en 1823, votó a favor de la incapacidad temporal de Fernando VII, por lo que fue sancionado con la confiscación de sus bienes y con la pena de muerte a garrote, la cual eludió exiliándose primero en Londres, a través de Gibraltar, y luego definitivamente en México, donde se casaría con una hija de Juan Creagh y nieta del ingeniero Amat de Tortosa.

En 1834, al ser amnistiado, y normalizadas las relaciones políticas con México, desempeñaría las funciones de cónsul general de España hasta 1840 –un año antes de su muerte– sin recibir emolumento alguno. Por ello, al cesar en el cargo, su segunda esposa solicitó una pensión al Gobierno español ya que carecían de medios de subsistencia, adjuntando un informe del embajador español, donde exponía que José Murphy era un hombre entrado en años, de modales finos, de cierta instrucción y de honradez conocida, que había perdido su hacienda últimamente por haber sido maltratado por la fortuna. La pensión le sería denegada, al igual que le fue a su viuda, cuando falleció el 4 de julio de 1841.

Como en Tenerife se ignoraba dónde podían estar sus restos mortales, la Tertulia Amigos del 25 de Julio, al considerar que este ilustre personaje debería descansar en paz en su ciudad natal, comenzó a investigar su paradero con el fin de llevar a cabo su repatriación, descubriendo que había fallecido en México Distrito Federal, que su defunción se registró en la Parroquia del Sagrario Metropolitano de Guanajuato y que se le sepultó en un panteón del cementerio de Santa Paula, desaparecido a finales del siglo XX.

Reconocimientos

Para evocar su memoria y rendir homenaje a la insigne figura de José Murphy y Meade, el político canario de más talla del siglo XIX, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife le reconoció en aquel momento su dedicación y eficacia, agradeciéndole sus fructíferas gestiones por los trabajos y tareas con las que defendió los derechos de esta Villa.

Pero no sería hasta 1895, cuando el arquitecto municipal y concejal del Ayuntamiento Manuel de Cámara y Cruz propuso ponerle su nombre a las calles denominadas Saltillo y Consistorio, que hoy transcurre desde la del Castillo a Ruiz de Padrón. En 1903, el alcalde Juan Martí Dehesa ordenó que la carta enviada por Murphy con la feliz noticia de la capitalidad se incluyera en el Libro Verde del Ayuntamiento.

En 1974, coincidiendo con el bicentenario de su nacimiento, Marcos Guimerá Peraza publicaría los textos escritos por Murphy entre 1821 y 1823: Reflexiones sobre Aranceles de Aduanas, Representación sobre Capitalidad y Observaciones sobre el Obispado de Tenerife, un estudio minucioso, pormenorizado y documentado de su vida y de su obra, en la que nos desvela su inmensa dimensión humana y política y lo mucho que nuestra ciudad le debe. Marcos Guimerá ya le había dedicado previamente dos de sus obras: La capitalidad y la división en Canarias (1966) y El Pleito Insular (1967).

En 1978, un grupo de ciudadanos, junto con la Corporación Municipal, le rindieron homenaje de gratitud, colocándole una placa en el edificio que hoy que ocupa el lugar de la casa en la que nació y vivió en la calle San Francisco, esquina San Martín.

En el año 2000, la Tertulia Amigos del 25 de Julio propuso al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife la erección de un monumento a su figura, según los bocetos del escultor y pintor Francisco Borges Salas, el cual sería inaugurado el 30 de septiembre de 2003 en la Plaza San Francisco. La obra, del escultor Roberto Barrera Martín, que lo representa triste y cabizbajo camino del destierro, tiene esculpido en su base: «Procurador síndico de este Ayuntamiento, obtuvo para su pueblo natal, la entonces Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, el título de Capital de la Provincia de Canarias. La Corporación Municipal en señal de agradecimiento a este hijo esclarecido».

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