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Barrio a barrio | Tres de Mayo/Barriada La Victoria

Santo Domingo cumple 75 años

La parroquia de la avenida Tres de Mayo y la barriada La Victoria celebra las bodas de diamante de su segregación de La Concepción, entonces bajo la advocación de San Telmo

Fray Ángel Fernández, en el patio que une la iglesia y el convento.

La parroquia de Santo Domingo de Guzmán puede presumir de ser testigo de excepción del desarrollo urbanístico de la capital tinerfeña de los últimos setenta y cinco años, cuando Tres de Mayo era un tramo que se adentraba a la ciudad en forma de autopista para entrar a Santa Cruz por La Salle a la altura de la fábrica Flex.

En la década de los años cuarenta del siglo pasado, cuanto se construyó el templo, en la zona solo estaba la barriada La Victoria, donde residían los trabajadores de la refinería, y en medio, plataneras. La iglesia estaba bajo la vocación de san Telmo y era filial de parroquia La Concepción. Los primeros cultos los presidió, desde el 15 de abril de 1945, el jesuita P. Andrés. Un año después, en 1946, el obispo de Tenerife, el dominico fray Albino Menéndez, eleva el templo a la categoría de parroquia bajo la advocación de Santo Domingo de Guzmán, con el sacerdote diocesano Luis Miraverde y Ascanio al frente, hasta que en la época del güimarero Domingo Pérez Cáceres al frente de la diócesis se solicita que los frailes carmelitas se hagan cargo, desde el 20 de marzo de 1948, dos años después de su constitución de aquella parroquia que atendía a tres mil feligreses de los barrios de Las Monjas, Buenos Aires y La Victoria.

La iglesia que asume la primera comunidad carmelita que se instala en Santo Domingo, con fray Víctor García Mayordomo como párroco, se instaló incluso sin electricidad eléctrica y también afrontó el remate de torre, que pasó de los 15 metros de altura construidos en ese momento a los 32 que presenta en la actualidad.

El 19 de marzo de 1955 se finalizó la construcción del convento en el que se transformó la casita de al lado de la iglesia, que de origen tenía dos habitaciones más cocina-comedor y salón, por lo que se adaptó a la vida comunitaria. Estos frailes, que llegaron a tener presencia también en Telde –en la diócesis de Canaria–, aceptaron el encargo del obispo Pérez Cáceres de atender la pastoral de El Hierro, donde se recuerda a los padres Teófilo, Carlos, Apolinar, Pedro Tomás, Armando, Pelayo, José Reinerio y los hermanos Marcelino y Benito, y también contribuyeron con su apostolado en La Gomera, donde el padre Víctor fue arcipreste y párroco de Chipude.

Desde el 28 de agosto de 2017 está en Tenerife el fraile carmelita Ángel Fernández Mellado, que llegó con el encargo de reforzar el equipo parroquial y desde hace dos años asumió la encomienda de la gestión pastoral, junto a los otros dos frailes destinados en Santa Cruz, los padres Antonio e Ignacio. No pasa desapercibida la crisis vocacional, explica el párroco que casi da por buena la configuración actual de su comunidad local, con tres frailes y una edad media de 57 años. «Aquí llegamos a estar solo dos», precisa el carmelita, quien recuerda que en mayo pasado fue asignado a la comunidad de Santa Cruz Miguel Márquez Calle, quien durante once años fue superior provincial de la Península. «Cuando vino sabía que no iba a durar mucho; es una persona con una gran formación».

El superior general, de Tenerife

Tres meses después, el pasado 25 de agosto, el fraile Miguel Márquez fue designado superior general, con sede en Roma, al frente de los 20.000 carmelitas que hay repartidos por el mundo.

Para Ángel Fernández Mellado, en Santo Domingo se reúnen dos grandes realidades que han influido en la vida parroquial y también de la ciudad: los fieles o parroquianos, y la familia carmelita, impronta dejada frailes por los recordados Miguel Valenciano, Javier Fuentes Martínez, Domiciano Sáez o Julián Bueno, entre otros.

La entrevista con el párroco se celebra precisamente en la festividad de Santa Teresa de Jesús, fundadora de la orden del carmelo, de quien rescata una de sus frases: «ahora comenzamos y procede comenzar de bien en mejor». Y es que precisamente la tarde del pasado viernes se procedía a la apertura del programa de actividades que se prolongará durante un mes para conmemorar el 75 aniversario de la parroquia, que incluye una exposición –que aúna la visión de la influencia en el barrio y la esencia carmelita–, así como un ciclo de charlas y eucaristías.

El párroco explica que toda la programación se ha organizado como «memoria agradecida» a las «piedras vivas» que han formado parte de la actividad pastoral y que, en números, se traduce en más de 18.000 vecinos que han recibido sacramentos en Santo Domingo de Guzmán, impartidos por el medio centenar de frailes carmelitas destinados desde que asumieron el templo, en 1948.

Junto a la exposición, abierta hasta el 21 de noviembre en los salones parroquiales, se sucederá el martes 8 una conferencia sobre «La parroquia: lugar, historia, encuentro», a cargo de Gerardo Fuentes; el jueves 11 sobre «La sociedad parroquial documentada», por José Fernando Rodríguez; el martes 16 se abordará «75 años de presencia de los Carmelitas Descalzos en Tenerife», a cargo de Óscar Ignacio Aparicio, y el viernes 19, una mesa redonda donde que reunirá a un vecino que vio los primeros pasos de la parroquia, un carmelita que atendió la iglesia en una etapa intermedia y a un feligrés actual para hacer un paseo por la historia, en primera persona. El lunes 8 se celebrará una eucaristía por los feligreses difuntos y el domingo 21 de noviembre, una misa solemne de acción de gracias, con la vista puesta en otros tantos años de apostolado.

Es la experiencia personal de aquel niño de Cáceres que con 11 años entró en el seminario de Medina del Campo después de que el curra de su iglesia recibiera una carta de los carmelitas preguntando si conocían a algún monaguillo interesado. Ángel no tenían ni idea lo que era aquello del seminario, pero con entusiasmo aceptó la invitación. El segundo de cuatro hermanos realizó estudios religiosos y se ordenó el 5 de octubre de 1980, con 21 años. Su primer destino fue como profesor en Medina del Campo, una labor que luego cambió por la tarea pastoral, once en Palencia y dieciocho en Vigo, destino que mantiene vivo en su recuerdo. El día que cambió la pizarra por los salones parroquiales pidió consejo a un compañero: «¿Qué hay que hacer para ser buen párroco? Tener disponibilidad. Dar todo lo que tienes», y esa ha sido y es su máxima, clave en estos tiempos de reapertura tras la incidencia de la pandemia.

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