Una guitarra y un timple huérfanos cuelgan de la pared del bar Las Nieves, frente a la ermita de Santa Catalina, mientras la dueña del establecimiento de la sociedad pone a tope la música. «¿Qué fiesta es esta, que no han puesto ni una bandera ni han echado unos fuegos artificiales?», se lamenta.

Para los vecinos y nacidos en Taganana, el 5 de agosto no solo se celebra la festividad de la Virgen de Las Nieves sino que es el día en el que los naturales regresan a casa, aunque sea laborable en Santa Cruz, para celebrar en familia el día del pueblo y sacan a relucir el orgullo de cuando este pueblo fue pago y tuvo ayuntamiento y hasta Juzgado de Paz. Como acuña el carismático presidente de la Asociación de Vecinos La Voz del Valle, Luján González, «de haber sido un país, hoy se celebraría un la fiesta nacional de Taganana». Aunque no tiene ayuntamiento, se le considera el pueblo de referencia del macizo de Anaga.

Esta «capital» del Parque Rural pivota la celebración de los actos patronales en los cultos religiosos y en la representación de la Librea que adaptó hace un lustro el propio Luján González, cuando no solo se impulsó la bandera de Taganana sino que también se decidió la designación de un alcalde o alcaldesa honoraria. Pero llegó la covid-19 y trastocó las tradiciones. Por este motivo, la artesana Amalia Negrón, que llegó a ser quien gestionó el único teléfono que tuvo Taganana y esposa del último juez de paz del pueblo, fue designada alcaldesa honoraria en las fiestas patronales de 2019, y desde entonces no se ha producido el relevo que se preveía anual.

La irrupción de la pandemia mundial también ha obligado a aparcar el ritual que se celebraba cada tarde-noche de 3 de agosto, cuando la camarera de la Virgen de Las Nieves, junto a un grupo de ayudantes, procedían a realizar el cambio de traje y manto de la Patrona de Taganana. El ceremonial culminaba justo al inicio de la solemne función eucarística que se celebraba precisamente el día 3 de agosto, cuando el párroco, Esteban Rodríguez, se acercaba a las puertas del camerino, tocaba y pronunciaba la frase: «Con su permiso, majestad». Se abrían las puertas y los portadores trasladaban a la Virgen, en una procesión dentro del templo, hasta el trono desde donde la Patrona presidía los cultos de la primera semana de agosto.

«Ver a la imagen con una ropa y luego con otra, toda radiante, impresionaba», comenta Eugenia, quien lamenta que por segundo año consecutivo este ritual no se ha podido celebrar ya que las medidas sanitarias obligan a garantizar el distanciamiento social.

La pandemia ha obligado no solo a suspender el ritual del camerino, sino que también ha obligado a limitar el cupo de participantes en las funciones eucarísticas. La misa concelebrada ayer solo permitía un máximo de 50 personas en el interior del templo, y para garantizar el estricto cumplimiento una de las feligresas repartía los números, uno a uno, según se iban acercando los vecinos ante la presencia del cura, Esteban Rodríguez que, antes de revestirse, lucía un impecable traje con cleriman que evidenciaba la solemnidad de la ceremonia.

En la tarde de ayer, antes de la misa, las calles del casco de Taganana vivía un ambiente similar a cuando celebra la Epifanía del Señor y el Judas de Pascua... calles vacías que evidencian el trajín que se vive en el interior de las casas, rematando la comida para el día grande que se celebra hoy, cuando los tagananeros que residen en el otro Santa Cruz, más allá del túnel, o en otros municipios regresan a casa de sus familiares para disfrutar del almuerzo. El plato típico de hoy, carne cabra con papas arrugadas, si bien también se ha incorporado el bacalao encebollado.

A las seis de la tarde de ayer, la docena de integrantes que dan vida a la Milicia de Taganana que lidera Luján González acudían hasta el centro cultural, ya uniformados, se congregaron en la zona conocida como de El Calvario, para ensayar su desfile hasta la iglesia de Las Nieves, como protagonizó en la tarde de ayer y volverá a repetir este mediodía y también horas después, en la segunda misa.

El tiempo volaba. Luján González daba instrucciones a los milicianos del siglo XXI mientras las campanas de la iglesia tocaban tercera que anunciaban el inicio puntual de la función, a las 19:30 horas.

No había llegado aún a rendir honores la milicia, y ya estaba el cura concelebrante invitado pronunciando la homilía. Para ese momento, el bar de Las Nieves, en la otra esquina de la plaza, había apagado la música. En su predicación, el cura no se pudo sustraer de la buena acogida que ha tenido en Taganana estos días y al placer de disfrutar de los productos de la tierra, para luego entrar en el fondo de su predicación: «El covid ha puesto de manifiesto la profunda crisis de fe de esta generación», para ahondar en que tener fe es mucho más que encender una vela a la Virgen. Y concluyó: «La vida no la da el dinero, ni las posesiones, ni el alcohol... a mi la vida me la da Dios», para poner en valor la importancia de las personas, «templos del Espíritu Santo», que son más importantes y bellos que los edificios de las iglesias.

Cuando ya el cura finalizó la homilía, el ronco acento del tambor –que cantaría Raphael– se escuchaba desde El Calvario, en la loma de enfrente a donde se localiza la iglesia de Las Nieves.

El sonido iba y venía, pero se percibía la cercanía. Taganana, desbordada con «cuatro coches» aparcados, se paralizó. Todos esperaban la representación de la Librea. Los milicianos, enarbolando la bandera de Taganana, se colocaron a las puertas del templo y esperaron en silencio la finalización de la eucaristía; solo alteraron la formación militar para dejar pasar un coche de alquiler, pero rápidamente recuperaron posiciones, hasta que el párroco dio por concluida la misa.

El presbítero se acercó a las puertas laterales y los milicianos le hicieron entrega de la bandera de Taganana. El cura los invitó a pasar y la docena de integrantes de la Librea acabaron postrados a los pies de la patrona en medio de un minuto de silencio.

No había acabado ahí el tributo. Luján González tenía preparada una sorpresa. Con la bandera de Taganana a los pies de la Virgen, el carismático presidente de La Voz del Valle encomendó al pueblo, especialmente en este año y medio marcado por el covid y también agradeció y pidió por la unión de Anaga.

El líder vecinal entremezcló el sentimiento de orgullo de ser tagananero con las virtudes del pueblo y del enclave en su intervención que contagió emoción a los presentes, A falta de la tradicional procesión que cada tarde-noche del 4 de agosto recorría el entorno de la iglesia y su plaza, los milicianos del siglo XXI que lidera Luján González abandonaron el templo para formar de nuevo. Si dentro se dieron tres vivas a la Virgen de Las Nieves, la Librea había preparado otro grito de guerra en el exterior. Luján grito: «¡Taganana!», y todos, salvo uno, gritaron: «¡Hoy, mañana y siempre!», fue uno de los más jóvenes quien había hecho su particular simplificado cuando se le escuchó decir: «Hoy y siempre». Luján se viró, no pudo evitar una sonrisa que ocultaba la mascarilla, pero que delató la pregunta que le dirigió al chico: «¿A ver, cómo es eso?». Y de nuevo volvió a gritar al viento: «¡Taganana!». Entonces sí, todos a una: «Hoy, mañana y siempre». Los milicianos bajaron y dieron la vuelta a la iglesia para regresar por la calle Nueva –Juan Negrín–, cerca de donde estuvo el ayuntamiento y el juzgado– para ir a su acuartelamiento, hasta hoy, cuando volverá a rendir honores.