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Los barrancos de Anaga corren en pleno verano

La bruma y los alisios provocan la presencia de agua que se condensa en el monte del Pijaral

Taganana, cubierta por la bruma. | | EL DÍA

Diez grados es la diferencia de temperatura entre el litoral chicharrero y la vertiente norte de Anaga, donde la bruma y los vientos alisios hacen que se condense el agua. Es el otro Santa Cruz.

Anaga es diferente. Así tituló el periodista José Domingo Méndez la primera crónica que se realizó en la sesión inaugural del tagoror de Anaga, cuando se desarrolló por primera vez la ley de Grandes Ciudades, a mitad de la primera década del siglo XXI, y es el sentir no solo del concejal de Anaga Fernando Ballestero, con delegación de Fiestas, sino también de los vecinos del macizo.

Es más, el histórico y carismático dirigente vecinal Luján González va más allá al asegurar que «Taganana es diferente... en todo», para lamentarse de cómo este pueblo perdió el ayuntamiento o el juzgado, o incluso la tipología de construcción de arquitectura canaria por la que se caracterizaba. Y si alguien lo cuestiona, Luján González pone un ejemplo: la propia meteorología de la zona.

Entre la vertiente norte de Anaga y el centro de Santa Cruz existe una diferencia de unos diez grados. Ayer mismo, a las tres de la tarde, en Taganana se registraban 19 grados frente a los 31 que había en el parque marítimo César Manrique.

Desde el lunes se han registrado en el interior de Anaga unas leves precipitaciones y, en especial, la presencia de bruma que, a su paso por la zona de El Bailadero, se condensa hasta transformarse en agua, lo que provoca que los barrancos de Anaga corran en pleno verano, cuando muchos aprovechan la temporada estival para acudir a la playa.

Dentro de la sabiduría popular como hijo de Taganana, Luján explica que «este fenómeno es posible gracias a la bruma que arrastran los vientos alisios, lo que provoca que se condense la niebla y se acabe filtrando sobre los riscos». No por ser sorprendente es menos frecuente esta situación en la vertiente norte de Anaga, precisa Luján González quien ayer mismo aportaba un vídeo que mostraba cómo estaba corriendo en barranco de Benijo.

Aspecto que presentaba en la tarde de ayer el barranco de Benijo. | | MANUEL RODRÍGUEZ

«La presencia de este fenómeno cobra especial protagonismo en el monte del Pijaral, donde el agua corre sobre el risco y, al no ser permeable, el aguar acaba por perderse en el mar. Pero esta situación es habitual en esta parte de Anaga, lo que garantiza que los vecinos siempre tengamos agua», precisa el dirigente de Taganana, quien no pasa por alto que «aquí llueve y otros se llevan el agua», en referencia a las galerías que se hicieron en su momento para beneficiarse del acuífero, en particular en la vertiente Sur de Anaga.

Luján González reitera su histórica reivindicación de que Taganana, y por extensión Anaga es diferente, como lo denotan las condiciones meteorológicas. «Aquí hemos tenido estos días un tiempo umbrío, frío y de lluvia, que incluso puede ser malo para algunos cultivos como la viña, pero que marcan la diferencia con la otra parte que se conoce de Santa Cruz», precisa.

Adentrarse en Anaga en encontrar paz y calidad de vida, alejarse del frenesí de la civilización del siglo XXI, asegura con entusiasmo Luján González, a quien no le duelen prendas en reconocer que estos días de visita de la bruma ha tenido que acudir a ropa de abrigo para pasar las noches.

Este hábitat de vida es el que ha llevado al presidente de la asociación vecinal La Voz del Valle en poner en valor las características de la onza. «Por eso no entiendo que la Guardia Civil, cuando las playas están cerradas, te impidan en un cruce entrar a coger papas, a regar el campo o visitar a la familia en Taganana».

Casi como una confidencia, Luján sentencia: «mi ideología siempre ha sido la misma, que todo el mundo viva bien», sin que ello suponga renunciar a su máxima: «Anaga es diferente».

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