Los vecinos que se muevan en transporte público de Titsa de Taganana, Almáciga o Taborno y el Intercambiador de Santa Cruz tendrán que hacer transbordo a partir del próximo miércoles, o jueves. Esta es la fórmula que se ha propuesto de forma provisional durante las tres semanas que duren los estudios que, a través de catas que comenzarán la próxima semana, permitirá conocer el estado que se encuentra el puente de San Andrés que está cerrado al tráfico pesado (guaguas, camiones y cubas) desde que el pasado lunes cayeron cascotes, procediéndose a su vez a cerrar el tráfico peatonal y de vehículos por la avenida Pedro Schwartz.

Después de que se decidiera cerrar el tráfico a vehículos de más de 3,5 toneladas, lo que afecta directamente a las guaguas de Titsa, se ha buscado una alternativa para evitar el uso de micros, que operan con nueve plazas, la mitad de su capacidad para cumplir con la normativa covid, por lo que no cubren el total de la demanda. Eso, unido a las limitaciones técnicas de los micros que no se han renovado. Por ello, cada vez que los usuarios del servicio público se han subido desde el pasado lunes a la guagua como las que habitualmente cubren la línea 946 –que opera en Taganana y Almáciga– o 947 –que enlaza con Chamorga– han tenido que soportar la duplicidad del tiempo invertido hasta entonces en el trayecto, ya que el recorrido se realiza por Las Mercedes dado que el puente de San Andrés impide el paso de este tipo de vehículos.

La solución aportada en la reunión que mantuvo en la tarde de ayer por el alcalde de Santa Cruz, miembros de su equipo de gobierno y el director del transporte urbano de Titsa con representantes de una docena de asociaciones vecinales de Anaga es que desde el miércoles o jueves de la próxima semana los usuarios del transporte público que vayan de Santa Cruz rumbo a Taganana, Almáciga o Chamorga se bajen en la parada de la avenida de San Andrés y lleguen andando hasta la que se localiza en el otro margen del puente afectado, para hacer transbordo ahí y seguir en una guagua, que no en un micro, hasta su destino. Si por el contrario el cliente de Titsa viene desde Taganana, Almáciga o Chamorga tendría que bajarse en la parada junto al puente y seguir andando para tomar de nuevo la guagua en la parada de la avenida de San Andrés.

Esta fue la alternativa que presentó como más viable el director del transporte urbano de Titsa, Alejandro Fernández, a sabiendas de que se trata de una situación excepcional y por un período de tres semanas hasta que se concluya el estudio que permitirá establecer el estado en el que se encuentra el puente, si es preciso su reparación o el grado de afección es tal que hay que demolerlo y proceder a su reconstrucción. «Pero eso solo se sabrá dentro de tres semanas; hay que esperar», precisó el regidor municipal, José Manuel Bermúdez, en el encuentro de los vecinos, en el que participaron también los responsables de Servicios Públicos, Guillermo Díaz Guerra; Infraestructuras, Dámaso Arteaga, y el concejal accidental de Anaga, Alfonso Cabello.

El alcalde confirmó que la Junta de Gobierno adjudicará por vía de urgencia el lunes el estudio para realizar la diagnosis de la pasarela, que supondrá un desembolso de 20.000 euros; en paralelo a estos trabajos Bermúdez también ha pedido que se trabaje en la construcción de un segundo puente, con independencia del estado que presente el que ahora está cerrado al tráfico pesado. Cuando dentro de tres semanas se conozcan las conclusiones del estado, el alcalde se comprometió a volverse a reunir con los vecinos, a los que garantizó fluidez en la información e hilo directo. «Entonces sabremos si se puede reabrir al tráfico pesado –algo que no parece probable–, si se puede rehabilitar o si es necesaria su reconstrucción; ahora mismo no descartamos ninguna de las hipótesis».

Dámaso Arteaga, concejal de Infraestructura, explicó que desde hace dos años se realizaron inspecciones técnicas y la reciente caída de cascote evidencian que los problemas se han agudizado, dijo al referirse a fisuras en los arcos y en las armaduras. «Es necesario determinar si está preparado para el paso de vehículos pesados», precisó, para asegurar que por el puente de San Andrés pasa una media diaria de 1.600 vehículos, de ellos cien son pesados, lo que motivó que el representante de una de la docenas de asociaciones presentes, Alejandro Sosa, de Almáciga, preguntara si se sabía las características para las que se construyó el puente en 1930, recordó el portavoz de Taganana, Luján González. Dámaso Arteaga dejó entrever la necesidad de que haya que levantar el pavimento y cambiar los pluviales como poco, aunque se preparan para tomar decisiones más drásticas.

Díaz Guerra, de Servicios Públicos, después de advertir que «yo me dedico a obras pequeñas, las grandes corresponden a Dámaso», jugó a los médicos para explicar la situación del puente y desde su condición de responsable del servicio público de transporte. «Estamos ante un problema sobrevenido. El puente está enfermo. Tiene fiebre y está en cama y en dos semanas sabremos su evolución».

A partir de ahí, dio la palabra al director del transporte urbano de Titsa, que fue el encargado de presentar la alternativa para aliviar la actual situación que viven quienes se tienen que levantar a las cinco de la mañana para coger la guagua que va desde Almáciga por la cumbre –lo que duplica la duración del trayecto, a casi dos horas– rumbo al centro de Santa Cruz, o aquellos que se quedan sin plazas en el micro con capacidad para llevar a diez personas. «El otro día un viajero se bajó para dejar paso a una mujer que iba a trabajar», comentó Alejandro Sosa, de Almáciga, que se convirtió en el defensor del pasajero de Anaga.

No faltó el espíritu más reivindicativo de Anaga que atesora Luján González, de Taganana, quien considera que la caída de cascotes en el puente deja entrever el olvido al que ha sido sometida Anaga y es otra puntilla que se da a quien cree que viviría mejor fuera de este enclave, lo que motivó el malestar de Dámaso Arteaga y hasta del alcalde que acabó apaciguando Díaz Guerra, que apostó por buscar soluciones. Fátima, de la Punta de Anaga, veló por los mayores y la imposibilidad de que hagan en seis u ocho minutos –como calcula Titsa– el trayecto de transbordo para coger la guagua.

De nuevo Alejandro Sosa, de Almáciga, quien tras ser informado por la propuesta de horarios de las guaguas de Titsa a partir del próximo miércoles o jueves –según se ponga en servicio la lanzadera– obligarán a madrugar a las cinco de la mañana a los vecinos para coger la guagua, por lo que pidió al representante de la compañía de transporte público que se viera la posibilidad de habilitar un micro y fijar la primera salida a las 6:30, luego el micro a las 7:00 y seguir la frecuencia desde las 7:40 horas.

Tanta exigencia hizo que Díaz Guerra recordara que se trataba de una situación excepcional, durante estas tres semanas y luego se vería que ocurriría, mientras que otro representante vecinal de San Andrés incidió en si había disponibilidad de micros y personal. El representante de Titsa lo aclaró: «tenemos de todo»; es cuestión de dinero, como reconoció el alcalde. «Santa Cruz se gasta al año 14,5 millones de euros en el dinero que aporta al transporte público, uno de los mejores gastos porque tenemos el mejor servicio, pero ampliar la cobertura significa incrementar el gasto». No obstante, también pidió a Titsa que le pasara el presupuesto. Gabriel Franquis, de Cueva Bermeja, advirtió que la reestructuración dejaría a sus vecinos sin servicio dentro del barrio y tendrían que bajar a la autovía, lo que se comprometió a estudiar Alejandro Fernández. La primera prueba del nuevo operativo, el miércoles o jueves.