Tres meses de lucha y mucha insistencia con los políticos del Ayuntamiento de la capital tinerfeña han sido mano de santo para que los vecinos de las 108 viviendas de San Pío recuperen la ilusión del primer día que les entregaron las viviendas, en marzo de 2001.

Algún funcionario de la Concejalía de Viviendas de la época del popular Pablo Matos Mascareño, hace de eso ya varias décadas, recuerda todavía hoy a Nuria Calduch como la fusta que salió en defensa de los vecinos de la antigua barriada de San Pío, cuando se repartieron las viviendas de la nueva promoción que se construyó junto a la carretera de El Rosario y una joven que residía en una de ella con su abuela se quedó fuera de esa promoción. Nuria hizo causa común la reclamación de una vivienda para esa nieta y su lucha, junto con muchos de los vecinos que hoy residente en las 108 Viviendas de San Pío, obtuvo su recompensa, pues lograron que el Ayuntamiento le asignara una vivienda social en Añaza.

No es la única lucha que ha emprendido con el arrope de sus vecinos, como recuerda Rosario Cubas cuando se alonga desde los bajos de los seis bloques en los que se reparte la urbanización y mira hacia el semáforo que regula el paso de peatones entre su barriada y el instituto La Candelaria. “Eso hoy es una realidad porque los vecinos nos echamos a la calle y exigimos al ayuntamiento un semáforo”, afirma con orgullo.

Y otra batalla, ya más personal, la que ha peleado la propia Nuria Calduch, quien en los últimos diez años ha combinado su vida personal con su labor como limpiadora, “pero estoy muy orgullosa de lo que hago y de la empresa en la que trabajo”, puntualiza.

Es viernes. Una de la tarde. Nuria nos invita a recorrer “al barrio”, como considera a su urbanización arropada por más de media docena de vecinos, que se van sumando según llegan a su domicilio de regreso de la jornada laboral. A todos conoce y la mayoría la felicita por la labor que ha desarrollado desde que hace unos tres meses volvió a la presidencia de la comunidad que ya ostentó hace unos siete u ocho años.

“Los he llamado para trasladar un mensaje de ánimo a otros vecinos de Santa Cruz; los residentes podemos hacer bonitos nuestros barrios, si nosotros hemos podido, todos pueden”, sentencia con el mismo ímpetu de quien imparte un mitin electoral, aunque ella parece haber sido elegida por aclamación, porque, según asegura, hasta muchos vecinos la fueron a buscar a su casa para que volviera a ponerse al frente.

“A nosotros nos dieron las viviendas hace 19 años”, cuenta Rosario, que camina apoyada del brazo de Adela González, que le interrumpe para precisar: “Yo vine aquí el 28 de marzo de 2001; lo recuerdo como si fuera ayer. Nosotros nos negamos a abandonar las casas antiguas mientras estuvieran en pie. Y así fue. El mismo día que las demolieron nos trasladamos a vivir aquí”. Adela admite que ella es poco dada a salir en los medios de comunicación, pero “me dijo Nuria que iba a venir el periódico y aquí estoy para apoyarla y agradecerle todo lo que ha conseguido para el barrio”. Del acceso rodado a la urbanización, Nuria nos lleva al acceso de la parte de atrás donde una cuadrilla trabaja en la reposición de unos escalones del acceso. “El otro día miré para ahí y me di cuenta que ya no estaba el hueco en el techo”, cuenta una de las vecinas, que celebra que en los tres meses que lleva Nuria al frente de la presidencia de la comunidad han bastado para recuperar el orgullo de vivir allí.

Según entran los vecinos, Nuria usurpa la condición de reportero a quien suscribe estas línea. “¿A ti qué te parece cómo está ahora el barrio? ¿Se ha hecho algo? ¿Está mejor?”... Este cuestionario lo repetía a cuantos pasaban, como ocurrió con María José Herrera, que lleva tres años y medio viviendo allí. De puntillas, sin querer entrar en problemas, aseguró que “uno no sabe la situación de cada uno, pero es cierto que ahora esta todo mucho mejor”. Lo mismo afirma Bernardo Rodríguez: “Ahora está todo limpito”.

Nuria asegura que “ahora parece que empezamos a ver la luz al final del túnel”, aunque admite que está agotada. “Han sido tres meses de muchas reuniones y gestiones con los políticos del Ayuntamiento, pero he tenido la suerte de encontrarme con gente con un gran corazón y muy comprensiva, como el responsable de Viviendas Municipales, Juan José Martínez, con quien nos reunimos par exponerles las necesidades de nuestro barrio”.

Todo es una cadena

“Aquí no se podía caminar de la suciedad que dejaban algunos dueños de perros”, se lamenta. “Parecía un jeroglífico que tenías que sortear”, cuenta Adela mientras paseamos por los bajos, las zonas comunes desde las que se acceden a los seis bloques en los que se reparten las 108 viviendas.

“Ahora da gusto. Mandaron a limpiar todo y hasta lo han desinfectado. Pensé que no me iban a dar la pintura y al final hasta nos han mandado a unos obreros que están haciendo mejoras”, dice. En ese momento se acerca a un operario que trabaja con las vallas de cerramiento perimetral de las zonas comunes. “¿Cómo estás? ¿Contento?”, le interpela. El trabajador le corresponde: “Contento porque estaba en paro y ahora tengo unos meses de trabajo”. “Lo ves –replica Nuria–, todo es una cadena: nosotros vamos a tener mejor las casas y tu tienes trabajo”.

Cuando llegó a la presidencia, apenas tenían recursos económicos para nada. “Pero yo soy de las que voy puerta a puerta; me interesan las personas y conocer la situación de cada uno porque entre todos nos podemos ayudar”, cuenta. Media entonces Adela: “Antes estos estaba abandonado, apenas te apetecía abonar la cuota de la comodidad; también es cierto que en una época tampoco podía. Pero ahora da gusto pasear por aquí”, insiste.

Nuria hace partícipe del nuevo estado que presente la barriada de las 108 viviendas a los vecinos. “Desde el primer día pedí ayuda y quien no tenía dinero dio una escoba, un cubo o lejía; entre todos nos pusimos a limpiar, pero es verdad que hay momentos que quieres tirar la toalla”. Casi se emociona en ese momento Nuria, para dedicar su agradecimiento al personal de Viviendas Municipales. “Muchas veces me han animado a no tirar la toalla, que cuente con su apoyo”, explica, para hacer partícipe a todos los vocales que integran la directiva de la comunidad en la consecución de la nueva imagen de la urbanización.

“Fíjate en esas cristaleras”

En la visita guiada, Nuria explica que los trabajos de mejora que se están realizando durarán aún tres o cuatro meses. “Ahora están realizando trabajos de mantenimiento, como la reposición de escalones, y arreglar humedades; antes limpiaron todo. ¡Oh, fíjate en esas cristaleras, no se tocaban desde hacían años!”, precisa.

Y la guinda del pastel: “Nos van a pintar los bloques; ya tenemos hasta escogido los colores: blanco los techos y blanco roto las paredes, y las vallas grises; quedará todo muy luminoso y todos tendrá el mismo color”. Nuria insiste: “Un barrio, aunque esté hundido, se puede levantar con los vecinos y estos políticos que ayudan”.