12 de septiembre de 2020
12.09.2020
Crónica

Capitanes generales en el palacio de carta: Carlos Palanca Gutiérrez, el héroe de Conchinchina

12.09.2020 | 00:50
Capitanes generales en el palacio de carta: Carlos Palanca Gutiérrez, el héroe de Conchinchina

Termino con este artículo la miniserie que he dedicado al mariscal de campo Carlos Palanca Gutiérrez , que como figura importante del siglo XIX español que fue, mereció una calle del centro de Madrid, la Calle del General Palanca. Su paso a la historia lo debe a su participación en la expedición española a Conchinchina, hoy Vietnam. Estando allí, inmerso en esa su gran aventura, escribió estos versos:
Un año ya que de la patria mía //el suelo abandoné por vez tercera, //soñando con poder a mi bandera //inmortales laureles enlazar; //riesgos buscando, los revueltos mares //crucé veloz con exaltada mente, //ardió la guerra en el extremo Oriente// y allí fui por España a pelear.// Uno tras otro en incesante lucha// alzarse vi, cortando mi camino,// tanto obstáculo vil, que en mi destino// hubo un momento amargo en que dudé;// pero dióme el deber toda su fuerza,// y al pensar que en el mundo hay una historia,// espero que ella le de la gloria//al que todo lo arrostra con su fe.
Versos publicados en un periódico de Madrid, que fueron escritos en la segunda etapa de su actuación en el conflicto, cuando ya era Comandante General de las fuerzas expedicionarias españolas. Riesgos buscando, los revueltos mares crucé veloz con exaltada mente.
Esto ocurrió, por vez primera, cuando tenía 24 años y era teniente de Infantería. En noviembre de 1843, embarcó en Cádiz con destino al puerto de Manila. Hijo de una acomodada familia de comerciantes de Valencia y siguiendo los deseos paternos, hizo estudios comerciales en Francia, pero pronto los abandonó para sentar plaza como subteniente en el Regimiento de Milicias de Soria, destacado en Málaga, prestó servicios en Sierra Morena y en Alhucemas, dedicado a la represión del bandolerismo y el contrabando. Ascendido a teniente, solicita el traslado a Filipinas, pero a los ocho meses de estancia en el archipiélago contrajo una grave enfermedad que le obligó a regresar a Madrid.
Durante más de ocho años estuvo destinado en la península hasta que el 18 de diciembre de 1852 Carlos Palanca abandonaba el suelo patrio por vez segunda y, riesgos buscando, cruzaba los revueltos mares para llegar a Manila. Por su competencia profesional y su brillante actuación, Palanca se convirtió pronto en una figura reconocida y respetada en todo el archipiélago.
Ardió la guerra en el Extremo Oriente
El 20 de julio de 1857 tuvo lugar un hecho que provocaría la indignación en Europa. El dominico español José María Díaz Sanjurjo, obispo titular de Platea y vicario apostólico de Tonkin, fue martirizado, asesinado y exhibido su cuerpo decapitado públicamente. Este asesinato venía precedido del de muchos conversos católicos y misioneros españoles. Este hecho desencadenó en 1858 la declaración de guerra y Francia requirió la cooperación de las tropas españolas acuarteladas en Filipinas. España, sujeta al Tratado de la Cuádruple Alianza, accedió a las peticiones francesas.
Y allí fui por España a pelear
En el puerto de Manila, el 3 de septiembre de 1858, a las 3 de la tarde se embarcaron en el vapor de guerra francés Durance, las fuerzas que componían la segunda sección del cuerpo de ejército de Capitanía General que debían marchar a Conchinchina . Al frente de ellas iban el coronel Bernardo Ruiz de Lanzarote, jefe de la expedición; el comandante de Estado Mayor, don Miguel Primo de Rivera, jefe de Estado Mayor de las fuerzas españolas, y el segundo comandante del Regimiento número 3 Carlos Palanca.
El desembarco conjunto con las fuerzas francesas se realizó en la bahía de Da Nang, el mismo lugar donde más de 100 años después, en 1964, lo harían los infantes de marina de Estados Unidos.
Un periódico de Madrid, refiriéndose a su actuación, comentaba: "El nombre del comandante Palanca parece destinado a ser inseparable de todos los hechos de armas notables en Conchinchina, habiendo coronado siempre con el mayor éxito todas sus disposiciones".
Esto trajo consigo la Real Orden de 21 de mayo de 1859, comunicada por el emperador Napoleón III al Capitán General de Filipinas, en la que se concede al coronel Carlos Palanca Gutiérrez la Cruz de Caballero de la Legión de Honor, en recompensa a los servicios prestados en la expedición a Cochinchina.
El 2 de junio de ese año, el ya coronel Palanca embarcó en Manila rumbo a la península por haber cumplido el sexenio reglamentario de permanencia en ultramar. Destinado en la Junta Consultiva de Guerra, rindió informes de las operaciones realizadas en Conchinchina. Y a principios de febrero de 1860 , a instancias de Isabel II, recibió los nombramientos de Ministro Plenipotenciario de Su Majestad y Comandante General de las fuerzas expedicionarias en aquel país. Y volvió de nuevo a Conchinchina.
Por vez tercera, riesgos buscando, los revueltos mares crucé veloz, con exaltada mente ,y allí fui por España a pelear.
El 10 de mayo llega a Saigón y empiezan los problemas. Uno tras otro en incesante lucha alzarse vi, cortando mi camino, tanto obstáculo vil, que en mi destino hubo un momento amargo en que dudé.
A su llegada encontró un cuadro lamentable, el Capitán General de Filipinas, sin contar con el gobierno central, había retirado el grueso de las fuerzas españolas por considerar acabada la operación. Quedaban sólo unos doscientos soldados españoles abandonados a su suerte.
El coronel Palanca y sus soldados pasaron el resto del verano en un tira y afloja de penosas y esforzadas acciones, en medio de las insalubres marismas y en una guerra que, en el fondo, no iba con ellos y en la que tan sólo el deber patriótico era razón para no desfallecer. La tercera parte de la tropa española, incluido el propio Palanca, resultó con heridas de diversa consideración.
Por si fuera poco, tampoco recibía medios económicos, viéndose obligado a la humillación de pedir un préstamo a los franceses para el sostenimiento de sus soldados.
En medio de esta triste situación recibe la noticia de que el periódico El Reino había publicado en Madrid un artículo de un alto jefe militar en el que se decía que el coronel Palanca había sido el primer jefe que se retiró de campaña, porque, sin duda, asuntos de interés personal le reclamaban en la península. Palanca, que no había hecho sino obedecer una orden escrita, envió al periódico el escrito que lo acreditaba y no se lo publicaron.
Pero diome el deber toda su fuerza
Serafín Alabe, su subordinado, lo dice muy claro: Sería imposible, ni concebir siquiera, los triunfos alcanzados por la perseverancia y por la fuerza que acompaña siempre a la conciencia del cumplimiento de un sagrado deber; único punto de apoyo del señor Palanca, en la difícil situación en que le colocó a su llegada a Conchinchina la retirada, imposible de prever, de nuestra expedición.
El 5 de junio de 1862 se firma un tratado de paz. El Tratado se realizó entre el emperador Tu-duc, Napoleón III, Isabel II y el coronel Palanca. En virtud de él, los franceses recibirían tres provincias de la baja Cochinchina y unas cuantas Islas; se abrirían al comercio tres puertos, los súbditos de Francia y de España podían practicar su religión, se fijaban indemnizaciones de guerra; y se concedía a Francia y a España unas condiciones preferentes.
Y al pensar que en el mundo hay una historia, espero que ella le de la gloria al que todo lo arrostra con su fe.
Sí, en el mundo hay una historia, y esa historia ha recogido la ingente, valerosa e ingrata labor que Carlos Palanca arrostró con su fe. El primer historiador de esa gesta fue su subordinado el teniente coronel graduado Serafín Aldabe que en 1862 publicó en Madrid: "Cuestión de Conchinchina. Aclaraciones".
Siete años más tarde es el propio Carlos Palanca, que en el año 1869, en Cartagena, cuando era allí gobernador militar ,dio a la estampa su libro: "Reseña histórica de la expedición a Conchinchina", que dedica al Ejército y especialmente al general Prim:
V.E. que colocado a la cabeza del Ejército Español, es hoy el único que comprenderá lo que allí padeció aquel puñado de valientes que lejos de la madre patria, desnudos y sin víveres, respondieron a mi voz.
En el año 2015 la editorial Miraguano ha hecho una bella edición de este libro.
Hay otras muchas publicaciones, entre las que hay que destacar el libro editado por Edhasa en 2006, cuyo autor es el general Luis Alejandre Sintes, que se titula:"La Guerra de Conchinchina. Cuando los españoles conquistaron Vietnam".
El entusiasmo y admiración que Carlos Palanca despertaba entre sus subordinados quedan demostrados en la siguiente nota de prensa que se publicó en Madrid en febrero de 1863:
En el escaparate del conocido diamantista Sr. Grageda, calle del Príncipe, se halla expuesta una magnífica espada con la empuñadura de mucho mérito. Tal es la espada que la oficialidad del cuerpo expedicionario ofrece a su valiente comandante general que tantas veces le ha llevado a la victoria
El nombre de Carlos Palanca permanece vivo en Filipinas. El principal premio literario de ese país lleva su nombre:"Don Carlos Palanca. Memorial Awards for Literature". Pero ese nombre se refiere a un importante personaje de la colonia china en las Islas Filipinas, el chino Tan Quien Sien, que al convertirse al catolicismo, adoptó el nombre de su padrino de bautismo, el entonces coronel Palanca.
Cuando el llamado Gobierno de la Regencia le concedió el indulto, en enero de 1875, Carlos Palanca se retiró a Mallorca para establecer allí su residencia, pero la enfermedad que arrastraba le hizo regresar a Madrid, donde murió el 16 de junio de 1876.

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