02 de septiembre de 2019
02.09.2019

La Consolación más antigua

La iglesia de La Concepción esconde en la capilla del Cristo del Buen Viaje la imagen más antigua de la Diócesis Nivariense: una talla pequeña de Nuestra Señora de la Consolación del siglo XV

02.09.2019 | 02:42
Detalle de la imagen de Nuestra Señora de la Consolación.
La Consolación más antigua

Detalles únicos en su altar mayor, una importante huella genovesa, decenas de tumbas... La iglesia de La Concepción esconde múltiples detalles que solo descubren quienes se sumergen en ella en disposición de conocerlos y disfrutarlos.

Uno de ellos se encuentra en la capilla del Cristo del Buen Viaje. En una pequeña urna de cristal y madera que replica el expositorio de plata repujada del altar mayor, reposa desde hace años una pequeña imagen de Nuestra Señora de la Consolación.

Su tamaño, sin embargo, contrasta con la importancia que tiene tanto para esta parroquia como para la Diócesis Nivariense, pues, según detalla el mayordomo de la Virgen del Carmen, José Arturo Navarro Riaño, se trata de la obra más antigua de esta diócesis. Este honor lo tenía la imagen original de la Virgen de Candelaria, que desapareció durante un temporal que se produjo del 6 al 7 de noviembre de 1826.

Nuestra Señora de la Consolación, de la que se desconoce su autor, data del siglo XV y procede el antiguo convento de Santo Domingo, también conocido como convento de Nuestra Señora de la Consolación.

Aunque de estilo gótico, la imagen debió ser retocada en el periodo barroco por algunos detalles que presenta en sus vestiduras. También perdió -o le robaron- con el tiempo un niño que portaba en su mano izquierda y que fue sustituido por un libro. Fue traída a la isla por el Adelantado Alonso Fernández de Lugo.

Curiosamente, relata Navarro Riaño, su pequeño tamaño impulsó a los ricos fieles que por esos siglos vivían en Santa Cruz a sustituirla por una más grande, que hoy reposa en un altar de la iglesia de San Francisco.

En La Concepción, Nuestra Señora de la Consolación descansa en el altar del Cristo del Buen Viaje. En su origen de madera de Flandes, también fue devorado por el incendio que en 1652 arrasó la iglesia. El que luce ahora fue restaurado a finales del siglo XX con donativos de los fieles por los hermanos ebanistas laguneros Felipe e Isidoro Pérez García.

Junto al Cristo del Buen Viaje, una imagen del siglo XVII también procedente del convento de los Dominicos, figuran La Dolorosa y San Juan, dos obras del siglo XVIII esculpidas por el artista lagunero José Rodríguez de la Oliva.

Mientras, a ambos lados del altar están ubicados San Bartolomé, obra que José Arturo Navarro Riaño sospecha que es un antiguo San José que había en la iglesia, y San Lorenzo, que en origen estaba colocado en el altar mayor y que fue sustituido cuando se hizo el actual retablo.

La parte alta del retablo está coronada por un cuadro de San Juan Evangelista, mientras que en la pared derecha de la capilla está colgado el cuadro "Adoración de los Pastores", de Juan de Miranda, que fue regalado en 1773 a la parroquia por Bartolomé Antonio de Montañéz.

La huella Riverolo

Navarro Riaño se muestra casi seguro de que bajo la capilla del Cristo del Buen Viaje está el sepulcro de los Riverolo. Pero, ¿quiénes fueron? Explica el experto que eran importantes personalidades genovesas cuyo apellido -más tarde evolucionaría a Riverol o Riberol- es de origen ligur y que está datado desde la mitad del siglo XIV.

Fueron senadores, administradores del Banco de San Giorgio y armadores que comerciaban con España y los Países Bajos y que estuvieron inscritos en el libro de oro de la nobleza de Génova, desde que se creó este registro en 1528.

Uno de ellos, Francisco Riberol, se estableció en Sevilla e intervino en la conquista de Gran Canaria, La Palma y Tenerife adelantado dinero a la Corona de Castilla. Como contrapartida, recibió tierras en Gran Canaria y en Tenerife, lo que convirtieron en uno de los primeros terratenientes del Archipiélago.

El retablo de madera flamenca, del que ya solo queda del recuerdo, fue mandado a hacer por los familiares de Francisco que vinieron a Canarias y se establecieron aquí. El primero que de ellos fue Juan Bautista de Riberol.

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