29 de julio de 2019
29.07.2019
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La iglesia del Pilar recupera el primer retablo rococó de Canarias

Los trabajos de restauración, que se han prolongado durante casi un año, permiten recuperar el estado original de esta obra que se concluyó en el año 1775, realzando la policromía

29.07.2019 | 01:23
Fotografía del retablo, que integra la Asunción de la Virgen pintada en la cubierta, y detalles de la obra.

La parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en la capital tinerfeña, presentó la tarde-noche del pasado sábado su restaurado retablo de la nave central que pone en valor la primera obra de estilo rococó (Luis XV) que existe en Canarias, anterior incluso al de la Basílica de la Virgen del Pino, en Teror.

Después de un año de trabajos de rehabilitación, emprendidos desde el Cabildo de Tenerife siendo consejera insular de Patrimonio Josefa Mesa y en colaboración con la comisión de Patrimonio de la Diócesis que encabeza Miguel Ángel Mederos y la propia iglesia del Pilar, el párroco del templo, José María Rastrojo, celebró el resultado de la mejora que ha permitido recuperar "una catequesis que pasaba desapercibida".

En la presentación de la restauración del primer retablo rococó de Canarias, a la que asistieron el obispo de la Diócesis, Bernardo Álvarez, y el vicario episcopal de Santa Cruz, Juan Manuel Yanes, el misionero y párroco claretiano planteó varias reflexiones que, en su opinión, dejan el retablo y la obra de rehabilitación realizada por el equipo Estudio 5 y, en particular, por los expertos Pablo Torres Luis y Leticia Perera González.

Frente al mal estado de conservación como consecuencia del paso del tiempo, la polilla y el polvo, la restauración ha permitido recuperar el valor artístico del "mensaje de la fe", heredada del ayer. No se conoce al autor del retablo, pero sí a los ciudadanos del cielo que aparecen inmortalizados en la obra, y ahondar en "la belleza y armonía de la fe". Esta segunda reflexión descubre la "semilla evangélica", permanece la obra del arte de Dios y, con una restauración a fondo, presenta "un retablo que lleva al cielo", sentenció José María Rastrojo.

El historiador y experto en iconografía Jonás Armas Núñez, técnico del Servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife, contextualizó el valor de la obra. En su exposición recordó que el origen de la parroquia se debe al obispo Juan Francisco Guillén, natural de Zaragoza, que fue destinado a la Diócesis de Canaria (1739 y 1751); cabe recordar que la Diócesis de Tenerife nace en 1819. Según explicó Armas Núñez, el obispo designó a su sobrino José Guillén Pirón como administrador para la construcción del templo que se levanta en El Cerrillo de El Toscal. Cuenta Jonás Armas que José Guillén era propietario de varias casas de El Toscal y en todas colocaba una virgen del Pilar.

En 1951 comienzan los trabajos de construcción de la nave, donde se levantó el retablo que se culminó en 1775. Se tiene la certeza de su finalización porque al fallecimiento de José Guillén Pirón no pudo ser enterrado en el templo, sino que fue trasladado a La Concepción, porque continuaban aún las obras del retablo, y meses después, a su finalización, se trasladó el cuerpo a la iglesia del Pilar. Una placa, a la izquierda de la nave central, recuerda la contribución del clérigo presbítero racionero.

Al administrador parroquial se debe la "glorificación de la advocación mariana", realzó Jonás Armas, que pasó a describir la composición del primer retablo rococó que existe en Canarias, que tiene dos niveles y tres calles.

En el primer nivel, a la derecha, se veneró a San Bernardo (1090-1153), fundador y monje cisterciense, orden que se extendió por toda Europa y a quien se le atribuye su aportación para divulgar la devoción a la Virgen María. Su imagen fue reemplazada por San Antonio María Claret cuando la congregación claretiana asumió la parroquia de Nuestra Señora del Pilar. También en el primer nivel del retablo, pero a la derecha, se localiza una imagen de San Jerónimo, santo humanista que denota la preocupación del promotor del retablo.

En el segundo nivel, a la izquierda, está tallado San Valero, obispo de Zaragoza del siglo IV, que sufrió la persecución de Casiano y que fue desterrado por su tartamudez y precisar de un diácono para que lo ayudara en su oratoria. Y a la derecha, a San Braulio, discípulo de San Isidro, un relevante intelectual de Sevilla del siglo VIII. Este obispo de Zaragoza, que fue designado patrón de la Universidad en Aragón, aparece representado junto a una bola de fuego. En la calle del centro del retablo, en ese segundo nivel, se representa a Santiago y a sus siete discípulos, en lo que se denomina el rompimiento de gloria. El patrón de España aparece mirando al cielo y, en una escena cortada, porque se localiza en la cubierta, de la nave, fuera del retablo, está pintada la Asunción de la Virgen, que se había pintado 20 años antes a la construcción del retablo.

Los restauradores de la obra, Pablo Torres y Leticia Perera, describieron que el retablo fue realizado entre 1770 y 1775 y puede observarse "el delicado tallado de la profusa y elegante decoración y especialmente en la introducción de las columnas de fuste estriado".

Su autor es desconocido, aunque se cree que es foráneo y que corresponde a un taller determinado por el estilo que se ha localizado en otras obras.

El envejecimiento, la acción del hombre, la suciedad, la cera y un mal tratamiento hicieron que la carcoma y las termitas, más la humedad, llegaran a destruir el 40 por ciento del soporte, acabando un repintado monocolor con los rebordes dorados y la policromía hoy recuperados.

Tres modificaciones afectaron al retablo en sus casi dos siglos y medio de vida. La primera, a finales del siglo XIX, cuando se condenaron dos puertas, así como una variación en la hornacina, en la época en la que los misioneros claretianos asumen la parroquia. Otra intervención se realiza en el primer cuarto del siglo XX y la tercera, en los años sesenta, para la adaptación del sagrario y a la nueva estética del Concilio Vaticano II.

Desde el sábado, el primer retablo rococó de Canarias luce en todo su esplendor, gracias a la tarea de recuperación que defendió el nuevo consejero insular de Patrimonio Histórico, el socialista José Gregorio Martín, ingeniero civil por la Universidad del Zulla (Venezuela) y licenciado en Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna, quien reconoció su emoción por estrenarse en un acto público precisamente en la parroquia donde fue bautizado y confirmado.

Las dos partituras interpretadas por Carlos Ule en el órgano también restaurado en el mandato anterior por el Cabildo de Tenerife contribuyeron a elevar la solemnidad de un acto que culminó con la nueva bendición del recuperado retablo que se puede visitar en la parroquia del Pilar.

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