ESTUDIO DE AEGON
La inteligencia artificial irrumpe en la consulta médica: "Muchos pacientes llegan ya con el diagnóstico"
El estudio de Aegon revela que un 18,6% de los españoles ha usado la IA para temas de salud, porcentaje que asciende al 33% entre los jóvenes de 18 a 25 años

Archivo - Imagen de archivo de un médico / ARCHIVO
El uso de la inteligencia artificial (IA) para resolver dudas relacionadas con la salud sigue creciendo en España, especialmente entre los más jóvenes. Así lo reflejan los nuevos datos del VIII Estudio de Salud y Estilo de Vida de Aegon, que por primera vez incorpora este análisis.
Según el informe, un 18,6% de los españoles afirma haber utilizado alguna herramienta de IA para gestionar su salud. El porcentaje se eleva entre los jóvenes de 18 a 25 años, donde alcanza el 33%, mientras que en los grupos de entre 18 y 40 años, más del 50% ya la ha utilizado o estaría dispuesto a hacerlo. Por regiones, Baleares (26,9%), La Rioja (25,8%) y Madrid (25%) lideran el uso, mientras que entre los mayores de 55 años el porcentaje desciende de forma notable, situándose en poco más del 7%.
“En realidad, el interés del paciente por anticipar su diagnóstico no es algo nuevo. Siempre ha existido. Antes eran las enciclopedias médicas en casa. Después llegaron los buscadores como Google. Ahora estamos en la etapa de la inteligencia artificial”, explica el doctor Antonio García Antrás, gerente médico de la zona sur en Aegon. “Lo que cambia no es la inquietud del paciente, sino la sofisticación de la herramienta con la que accede a la información”.
El especialista insiste en que el problema no es informarse, sino quedarse solo con esa información. “La medicina no funciona únicamente con listados de síntomas, sino con contexto clínico, antecedentes, exploración física y valoración probabilística. Un mismo síntoma puede significar cosas muy distintas según la edad, los factores de riesgo o la historia previa del paciente”, señala.
Desde su experiencia profeisonal, la intervención del sanitario sigue siendo “primordial” en la medicina asistencial. “La empatía es uno de los valores más importantes en la relación médico-paciente. Aspectos como la confianza o incluso el lenguaje no verbal pueden resultar cruciales para emitir un buen diagnóstico”, añade.
En cuanto a los motivos que explican el auge de estas herramientas tecnológicas, García Antrás apunta a factores generacionales y culturales. “Los jóvenes son nativos digitales: han crecido resolviendo dudas a través de la tecnología. Además, valoran mucho la inmediatez. La posibilidad de obtener una respuesta en segundos encaja con sus hábitos”, explica. A ello se suman la sensación de autonomía, la ausencia de trámites administrativos y la posibilidad de no interactuar directamente con otra persona.

Archivo - Imagen de recurso de inteligencia artificial (IA). / SOPRA STERIA - Archivo
Para el especialista, no se trata de un cambio puntual, sino estructural. “La inteligencia artificial no solo ofrece información, sino que la organiza y la presenta con apariencia de orientación personalizada. Eso puede generar una sensación de certeza que no equivale a un diagnóstico clínico real”, advierte.
En consulta, este cambio ya es una realidad. “Cada vez es más frecuente atender a personas que llegan con hipótesis muy definidas. Antes decían ‘lo he buscado en internet’; ahora dicen ‘la IA sugiere que podría tratarse de…’”, señala. En algunos casos, esto facilita la consulta al aportar una descripción más estructurada de los síntomas. En otros, puede generar ansiedad, especialmente cuando se mencionan enfermedades graves poco probables.
En medicina se trabaja con probabilidades
“El trabajo del médico consiste en escuchar, validar la preocupación y reencuadrar la información dentro de un análisis clínico completo”, explica. Y añade: “No debemos ser reacios a estas herramientas, sino ayudar a los pacientes a entender el papel real que desempeñan”.
Entre los principales riesgos, destaca la descontextualización clínica. “La inteligencia artificial puede ofrecer escenarios posibles, pero no puede explorar físicamente al paciente ni detectar signos clínicos sutiles”, afirma. También alerta del riesgo de falsa tranquilidad o, en el extremo contrario, de alarmismo innecesario, así como de la llamada “cibercondría”, que incrementa la ansiedad tras consultar información médica repetidamente.
“En medicina trabajamos con probabilidades: lo frecuente es frecuente y lo raro es raro. Sin esa contextualización, el paciente puede sobrevalorar escenarios poco probables”, concluye.
En este contexto, los expertos coinciden en que la inteligencia artificial puede ser una herramienta útil como orientación, pero insisten en una idea clave: el diagnóstico y las decisiones terapéuticas deben pasar siempre por el criterio de un profesional sanitario.
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