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Opinión | En el camino de la Historia

Una tregua vendría bien

Militares patrullan las calles de Ceuta, a 29 de agosto de 2026, en Ceuta (España). La movilización, de marcado carácter pacífico, ha sido convocada por varias asociaciones vecinales bajo el lema ‘Ceuta unida, Ceuta en paz’. Otra marcha prevista para esta noche ha sido finalmente cancelada por sus organizadores para evitar que se les unan personas "que alienten la violencia", alertados por la posible llegada de grupos ultra. 29 AGOSTO 2026 Marcos Moreno / Europa Press 29/08/2026. Marcos Moreno

Militares patrullan las calles de Ceuta, a 29 de agosto de 2026, en Ceuta (España). La movilización, de marcado carácter pacífico, ha sido convocada por varias asociaciones vecinales bajo el lema ‘Ceuta unida, Ceuta en paz’. Otra marcha prevista para esta noche ha sido finalmente cancelada por sus organizadores para evitar que se les unan personas "que alienten la violencia", alertados por la posible llegada de grupos ultra. 29 AGOSTO 2026 Marcos Moreno / Europa Press 29/08/2026. Marcos Moreno / Marcos Moreno / Europa Press

Qué bien le vendría al mundo, donde los conflictos no cesan, hacer un parón que se traduzca en una tregua donde olvidemos que «el hombre es un lobo para el hombre», según la frase popularizada por el filósofo inglés Thomas Hobbes .

Que llegue, más allá del imaginario, el respeto mutuo y que el rabillo de ojo deje de ser traducción de desconfianza, o lo peor, enfatizando aquello de «en la bajadita te espero». Como si la fiera enjaulada esté presta a practicar venganzas; o a sacar la maña del traspiés.

Qué necesario sería que el libro volviera a la mesilla de noche y que antes de disponernos a dormir discurramos por el tránsito donde siquiera un mal sueño tuviera cabida. Y enlazáramos proyectos comunes que se han quedado atrabancados por las envidias de no ser «menos que el otro».

Qué importante que nos recreemos en los sabios manifiestos que dieron impulso a lo humano y dejemos atrás los retranqueos de los malos modos, de los silencios buscados en los rescoldos de «la mala uva».

Qué gratificante que nos ocupáramos de las cosas sencillas, sin tapujos y grandilocuencias acordándonos de Antonio Azorín: «la elegancia está en la sencillez». Complicar cuestiones es una vuelta al principio, a la rémora que impide avanzar, a la puñalada trapera como si fuéramos enemigos de nosotros mismos.

Ya que como ayuda, además, no puede existir nada mejor que los lugares relajantes que poseen las islas que llegan con cierta facilidad, a la memoria, sin atraerlos, por sí solos con toda la carga emotiva del rincón aquel que en realidad era toda la isla; el que unía y era capaz de regalarnos las páginas de una historia y de una proyección del camino que apuntaba hacia adelante, sin rencor ni asperezas, limpio, dispuesta a escribir, una y otra vez y con letras grandes, la palabra CONCORDIA.

Una tregua nos hace falta, pero sabemos la dificultad que esto encierra dado el acoso reiterativo de los que piensan que se lo saben todo, aunque ignoren que su carcajada revierte hacia ellos como testigos mudos de una historia mal contada.

Decretar una tregua que llegue a un mundo lleno de gritos, de aspavientos, de amenazas donde el lirismo forma corro con la estupidez que se reafirma en la esquinas del poder.

Una tregua ante las amenazas de destrucción que es la cantinela del malévolo , del resabiado y , sobre todo, el fácil argumentario del que no tiene nada que decir. Ya que se han quedado sin palabras adecuadas supliéndolas por la violencia, por el gesto adusto y por los dedos inquisidores con los que continúan marcando las rutas del desahucio sin percatarse de su peligrosa inutilidad disfrazada con el ropaje de los impostores.

Entendemos que no es fácil hablar de treguas, dado que los compromisos de los magnates que mueven el mundo tienen tanto poder que han ido estrangulando la esencia y la legitimidad de lo humano.

Por lo que ante esta situación se llega a pensar que poco falta para que los robots con sus engranajes de autómatas nos sustituyan, pero al menos que no nos quede la magua por no haber solicitado un parón, una tregua, que permita que aún podamos pensar, reflexionar para no ir a ciegas, tal vez, al abismo, o cuando menos a no ser copartícipes de esta feria de la confusión que no cesa

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