Opinión | NOTAS DEL MÓVIL
Siempre quedará la certeza de que llegará septiembre

Cerrado por vacaciones / @JVANGAAA
Se acaba agosto y con él la idea, a estas alturas casi infantil, de que no pasa el tiempo, de que siempre quedará un trocito más de verano. Creo que nos es inherente el atravesar la vida con la ilusión de que todo dura, de que siempre hay una tarde más para tomarse un café en la terraza.
El acto de sentarse y escribir en un folio reciclado o una vieja factura “cerrado por vacaciones, si Dios quiere”. El olor de la tinta fresca en el papel y el proceso engorroso de encontrar dónde acaba la cinta adhesiva para poder sacar un trocito y pegar el anuncio en la entrada. Dedicamos tiempo para avisar que nos vamos de vacaciones, de la misma manera que lo dedicamos para pensar cómo finalizar una relación. Dedicamos tiempo para anunciar que ponemos fin a algo que parecía infinito.
En verano se desdibuja la idea del tiempo. Comenzamos y acabamos los días a la vez. Nos movemos en la constante ilusión de que ese bucle no tiene fin, de que siempre irá todo más lento, de que las calles siempre estarán un poquito vacías, de que siempre habrá oportunidad de ir a nadar a la playa. Pero luego llega septiembre. Llega de golpe. Sin aviso.
Mi cumpleaños siempre ha sido una fecha curiosa porque en una cuestión de cinco días paso de vivir en la ilusión de agosto -en donde el tiempo parece ser algo moldeable y circular- al recordatorio más explícito de lo contrario -que el tiempo, en realidad, parece ser más rígido y lineal y que pasa sin frenos para mí y para el resto-. De repente tengo que volver a tomar dirección, decidir a dónde voy, seguir la recta del calendario. Poner los pies en la tierra y caminar hacia adelante, hacia el final del año, un año más, con otro verano que pasó y en el que no fui tanto a la playa ni di suficientes paseos con mi madre.
“Cerramos por vacaciones” con rotulador, no con IA, porque volveremos, porque dedicamos tiempo a avisar que nos sumergiremos en el sueño de agosto, porque no tiene que ser fácil y rápido, queremos que veas que le hemos puesto asunto, que tenemos el mismo miedo que tú de que llegue septiembre y haya que despegar el folio, arrugarlo y tirarlo a la basura, porque incluso su tiempo de anuncio es efímero.
Así que, como todos los años, se acaba agosto y la semana que viene es mi cumpleaños. Es hora de quitar el cartel de vacaciones porque sí las hubo, porque Dios sí quiso. Ahora solo me queda soplar las velas. Podría intentar desear un eterno agosto. Un trocito más de verano. Creo que en ese caso yo también lo anunciaría en un folio, escribiría con un rotulador negro que huela muy fuerte y lo pegaría con dos trocitos de cinta en vez de con uno. Me aseguraría de que está bien pegadito de la pared, de que no se va a caer, de que no se acabarán mis tardes de verano. Supongo que el poder de las velas no es tan fuerte. Supongo que siempre quedará la certeza de que va a llegar septiembre.
