Opinión | Politikón
La alegría de vivir

La alegría de la victoria / ALBERTO NEVADO
Me gusta decir que cuando estamos a punto de explotar emocionalmente, de pronto, aparece un pensamiento, una idea o una ilusión que te hace despertar; esa ilusión es lo que nos lleva a conectar de nuevo con esa alegría de vivir. Desde hace mucho tiempo, practico una norma que me suele funcionar; a veces, no sé si te ha pasado, te encuentras en momentos en los que casi no sabes ni por dónde empezar, aquellos en los que tienes que tomar muchas decisiones a la vez. Podemos pensar que lo que más nos puede ayudar para la toma de decisión es ordenar las prioridades y, aunque eso contribuye, también es positivo usar la herramienta de la espera: el poder de la espera es necesario para centrarnos, recabar más datos y, por supuesto, estar atentos, porque seguro que algo se nos escapó en el análisis. La célebre frase: «Ahora lo urgente es esperar», del destacado político de la Transición Pío Cabanillas, resume bien esta reflexión; ese poder que conlleva la espera. Además, siempre recomiendo no pasar por alto nuestra intuición, porque realmente la intuición es el resultado de nuestra experiencia emocional y de acción, aunque sutilmente archivado en esa parte menos consciente. La intuición es silenciosa y a veces repentina. Psicológicamente, la definimos como un proceso cognitivo que nuestro cerebro usa para procesar la información, sin la intervención de esa lógica formal. ¡Hagámosle más caso a nuestro pensamiento menos lógico!
Me pregunto si estamos inmersos en una era de la satisfacción regular, de la exposición de las situaciones alegres y de la contención de las tristes, o emocionalmente menos llamativas. Me gusta decir que no salimos de nuestra tristeza o de nuestra ira por la felicidad, sino por la ilusión. Podemos estar tristes e ilusionados, sentimientos que, aunque puedan parecer pareja, siento deciros, que ambos no van de la mano. La ilusión arrastra a candidatos a ganar y gobernar, o incluso a no ganar, pero sí a buscar la forma de entrar en gobierno. La ilusión te hace salir de esa emoción que no te gusta, porque, aunque no sea definitivo, el cambio de estado ha logrado moverte de ese lugar del que estabas. La ilusión te hace no juzgar, te hace ponerte en modo entender a la otra persona primero; porque el entendimiento también es el motor de la pasión por los demás. Si entiendes, conectas; en muchas ocasiones, lo que resuelve un problema es entender las claves de la otra persona, interpretar correctamente eso que le mueve.
Me encanta contarte que un candidato político sin ilusión difícilmente superará su velocidad o establecerá con garantías y bienestar su nivel de crucero… Siempre que volamos, el comandante es nuestra referencia, recordamos con cariño sus palabras cruzando una tormenta o viviendo esas turbulencias, su voz nos tranquiliza, y su entusiasmo e ilusión nos hace conectar. Sentimos que estamos en sus manos, y también en política lo sentimos así; la diferencia es que la Marca Política pasa por momentos críticos porque ha entendido que el liderazgo válido es aquel que tiene casi la obligación de dirigir mentalidades y no objetivos.
Actualmente, el liderazgo político considera que la base de su poder está en la intervención emocional por encima de la opinión que las personas puedan tener sobre un tema o aspecto concreto. La forma en cuestión ha terminado mediatizando el diálogo social y, lógicamente, minimizando la libertad de expresión y el valor que construimos sobre nosotros mismos. Se juega más al juicio de valor que al de los hechos.
Por eso, normalizamos, cuando psicológicamente no deberíamos, que nuestra ministra de Sanidad se sienta cómoda ofreciendo unas declaraciones públicas donde resalta los valores que predominan en la sociedad española; sobre conceptos de xenofobia totalmente desvirtuados, olvidando el miedo y la inseguridad que una situación como la de Ceuta ocasiona en las personas. Hablarle al pueblo ceutí de xenofobia demuestra desconocimiento de sus raíces y de su cultura, un desinterés en la preparación de su discurso político sobre su pasado, y lógicamente sobre su futuro. Todas estas declaraciones van cayendo en la sociedad como pequeñas gotas; quizás una sola no haga nada, pero acumuladas sí tienen su efecto y deterioran la convivencia y la autoestima. Y eso sucede porque no se hace distinción en los discursos verbales políticos, y finalmente se logra que las personas no opinen con la libertad emocional sobre un concepto, un hecho o un tema concreto.
Y sí, es el amor por la vida lo que debería de rodear a la Marca Política de cualquier cargo público y, como me gusta decir, a mayor altura, mayor responsabilidad, porque esa no se delega nunca… Facilitando que la ciudadanía ame la vida que lleva…
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