Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Análisis

Las verónicas y el patriotismo selectivo

Zona de Las Verónicas en Las Américas

Zona de Las Verónicas en Las Américas / El Día

Las Verónicas es un protectorado del hooliganismo más desagradable. Olor a pis y cóctel barato, aderezado con vaper sabor a frutas del bosque. Una zona acotada para delinquir y escenario de peleas medievales entre diferentes nacionalidades. Hemos permitido un modelo turístico que, primero, atrae deliberadamente a un perfil de visitante que viene a emborracharse low cost al sol, y después nos sorprendemos de que ese perfil se comporte exactamente como se esperaba que se comportara. Nadie va a Ginebra a partirse la cara en la calle. Vienen aquí porque saben que pueden hacer lo que quieran. El foco está también en el crecimiento de la actividad vinculada al narcotráfico en la zona durante los últimos años, una realidad que estaría detrás de algunas de las reyertas más graves, con enfrentamientos que han terminado con personas heridas de gravedad e incluso víctimas mortales. A ello se suma el incremento del tráfico y consumo de estupefacientes, con la presencia de sustancias especialmente peligrosas como el crack, agravando la sensación de inseguridad y deteriorando aún más la convivencia en la zona. Junto al estrés y la inseguridad asociados con la posibilidad de ser víctimas de actos delictivos, los comerciantes también enfrentan el desafío de lidiar con las repercusiones económicas. Están cansados y con miedo, como no podría ser de otra manera. Décadas del Lejano Oeste en nuestra tierra han facilitado que Las Verónicas sea y se anuncie como el paraíso para el exceso y el vandalismo, tal y como han informado en muchas ocasionados desde el tabloide británico. Si nunca has tenido la oportunidad de salir de noche por Las Verónicas, pruébalo y verás que no exagero. Las comparaciones son odiosas, pero necesarias. Baleares aprobó en 2020 un decreto contra el turismo de excesos que se aplica solo a tres zonas concretas, entre ellas Magaluf, y que prohíbe las happy hours, la barra libre, los party boats y la venta de alcohol en comercios durante la noche, con sanciones que van de mil a seiscientos mil euros. El Govern balear reconoce que ha funcionado para reducir la conflictividad. La norma sigue vigente hasta finales de 2027. Nadie ha inventado allí la pólvora, simplemente decidieron que ese modelo de turismo no compensaba. Mientras otros destinos han entendido que poner límites al turismo de excesos no es ir contra el turismo, aquí parece que solo nos queda agachar la cabeza y aguantar. Tocará aprenderse el himno del Birmingham, cantarlo mientras tragamos cervezas aguadas y asumir que la borrachera es un atractivo en esta zona del sur de Tenerife. Sería interesante saber dónde están ahora esos patriotas de pancarta fácil, los que dicen sentir miedo cuando ven a un grupo de migrantes por la calle o convierten al que llega en patera en una amenaza para la seguridad. Cuando Las Verónicas se llena de hooligans británicos borrachos, peleas y vandalismo, la defensa de España no aparece. Para algunos, la nacionalidad del que delinque importa más que el delito cometido. Las Verónicas y el patriotismo selectivo.

Tracking Pixel Contents