Opinión | Tal cual
España en deconstrucción

21/08/2026 Miembros de la Cruz Roja reparten comida a los inmigrantes en una playa, a 21 de agosto de 2026, en Ceuta (España). Ceuta sigue afrontando una grave crisis humanitaria después de la histórica entrada masiva de más de 70.000 migrantes a nado por el Tarajal durante los días 30 y 31 del pasado mes de julio. Aunque actualmente el despliegue policial y el refuerzo de la frontera por parte de las autoridades marroquíes han conseguido frenar las entradas, la ciudad autónoma sigue enfrentando una grave crisis humanitaria, sanitaria y de seguridad. POLITICA Marcos Moreno - Europa Press / Marcos Moreno - Europa Press / Europa Press
Lo sucedido recientemente en Ceuta (donde el 30 y 31 de julio fue invadida por una fuerza desarmada –un asalto híbrido dentro de una estrategia de zona gris– de 80.000 personas, tanto o más de las que residen en la ciudad, con la aquiescencia de Marruecos), fue, en palabras del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez,: «Una violación de la integridad territorial de España»; sin duda, algo serio, si tenemos en cuenta que dicho acto implica violar el derecho internacional al ocupar de forma violenta por una fuerza extranjera las fronteras reconocidas de una nación. No se trataba de migrantes, sino ocupantes.
Mientras estos hechos sucedían, en la embajada de Marruecos en Madrid, se celebraba el aniversario de la entronización del rey Mohamed VI, donde acudieron el ministro Planas, el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, o el expresidente Felipe González, entre otras personalidades del mundo de la política, la judicatura, la cultura o la comunicación.
Entretanto, el presidente español, suponemos que colérico, enrabietado, y preocupado por la situación –el uno de agosto comenzaba sus vacaciones y estaba viendo que entre unas cosas y otras (incendios e invasiones) se las iban a arruinar–, decidió ponerse serio y le dijo al ministro de exteriores, José Manuel Albares, que llamara al embajador de Italia a una consulta de protesta. ¿Al de Italia y no al de Marruecos? Efectivamente: no era permisible que el ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, vinculara la crisis invasora en Ceuta con la política de regularización de migrantes en España.
Se preguntarán ustedes: ¿pero luego llamaría a la embajadora de Marruecos, aunque todavía estuviera de fiesta? Pues no. De hecho, en 2024 el Gobierno exigió disculpas al presidente Milei por haberse atrevido a llamar a su mujer, Begoña Gómez, «corrupta»; pero, en esta ocasión, y después de casi un mes de la violación de la integridad territorial de España, todavía no ha llamado a la embajadora. ¿El motivo? Pues que Marruecos, según el Gobierno español, es un «país amigo», «aliado esencial», «socio fiable»… Es más, en un acto servil de degradación política y moral les dan las gracias por su supuesta colaboración teniendo en cuenta que, como reconoce el propio Gobierno español, Marruecos –su «real política»– es indispensable para el control fronterizo y la estabilidad geopolítica de la zona.
Y, mientras eso sucede, el «amigo» ministro de Justicia marroquí, insiste en recuperar Ceuta y Melilla, cuando históricamente jamás fueron suyas. Melilla es española desde 1497 y Ceuta, que en 1415 fue conquistada por Portugal, y, posteriormente, se integró en la Corona española en 1580. Marruecos, como Estado actual, se fundó en 1956. Con amigos así, ¿quién quiere enemigos?
¿Qué sabrá Mohamed de Sánchez para que actúe de esa forma? El caso es que Sánchez se fue de vacaciones al palacio real de La Mareta y dio por zanjada la cuestión. Eso sí, mandó a algunos de sus ministros más «incompetentes» para el fotocol político, para hacer como el que hacía algo. Mientras tanto, él buceaba, se bañaba en su playa particular, recibía visitas de sus familiares y amigos, todo ello pagado con el dinero de los contribuyentes, y con una seguridad que ya querían los ceutíes para su frontera. Su actitud hedonista nos recuerda a Nerón, ya saben, el que tocaba la lira mientras ardía Roma.
Transcurrido un mes, y una vez descansado el presidente de sus vacaciones, el Gobierno comienza a tomar decisiones –es necesario recordar que el Estado es quien tiene las competencias legislativas y de gestión al tratarse Ceuta de una ciudad autónoma–. Esas mismas medidas que el alcalde-presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas –al que habría que levantarle un monumento–, el PSOE de la ciudad ocupada y la oposición, vienen reclamando desde el primer día: la creación de un mando único, la convocatoria del Consejo de Seguridad Nacional (CSN) –el mismo que convocó de forma inmediata por la crisis del apagón o cuando la invasión de Ucrania por parte de Rusia–, declarar lo sucedido en Ceuta como de «interés para la seguridad nacional», determinadas medidas económicas y sanitarias, como el envío de 45.000 vacunas procedentes de las distintas comunidades autónomas.
Ahora, se ha producido un cambio en la gestión política de un Gobierno que pone de manifiesto la inacción, la arrogancia, la incompetencia, la desidia, la traición y el desprecio hacia los ceutíes en particular y hacia los españoles en general y, de camino, el vil y rastrero servilismo hacia Marruecos. Lo suyo habría sido celebrar el Consejo de Ministros y la reunión del CSN en Ceuta y que lo hubiera presidido el rey Felipe VI. Pero no hay lo que hay que tener.
Seguramente a Sánchez no le importa en absoluto la actual crisis política y social de España. El mismo levantó el muro divisorio, contribuyendo con su falta de responsabilidad y empatía a la desconstrucción de la cohesión nacional. También ha alimentado el incremento de los egoísmos independentistas, que ha dado como resultado la distorsión del propio concepto y la realidad histórica de España.
Todo ello nos lleva a recordar un célebre proverbio urdu que dice: «¿Qué importa la infelicidad cuando todos somos desgraciados juntos?» Y así nos va.
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