Opinión | Reflexiones
Integridad territorial marroquí, prurito anticolonial en la era poscolonial

Migrantes esperan en una cola, a 24 de agosto de 2026, en Ceuta (España). / Marcos Moreno - Europa Press
El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, ha reafirmado la semana pasada que las ciudades de Ceuta y Melilla constituyen un «derecho histórico y geográfico» de Marruecos, y llamó a crear un mecanismo de diálogo con España para abordar su futuro y lograr su «retorno al seno de la patria». Los derechos geográficos directamente no existen, como tampoco los climáticos, pero suenan al Lebensraum hitleriano sobre el este de Europa. Y los históricos, precisamente, por históricos, son de España, por eso, para colarlos han acuñado un remix histórico-geográfico. Marruecos lo que no hará nunca es referirse a la voluntad de sus habitantes.
Alall El-Fasi, fue un intelectual y político marroquí que fundó el partido Istiqlal luchó por la independencia de Marruecos y defendió a capa y espada la integridad territorial de Marruecos. Se llegó a la independencia liberando el país de los protectorados francés y español, la ciudad internacional de Tánger, Sidi Ifni y finalmente el Sáhara occidental. Para redondear esa integridad geográfica era preciso la liberación de Ceuta y Melilla. El Marruecos irredento. La independencia de Marruecos se produjo en 1956, cuando aún estaban en auge los procesos de descolonización y la emancipación de las naciones liberadas del yugo colonial. La vecina Argelia accedería a su emancipación en 1962.
Colonización y descolonización, emancipación y soberanía, no son derechos naturales y arbitrarios en su ejercicio y oportunidad, sino que están insertos en la historia, en procesos históricos determinados. Son fenómenos mundiales. Fuera de esa historicidad pueden revolverse en contra, como ha sido hace unos años Nueva Caledonia, que ha ratificado su inclusión en Francia. Si en este momento histórico la lejanía continental no te impide ser nacional de la antigua metrópoli, en igualdad de derechos, autonomía propia, respeto a todas las peculiaridades étnicas, podría ocurrir que naciones emancipadas durante la vigencia de la descolonización ahora se lo pensaran dos veces.
Cuando Marruecos habla del determinismo del dato geográfico territorial, a su continuidad y unidad, en realidad se está refiriendo a un proceso de descolonización inconcluso. Por eso el hincapié de tildar a Ceuta y Melilla de lo que no son precisamente: colonias. Dos grandes naciones musulmanas se extienden en dos continentes: Turquía en Europa y Asia, y Egipto en África y Asia.
Marruecos ya es una potencia económica, política y estratégica de África en un mundo globalizado, que es absolutamente poscolonial, capaz de regularizar en plena crisis de Ceuta a 50.000 subsaharianos, de construir el mayor estadio del mundo, el rascacielos más alto de África, la red de tren de alta velocidad mayor del continente, de tener el puerto más importante del mediterráneo como Tánger-med y hacer del de Casablanca otro principal.
Son muchos países y organismos internacionales los que consideran la ocupación del Sáhara occidental un acto de potencia colonial. No se puede ser todo a la vez.
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