Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | REFLEXIONES

Pedro Alfonso

Canarias y el turismo ante la crisis energética

Turistas caminando por el paseo de la playa de El Médano, en Tenerife.

Turistas caminando por el paseo de la playa de El Médano, en Tenerife. / Europa Press

Hay una amenaza para el turismo canario de la que hablamos muy poco. No es una crisis inmediata ni significa que los aviones vayan a dejar de volar cuando desaparezca el petróleo. Es un riesgo más profundo: ¿qué ocurrirá con Canarias si transportar millones de turistas desde Europa se vuelve estructuralmente más caro?

Nuestra condición insular convierte la conectividad en una infraestructura económica esencial. No tenemos trenes ni carreteras que nos conecten con nuestros principales mercados. El turismo depende de que millones de personas puedan recorrer miles de kilómetros de forma rápida y a un precio asumible. En ese sentido, nuestro modelo turístico es también un modelo energético.

La aviación deberá descarbonizarse. Europa ya ha establecido que los combustibles sostenibles de aviación deberán representar progresivamente una parte creciente del combustible utilizado hasta alcanzar el 70% en 2050. La cuestión, por tanto, probablemente no sea sustituir completamente el avión, sino sustituir la energía que lo mueve.

Los combustibles sostenibles y, especialmente, los combustibles sintéticos ofrecen una posible respuesta. Utilizando electricidad renovable puede producirse hidrógeno y, posteriormente, combinarlo con carbono para fabricar combustibles compatibles con la aviación. Esto permitiría mantener buena parte de las aeronaves e infraestructuras actuales.

Los aviones eléctricos presentan, por el contrario, importantes limitaciones para las distancias que separan Canarias de los principales mercados europeos. Las baterías pesan demasiado para almacenar la enorme cantidad de energía que requiere un avión comercial de largo alcance. El hidrógeno directo constituye otra posibilidad, pero exige importantes transformaciones tecnológicas y logísticas.

Por eso, el verdadero riesgo para Canarias no es quedarnos sin aviones. Es que volar sea mucho más caro.

Imaginemos que dentro de treinta años seguimos conectados con Londres, Berlín o Madrid, pero el coste real del transporte aéreo ha aumentado un 30%, un 50 % o incluso un 100%. Canarias continuaría siendo accesible, pero cambiarían las condiciones económicas sobre las que hemos construido nuestro turismo.

Los visitantes más sensibles al precio podrían reducir sus viajes o elegir destinos más próximos. Otros viajarían con menor frecuencia. Los segmentos de mayor renta probablemente mantendrían una demanda superior. La consecuencia sería una transformación del mercado turístico y de la financiación pública de los presupuestos.

Los barcos difícilmente resolverían el problema. Convertir unas horas de vuelo en varios días de desplazamiento reduciría enormemente la competitividad del destino para el turismo vacacional convencional. Además, el transporte marítimo afronta su propia transición hacia nuevos combustibles.

Esta posibilidad obliga a plantearnos dos respuestas.

La primera consiste en transformar el propio turismo. Si cada desplazamiento requiere más energía y resulta más caro, Canarias necesitará obtener más valor de cada visitante: mayor gasto en destino, estancias más largas, mayor productividad, mano de obra más productivos y actividades con mayor contenido local. El indicador fundamental dejaría de ser exclusivamente cuántas personas llegan y pasaría a ser cuánto valor añadido genera cada turista.

Pero existe una segunda respuesta todavía más importante: diversificar nuestra economía.

Y aquí nuestra geografía produce una paradoja extraordinaria.

Canarias está muy lejos de Europa cuando necesitamos transportar personas o mercancías. Sin embargo, esa distancia prácticamente desaparece cuando exportamos conocimiento, servicios digitales, software, creatividad o propiedad intelectual.

Deberíamos convertir esa realidad en un principio de nuestra estrategia económica: Cuanto mayor sea nuestra desventaja para mover materia y personas, mayor debería ser nuestra especialización en actividades cuyo valor pueda viajar sin mover materia ni personas.

Inteligencia artificial, software, ciberseguridad, audiovisual, industrias creativas, servicios empresariales avanzados, educación digital, investigación o servicios profesionales internacionalizables permiten generar renta exterior sin necesitar transportar físicamente al consumidor hasta Canarias.

Existe además otro espacio de diversificación relacionado precisamente con aquello que amenaza nuestro modelo actual. Canarias dispone de excelentes recursos solares y eólicos y ocupa una posición singular en el Atlántico. Hidrógeno verde, combustibles sintéticos, almacenamiento energético, economía azul, tecnologías marinas, astronomía, espacio, observación terrestre o investigación climática podrían convertirse en actividades con creciente contenido tecnológico y capacidad exportadora.

Esto no significa sustituir el turismo. Sería un error plantear la diversificación como una elección entre turismo o nuevos sectores. El turismo constituye una extraordinaria ventaja competitiva de Canarias y previsiblemente continuará siendo una actividad fundamental que debemos potenciar.

Diversificar significa que el turismo siga siendo importante sin que prácticamente todo dependa de él.

Podemos imaginar tres futuros. En el primero, la transición energética resulta barata y eficiente. Los nuevos combustibles permiten mantener una aviación asequible y el turismo canario continúa siendo extraordinariamente competitivo.

En el segundo, la tecnología funciona, pero viajar se encarece significativamente. Canarias necesitaría evolucionar hacia un turismo de mayor valor y menor dependencia del crecimiento permanente del número de visitantes.

Existe un tercer escenario, mucho más preocupante: que la energía alternativa resulte escasa o muy cara y nuestra conectividad pierda competitividad estructuralmente.

Pero deberíamos construir deliberadamente un cuarto escenario: una Canarias que haya utilizado las próximas décadas para reforzarse de manera eficiente y sostenible. Una economía que conserve un turismo potente, pero que genere simultáneamente una proporción creciente de su renta mediante actividades que no necesiten transportar físicamente millones de consumidores hasta las islas.

Porque quizá la pregunta estratégica no sea cuándo escaseará el petróleo, ni siquiera con qué combustible volarán los aviones en 2050.

La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿Qué economía deben os construir si algún día resulta mucho más caro llegar hasta Canarias?

La mejor póliza de seguros frente al futuro energético de la aviación no consiste únicamente en encontrar otro combustible para los aviones.

Consiste en construir una Canarias capaz de seguir prosperando aunque algún día resulte más caro atraer a los turistas. n

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents