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Opinión | Tribuna

Pelea entre moros y cristianos en Barlovento

Pelea entre moros y cristianos en Barlovento

Pelea entre moros y cristianos en Barlovento / Ayuntamiento de Barlovento

No la había visto nunca, pero siempre me llamaba la atención su anuncio. Así que, aprovechando que paso unos días en la querida isla de La Palma, me dispuse a ir a Barlovento el pasado domingo a lo que llaman La fiesta de moros y cristianos o Batalla de Lepanto, toda una representación histórica en vivo de un combate naval que sucedió realmente en 1571, cuando soldados cristianos contrarios al Imperio otomano asaltan un castillo musulmán, acontecimiento bélico naval ocurrido frente a la antigua ciudad de Lepanto (actual Naupacto), en el que Miguel de Cervantes perdió parte de su mano izquierda.

Barlovento se encuentra cerca de San Andrés y Sauces, y ambos, en el Noreste de la isla de La Palma, están unidos, y separados, por imponentes y profundos barrancos y una caprichosa carretera. En el trayecto abunda una sorprendente vegetación y no pocas viviendas y fincas agrícolas. Como fui con tiempo, pude aparcar céntricamente, y con la excusa del café en la terraza de un bar, trabé conversación con varias personas del pueblo, todas muy orgullosas de que Barlovento disponga de esta celebración.

—¿Y qué tiene que ver Barlovento con la Batalla de Lepanto? -les pregunté.

—Pues lo que sabemos es que cerca de aquí verá un castillo de ambiente y decoración moruna que, dentro de una hora, previo a un diálogo desafiante, va a ser asediado, destruido y quemado por soldados cristianos llegados por mar en llamativos barcos de guerra. Oirá cañonazos, olerá pólvora, y verá asalto y lucha cuerpo a cuerpo entre moros y cristianos de la Santa Liga, hasta que son vencidos y detenidos los supervivientes moros, culminando con cánticos religiosos a la patrona del pueblo, la Virgen del Rosario. Dependiendo del año que toque la Bajada de la Virgen de las Nieves, patrona insular (cada cinco años), momento de máxima llegadas de visitantes a la isla, se celebra cada dos o tres años, o según el calendario festivo local del pueblo.

—Está declarada Bien de Interés Cultural -apunta otro barloventero.

Según el Ayuntamiento, la alegoría que se escenifica es la que reconstruye con mayor rigurosidad los movimientos reales de la batalla, en la que se vuelcan todos los vecinos y vecinas en su deseo de participación según sus posibilidades, ya que en cada barloventero late el deseo de aportar lo mejor de sí mismo, ya sean diseñadores locales, costureras, personas mayores, banda de música, autoridades, Policía Local o jóvenes voluntarios que desfilan orgullosos llevando cautivos a los moros supervivientes de la escuadra del emperador turco Selín II.

También conocida por la Toma del castillo, Fiesta o Batalla de moros y cristianos o el Barco, se transmite muy fácilmente de generación en generación al tratarse de una manifestación cultural única, diferente a las que, sobre este episodio, se llevan a cabo en otros lugares. Los jóvenes de Barlovento reciben, entusiastas, el testigo de la escenificación de la Batalla de Lepanto, pues lo hacen conscientes del alto valor cultural que les compete mantenerla en el tiempo, así como sabiendo que se trata de una fiesta cuyos inicios se pierden en la memoria colectiva, constituyendo un hecho diferenciador del programa festivo del municipio. Puede decirse que la suma de los valores que encierra esta Batalla de Lepanto la convierte en el acto más emblemático de cuantos se suceden en la cultura tradicional de esta localidad.

¿Y por qué una batalla de Lepanto se representa en Barlovento a 2.300 millas náuticas? Pues resulta que, según las crónicas, uno de los soldados cristianos, el capitán Francisco Díaz Pimienta, probablemente nacido en Puntallana, participó en ella hace 455 años, el 7 de octubre de 1571, festividad de la Virgen del Rosario, a su vez, patrona de Barlovento. La Armada cristiana (Liga Santa) la comandaba Juan de Austria, al servicio del Rey Felipe II.

El ilustre capitán palmero se retiró a Santa Cruz de la Palma, falleció en 1610 y sus restos reposan en la parroquia Matriz de El Salvador. Se da la circunstancia de que, según el cronista Jaime Pérez García, un hijo natural del capitán, nacido en Tazacorte en 1594, del mismo nombre y apellidos, llegó a almirante de la Armada de las Indias, y a este y no a su padre, están dedicadas calles importantes en Santa Cruz de la Palma, Los Llanos de Aridane y Tazacorte.

En cualquier caso, lo que sí parece casi seguro es que el nexo de unión que da pie a esta celebración es la Virgen del Rosario.

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