Opinión | Visiones Atlántica
Hugo Luengo
Catástrofes

Bomberos trabajan para extiguin el fuego en la región de Megara, en el oeste de Atenas, el pasado 3 de agosto. / ARIS OIKONOMOU / AFP
Nos vemos sorprendidos por sucesos imprevisibles que desbordan la capacidad de respuesta por su magnitud y por poder enfrentarlos sin ayudas externas. Son «catástrofes» de «origen natural», incendios forestales, volcanes, Danas, terremotos. De «índole tecnológica», industriales, hundimientos, atentados, trenes. Y de índole «social-sanitario», pandemias, crisis de refugiados, colapsos demográficos. La respuesta no es operar desde la nostalgia o la ideología, pretendiendo regresar a un pasado que no existe. Dos posturas en los extremos, el «catastrofismo» que contempla el hecho y retrocede al actuar y el «negacionismo» que no cree en su identificación y remedios. Ciencia y tecnología deben guiar las acciones. Responder con «el que quiera algo que lo pida», eleva la irresponsabilidad de quien la traslada ajeno a sus obligaciones. Al igual que el discurso vacío del «cambio climático», sin soluciones ni presupuestos.
Empiezo por las «catástrofes de los incendios forestales». Clasificados en 6 generaciones y cuyo hilo conductor es el abandono rural. En la cuarta generación aparece la novedad de urbanizaciones y viviendas en el monte (la mayoría ilegales). La quinta suma grandes incendios simultáneos que desbordan la capacidad de extinción. Para llegar a la sexta, cuando la masa forestal es de tal calibre, que forma megaincendios con «pirocúmulos», que transforman la atmósfera y sólo se conducen perimetrándolos. El calentamiento intensifica el fenómeno, pero no es coartada para no ejercer la gestión forestal, cuyos costes son 10 veces inferiores al apagado. Exige intervenír sobre un marco administrativo perverso, que niega los aprovechamientos agrarios, ganaderos y selvícolas. El monte que no se aprovecha se quema. Y más grave aún el control de la «interfaz», de un mundo agrario vaciado, desde donde arrancan los incendios.
Circularmente en Canarias, la llegada del verano nos trae la catástrofe del «cierre de playas», derivado del vertido de aguas fecales, el e-coli y las algas rojas . El «Informe SOS Costas Canarias», denuncia la situación con el 72% de los vertidos sin autorizar, Tenerife a la cabeza con 291 puntos de vertido. La prioridad exige acelerar la modernización, completar redes y sus autorizaciones, El sistema es unitario y funciona de forma integrada, con inversiones millonarias que no se ejecutan, si bien nos las cobran en la factura. En la UE España acumula unos 100 millones de euros de multas por vertidos. Añadimos otra «catástrofe», las pérdidas de más del 50% del agua en las redes públicas de abastecimiento.
«El Plan Hidrológico Nacional», equilibraba los caudales de todas las cuencas hidrológicas de España, asegurando agua para todos. Control de cuencas , avenidas de cauces y barrancos, con acciones técnicas, económicas y trasvases. Volvemos a encontrarnos con las legislaciones autonómicas regresivas, que impiden actuar sobre las cuencas, y se demuelen presas y azudes. Como vimos en la DANA de Valencia, que ocasionó un coste no inferior a los 50.000 millones de euros. Al igual en los terremotos es preferible la respuesta de Japón que la de Venezuela. Y las «catástrofes» de los trenes y de Redeia, se elevan debido a su baja inversión en mantenimiento y gestión.
La «catástrofe fronteriza» de Ceuta, aparece agravada por un estado que ha renunciado al control de sus fronteras y con ello a la soberanía española, de más de 500 años. Vemos cómo el sistema de fronteras, que tiene doble puerta entre naciones colindantes, se abre a más de 72.000 inmigrantes ilegales de la globalización, atraídos por el efecto llamada. Mientras, asistimos a la recepción en la embajada marroquí en Madrid, llamamos al embajador italiano a consultas. Cuando proponen 22 países de la UE, liderados por Meloni y la socialdemócrata danesa Frederiksen, expulsarnos del espacio Shengen, por violentar los acuerdos comunes en inmigración y defensa. Que nos alejan de la UE, de la OTAN y nos enfrentan a EEUU. Con una frontera Sur, África-Sahel, sin conciencia de sus riesgos.
Sumamos la «catástrofe demografía-inmigración», La bomba de la demografía es de efecto retardado, pero sus conflictos ya están aquí. El mundo se enfrenta a una demografía en extinción, de la que hoy sólo escapa África. Y arrastramos una inmigración gestionada en «catástrofe», sin prioridades ni modelo. Hostelería, construcción, mundo agrario y economía digital, no encuentran trabajadores, Y sufren las estadísticas con una demografía que amenaza vivienda y pensiones. Inmigración y vivienda son hoy las prioridades.
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