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Opinión | Retiro lo escrito

Tirando billete

El tipo aparece sonriendo con una camisa de lino y sentado en un sillón blanco. En el momento de colgar el vídeo es Instagram todavía estaba ardiendo medio Madrid y se recogían cadáveres de marroquíes frente al espigón de Ceuta, que muy pocas horas antes había sido asaltada por varias decenas de miles de personas. Intento recordar a cuántos primeros ministros europeos se le han metido más de 50.000 foráneos en sus fronteras en menos de veinticuatro horas y, por supuesto, no me viene ninguno a la memoria. Pero si hay alguien que sabe refugiarse en las excepcionalidades es este sociópata guapetón que te recomienda tres canciones con una sonrisa donde ha desaparecido todo maquillaje cadavérico. Cuando procesan a su esposa lo mejor es posar como un gigante dolido, flaco y tuberculoso; cuantos presides desastres y catástrofes debe optarse por un rostro relajado, limpio, sin tensiones ni arrugas.

Dicen que al día siguiente de visitar Ceuta para pasear por aquí y por allí brevemente y proferir un montón de naderías cogió el avión oficial con su familia y se marchó a La Mareta. Dicen los que conocen la agenda presidencial que la tiene absolutamente despejada para los próximos veinte días. Y aunque ya cualquier asombro ante el sujeto sea pura pornografía de la estupidez te quedas inevitablemente atrapado por las preguntas. ¿De veras que no queda nada que hacer respecto a las crisis en curso? ¿Ha llamado al menos a la primera ministra de Italia, como le dijo aquella vez, la querida Giorgia? ¿Envía una cartita a la comisión de folio y medio y se manda a mudar? ¿Dónde queda ese respeto y prestigio que los incansables babosos insistían en señalar, la admiración que le acompañaba como un animal doméstico en todas las cumbres y cumbrecitas de la UE? Que los retenes terminen de apagar el fuego. Que la Guardia Civil extraiga el último cadáver del mar en Ceuta. Él estará pillando bronce en La Mareta. Pero en realidad es un espejismo. Siempre está de vacaciones, salvo cuando se trata de asegurar que su hermoso pellejo continúe en La Moncloa. Lo que ocurre es que tal objetivo consume una cantidad ilimitada de tiempo y energía. Su España no es un proyecto de país, sino un conjunto de simulacros. Entiéndase simulacro como lo definió Baudrillard: una copia sustitutiva de la realidad sin origen ni referente, un signo que pretende suplantar a esa realidad tan triturada por la palabrería que ya no es identificable, una transformación de las funciones del lenguaje para que distinguir entre lo real y lo artificial linde con lo imposible. Desde 2023 se ha evidenciado que no existe otro objetivo que ir tirando y si para conseguir culminar tan noble hazaña se debe llevar el sistema público de pensiones a la ruina o convertir el modelo de financiación autonómica en una tómbola o crecer económicamente por el procedimiento de meter a gente en el país ganando el SMI, pero con sanidad y educación gratuitas, mientras la productividad se estanca o crece miserablemente o promulgar una amnistía abyecta que se hace pasar como instrumento de pacificación y concordia democrática, o se transforman los medios de comunicación públicos en cuevas de mercenarios pues se hace, y no ocurre nada mientras tiene condenador y/o procesados por corrupción a docenas de militantes, incluyendo a una veintena larga de caros públicos. El Gobierno se mueve mucho, habla continuamente, remite mensajes y troleos, pero el Estado deja en el desamparado a los ciudadanos: chocan o dejan de funcionar trenes, se producen inundaciones asesinas, el suministro eléctrico se interrumpe durante horas en todo el país. No nos atrevamos a sentirnos víctimas: la única víctima aquí es el Gobierno progresista. Qué valiente es mi niño bello, en medio de todo esto, recomendando canciones. Creo que eligió esta de Quevedo porque, a su modo, se siente retratado: «Hoy me levanté guapo, lindo como siempre/me puse las Jordan, las cadena, los pendiente/ Aquí ya soy leyenda aunque yo siga en mis veinte/yo no vuelvo a trabajar, que diosito me bendiga/ me santiguo y tiro un beso pa los de arriba/ voy a seguir cantando hasta que dios diga/ soporten a Pedrito mientras viva/ cobrando cheques, tirando billete».

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