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Opinión | Azul y blanco

La inocencia

Inocente es aquella persona libre de culpas. También se dice de quien carece de malicia o no tiene picardía.

Tal fue el comportamiento de Zapatero en la cadena pública de televisión. Cuando el entrevistador le preguntó por las joyas, respondió, con rotundidad, que se trataba de un regalo de cortesía; recibido hacía ya muchos años. Rufián, pícaro, recordó que una cesta de navidad es un verdadero regalo de cortesía.

En otro momento, cuando Zapatero era presidente, en sus años más místicos, nos sorprendía con su filosofía de más hondo calado, que aún hoy retumba. Sirva el siguiente ejemplo: «La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento».

Es evidente que Felipe González no lo tiene como referente de pensamiento. Así, sin florituras, espetó: «no veo a ZP con capacidad para montar una ingeniería financiera y una empresa offshore; y menos en paraísos fiscales». ZP, con sorna, le dio la razón: «Puede que Felipe sepa lo que es un paraíso fiscal. Yo no, como él bien dice; ni sé tampoco lo que es una offshore».

El viento viene y va. Unas veces nos trae. Otras, nos lleva. Nos trae la abundancia (joyas, dinero, influencia); las manos se llenan. Después, se meten en los bolsillos. Puede que nos lleve a lugares oscuros; no porque falte la luz, sino porque fantasmas autocreados aparecen: «¿Por qué a mí?».

Entonces, cuando lo que mandan pierden la vergüenza, el Pueblo (los que debemos obediencia) pierde el respeto. De no ser así moriríamos; de rabia y de impotencia.

Pedro ha dicho, cuantas veces ha podido, que las elecciones generales serán convocadas… cuando toque. En 2027.

Sin embargo, los motores de los partidos, esos que empiezan a rugir cuando se barrunta elecciones, ya están calentando. Para cuando llegue la fecha, que estén los deberes hechos.

Decía Freeman Clarke que un político piensa en las siguientes elecciones; mientras que un estadista (un político que piensa a largo plazo, busca la unión de todos ante las crisis, respeta las instituciones y tiene sentido ético) piensa en las siguientes generaciones. La conclusión es clara: no tenemos estadistas.

En breve, comenzará de nuevo la lluvia de promesas. Canarias será un paraíso a niveles nunca conocidos. Nadie se irá al otro barrio sin un diagnóstico facultativo previo; las carreteras serán sedas deslizantes para nuestros vehículos y las playas canarias se verán libres de e-coli, contaminantes, colillas y plásticos. Y mucho más.

José Mújica, presidente de Uruguay, dijo que «la política es la lucha por la felicidad colectiva». Pero antes que él, y en nuestra bendita tierra, ya el presidente Adán Martín se preocupó por la felicidad de todos los canarios; manifestada en su legendario discurso de investidura de la VI Legislatura, en nuestro Parlamento: (…) «el deseo de conseguir las condiciones objetivas para la felicidad de las personas (…)».

Tras las elecciones, tendremos la habitual cachetada de realidad. Después, hasta el 2031… si el cuerpo resiste.

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