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Opinión | Observatorio

Los Desastres de la Guerra

Archivo - Imagen de archivo de un petrolero en Ormuz

Archivo - Imagen de archivo de un petrolero en Ormuz / Xinhua / Xinhua News / Europa Press / ContactoPhot

Entre 1810 y 1820 –la fecha final sigue siendo objeto de debate–, Francisco de Goya realizó 82 grabados titulados Los Desastres de la Guerra. La primera edición apareció en 1863, publicada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, aunque esta edición sólo incluye 80 grabados. La serie muestra las consecuencias de la Guerra de la Independencia española. Todos los grabados son un directo a los sentimientos. El número 59, contiene el texto siguiente: De qué sirve una taza? (sin ¿). El grabado muestra a personas tendidas en el suelo y una mujer que las asiste con sólo una taza en la mano.

La mujer, conmovida ante la desgracia, recuerda lo que escribió Adam Smith en el primer capítulo de La Teoría de los Sentimientos Morales, titulado De la Simpatía, cuya primera edición es de 1759, anterior pues a Investigación sobre la Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones, «Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existe evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de estos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla». La generalización olvida que unos causan las desgracias, otros las padecen y algunos se enfrentan a las tareas de auxilio con sus escasos medios. La «simpatía» no existe en la naturaleza de todos.

El grabado es una representación del dolor causado por la guerra y de la inutilidad de los sentimientos de compasión. Las acciones de simpatía hacia los que padecen son poca cosa comparada con los enormes daños causados por la guerra, por esto, ¿De qué sirve una taza?

En el grabado no hay referencias espaciales ni temporales, lo que subraya la universalidad de los hechos: en las guerras todo es desolación, y frente a tanta desgracia, sólo una taza; esto es, el alivio que pueden ofrecer las personas es manifiestamente pequeño.

En consecuencia, sólo la renuncia a la guerra como medio de resolución de conflictos, evita que se produzcan las terribles consecuencias. Una vez que la guerra empieza, se trata de hacer mínimos los daños, que no es poco. Parece, sin embargo, que las partes involucradas en las guerras de Ucrania y Oriente Medio piensan lo contrario.

Las guerras producen efectos directos sobre las personas que viven los territorios en conflicto y sobre otras que habitan en lugares alejados. Desde luego, no son comparables. Los efectos se trasladan a través de la economía y terminan reduciendo el bienestar de las personas por lejos que vivan. Así que la guerra se sabe cuándo empieza, pero no cuando termina, ni el alcance de sus consecuencias. Estamos en ese punto.

Tras más de cuatro años de guerra, Rusia y Ucrania siguen sin encontrar una vía de acuerdos. La economía de Ucrania está destrozada y la de Rusia sufre escasez de combustibles derivado de los ataques con drones a las refinerías. Rusia, una potencia petrolera mundial, tiene necesidad de importar el producto de India y Bielorrusia, dada la mermada capacidad de sus refinerías. Ucrania tiene dificultades para estabilizar el gobierno tras los conflictos ocurridos en la cúpula militar y los casos de corrupción.

Cuando parecía que los precios se estabilizaban, eso sí, a niveles mucho mayores que antes de la guerra de Ucrania, se agudizaron los problemas en Oriente Medio. El ataque de Hamás a Israel, de 7 de octubre de 2023, provocó crímenes, hambruna y destrozo de las infraestructuras públicas y privadas en territorio palestino. Y la guerra entre EE. UU, Israel, sus aliados, e Irán y el Líbano, continúa produciendo espanto.

De nuevo, la inflación se ha disparado. El índice general de precios al consumo se ha incrementado desde junio de 2025, fecha de inicio de la llamada Guerra de los Doce Días, hasta junio de 2026, en 3,4 puntos en Canarias y 3,2 en España. Los mercados de petróleo, gas, urea y amoníaco están afectados por el cierre del Estrecho de Ormuz. Hasta ahora, los mercados de hidrocarburos han tenido un efecto sólo relativamente importante en la economía internacional.

Algunos elementos han jugado a favor. Los países han puesto en el mercado parte de sus reservas y han ido llegando a los destinos los hidrocarburos que ya estaban en el mar. El petróleo de Arabia Saudí ha transportado por el oleoducto que atraviesa de Este a Oeste el país, hasta las instalaciones de Yanbu en el Mar Rojo. China ha reducido su demanda interna y está invirtiendo intensivamente en energías verdes en otros países a través de la Iniciativa La Franja y la Ruta (20.100 millones de dólares en el primer semestre de 2026, más que en todo 2025).

Pero las recientes amenazas de los hutíes a los buques que navegan por el Mar Rojo, ha añadido una dosis más de incertidumbre. Si los hutíes lograran bloquear el Estrecho de Bab el-Mandeb, el petróleo que hasta ahora estaba siendo exportado por Arabia Saudí, unos 3,6 millones de barriles diarios, dejaría de llegar a los mercados, incrementando los precios. Financial Times ha informado que las compañías de seguros de guerra han dado instrucciones a los corredores de que excluyan a los buques de Arabia Saudí que transitan por el Mar Rojo. No obstante, los informes dudan sobre la cantidad de barcos que atraviesan el Estrecho, teniendo en cuenta que apagan los medios de localización para ocultar la posición.

Como las desgracias nunca vienen solas, hay también problemas en el Canal de Panamá. La Autoridad del Canal de Panamá ha restringido el sistema de reservas para utilizar el tránsito entre el Pacífico y el Atlántico, a partir del 25 de julio, debido a la caída del nivel de agua del lago Gatún producida por El Niño, aunque de momento sólo afecta a buques de carga intermedia.

Los peligros de inflación tienen otros efectos sobre la economía internacional. La extensión en el tiempo de la Guerra de Irán, y los incrementos de los precios del petróleo, ha hecho que los bancos centrales estimen la posibilidad de subidas de los tipos de interés para contener la inflación. Esta es la reacción de manual. Pero, la subida de los tipos de interés produce también efectos negativos sobre la actividad productiva y el empleo.

Para completar el panorama sombrío, hay que mencionar las decisiones del presidente de Estados Unidos sobre aranceles. La nueva disculpa para la subida de los aranceles a productos de sesenta países es tan ridícula que daría risa si no fuera por la importancia de los efectos negativos sobre el comercio mundial: el presidente y el representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, tienen un nuevo pretexto para los aranceles generalizados: la lucha contra el trabajo forzado. Tanta creatividad podría orientarse a hacer el bien.

La extensión de la guerra hará que los mercados de hidrocarburos vayan reflejando la escasez, y las consecuencias llegarán a todos los lugares y con toda intensidad. De momento, el valor unitario de las importaciones en Canarias se ha incrementado en un 33,8% hasta mayo, respecto a la media de 2025. Poco a poco, los precios de las importaciones se trasladarán a los precios al consumo. Podemos esperar que los meses que restan del año serán duros para el poder adquisitivo de los salarios. Además, las subidas de los tipos de interés, si es que se producen para controlar la inflación, tendrán un notable efecto sobre el crecimiento económico y el empleo.

Así está nuestro mundo. Muchas personas sufren las consecuencias de las guerras, otras intentan auxiliar en lo que pueden, pero resulta un inútil intento. La bondad no está de moda; la maldad, sí. La maldad desprecia el sufrimiento y presenta como admirable la falta de respeto. A algunos les hace gracia. El «buenismo», en tanto que se asocia a la ingenuidad y la ñoñería, es ridículo, pero el «malismo» es despreciable.

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