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Opinión | Retiro lo escrito

La nueva Europa y Canarias

El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo.

El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo. / Miguel Barreto/Efe

El presidente Fernando Clavijo quiere utilizar el próximo Consejo Europeo, fijado para el 15 de octubre, para que se materialice en el mejor contexto la propuesta que hace meses le transmitió a Pedro Sánchez: celebrar una cumbre entre los presidentes de las Regiones Ultraperiféricas y los máximos representantes de los gobiernos de España, Francia y Portugal. En su día a Sánchez le pareció muy bien reunirse con las RUP y aseguró que participaría en el encuentro. Pues bien, la cumbre con las RUP podría celebrarse 24 o 48 horas antes, y españoles, franceses y portugueses comunicarían sus resultados a sus socios del Consejo Europeo, el motor estratégico de la Unión, en el que los jefes de Estado o de Gobierno debaten, consensuan y aprueban las estrategias centrales y las prioridades básicas de la federación europea.

Es difícil exagerar la trascendencia de lo que Clavijo y los demás responsables de las RUP quieren debatir con sus madres patrias para buscar su protección: el próximo Marco Financiero Plurianual de la UE para el periodo 2028-2034. La mayoría desconfían de la propuesta de la Comisión y su clara voluntad de trasformar la estructura presupuestaria de la federación Europa. Primero la Comisión quiere más pasta, mucho más, en seguridad y control de fronteras. Segundo, quiere en la gestión del presupuesto mayor discrecionalidad de la que ya ha ganado en los últimos años. Tercero, se pretende introducir un Fondo de Competitividad dotado con más de 400.000 millones de euros. Y cuarto, persigue recentralizar fondos en los gobiernos nacionales incluyendo aquellos que todavía hoy reciben directamente las regiones de la Unión. Los principales grupos del Europarlamento mostraron su inquietud porque la Comisión quería que los presupuestos de la UE se convirtieran en un agregado de 27 presupuestos para fiscalizarlos mejor.

Los presupuestos –en Europa, en España, en cualquier comunidad autónoma o municipio– definen las preferencias y opciones políticas y los modelos de intervención pública. Los presupuestos son un espejo de tu proyecto político. La nueva Europa se centra en la defensa, la seguridad y el control de fronteras, en la competitividad y la innovación científica y tecnológica y en el control del gasto bajo una gobernanza más eficaz. Las políticas que salen perdiendo –aunque no se abandonan– son la PAC, los planes y programas de cohesión social y la atención específica a las regiones –las continentales y no se diga las ultraperiféricas–. En este contexto, después de la propuesta de la Comisión y el debate en Estrasburgo, las RUP solo han visto crecer su zozobra. Porque cabe insistir en que no solo las inversiones y los programas se estancan o crecen insuficientemente, sino que las RUP perderán autonomía política y administrativa al no serle asignados sus propios fondos. Sería un adiós definitivo a la Europa de las Regiones, que desde finales de los años ochenta ha propuesto descentralizar el poder de los Estados nacionales, en el convencimiento de que el proyecto europeo o desciende y toma contacto con las administraciones más próximas de los ciudadanos o nunca alcanzará una verdadera eficacia ni se extenderá su legitimación democrática.

De esta manera el Marco Financiero Plurianual no solo es un instrumento de objetivos económicos y administrativos. Es la nueva fase del desarrollo del proyecto europeo que parece más obsesionado en su propia supervivencia y en la situación supuestamente decadente de Europa que en los derechos de individuos y regiones y economías que no estén basadas en las tecnologías e ingenierías de la información y la Inteligencia Artificial. Pero, como siempre ocurre en Europa, se trata de encontrar un equilibrio, aunque a largo plazo se distinguirán perfectamente ganadores y perdedores. La propuesta de Fernando Clavijo y su Gobierno es el único camino plausible y estoy razonablemente seguro de que Pedro Sánchez lo entiende, lo comparte y arrimará el hombro.

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