Opinión
El Marquesado del ICI
El pleno está cansado y se prepara para la campaña electoral que empezará en septiembre

El portavoz de la Agrupación Socialista Gomera, Casimiro Curbelo, durante el pleno del Parlamento este martes. / Miguel Barreto/EFE
Fuera ha llegado la canícula. Hace tanto calor que esta semana no aparece ni un manifestante en las proximidades del Parlamento. Es como con las urgencias en Atención Primaria y en los hospitales durante los partidos importantes del Mundial de Fútbol: se reducen milagrosamente en más de un 70% los asistentes. Cuando jugaba la selección española, en más de un 85%. La Roja hace milagros: los cojos andan, los infartados bailan, los griposos sorben con alegría y se las pela la fiebre. Un Mundial trimestral y quizás se acabarían las listas de espera en España y en Canarias. Dentro, por supuesto, la temperatura es deliciosa, porque el Parlamento es una bolsa amniótica, y diputados y diputadas, fetos con corbatas o sin ellas, están protegidos en la Cámara de cualquier infección, de cualquier golpe, de cualquier dolor. Hace algunos años, en la crisis económica poscovid, la Mesa de la Cámara, presidida por Gustavo Matos, decidió juiciosamente moderar el uso del aire acondicionado. Pero eso es de pobres y ya quedó atrás.
Sus señorías están a punto de marcharse de vacaciones (de nuevo). Después de este último pleno, y al margen de alguna que otra comisión la próxima semana, todos abandonan hasta septiembre. En los grupos parlamentarios eran perfectamente constatables las ganas de largarse. Cada legislatura muestra sus propios usos y costumbres, sus limitaciones y sus personajes, sus ritos y sus expectativas. Pues bien, ya se han agotado. Sus señorías han comenzado a aburrirse incluso a sí mismos. En el próximo otoño comenzará la campaña electoral para los comicios autonómicos u locales de mayo 2027 sin que nadie descarte ya un adelanto de las elecciones generales -ayer, en los pasillos, se comentaban las fechas de febrero o marzo, como en todo el país-. También se hablaba del chascarrillo sobre el plan malévolo de José Manuel Soria, que mientras acaricia un gato negro desde el noveno círculo del Infierno recauda dinero a espuertas de empresarios grancanarios para que Clavijo gobierne hasta finales de siglo. La élite empresarial isleña estaba encantada con el Gobierno de Ángel Víctor Torres y Román Rodríguez, que no les tocó un pelo: en todo caso les ofreció champú de primera calidad. Ocurre lo mismo con el Gobierno de Pedro Sánchez: el IBEX 25 ha registrado en los últimos años un crecimiento récord, apabullante, triunfal. Pero a los chascarrilleros les da exactamente igual.
A Casimiro Curbelo le preocupa mucho que el Gobierno canario no siga negociando su posición en el sistema de financiación autonómica hasta el final. También le preocupa, y fue un dardo lanzado a la consejera de Hacienda, Matilde Asian, que en la reunión del Consejo Económico y Fiscal no se defiendan los criterios del Gobierno autonómico, «sino de este o aquel partido», es decir, del PP o del PP. El presidente Clavijo lo tranquilizó, porque «nosotros entendemos también que esta es, precisamente, la hora de la negociación». Ambos saben que lo más probable es que todo quede en una exhibición de mero voluntarismo político. En la práctica, si se confirma el adelanto electoral, quedarán cuatro o cinco meses de legislatura, y ni el PP ni el PSOE son proclives a pactar nada. Y si no existen alicientes para el consenso, no lo habrá. En el contexto de una polarización política exacerbada que Canarias lleve 16 años infrafinanciada, tal y como recordó Clavijo, es absolutamente irrelevante para unos y otros.
Luis Campos se quejó de la inflación en Canarias, «que supera en varios puntos de media la inflación española». El jefe de Gobierno le explicó que, a su juicio, la inflación era mayoritariamente el producto de la subida de los costes de transporte, cuyas ayudas estatales siguen congeladas desde hace años. «Le estoy tendiendo la mano para buscar soluciones, lo estoy haciendo por enésima vez, no me la muerda», le replicó Campos. «Don Luis, yo no le he mordido nunca la mano», contestó Clavijo, «a veces se la aprieto un poco». El presidente parecía divertido, el líder de NC, no tanto. Después le tocó el turno a Luz Reverón, del Partido Popular. Reverón es una buena parlamentaria, pero como al resto de sus compañeros, no se les cae Pedro Sánchez de la boca, y ahí, entre las muelas, lo llevan a cualquier debate. Empieza a ser un poquito agotador, incluso en las ocasiones -existen algunas, por supuesto- en que resulta pertinente citar al enamorado marido de Begoña Gómez. Me estremezco al imaginar la multiplicación de las alusiones al fundador del sanchismo después del verano. Una borrachera de exorcismos desde la calle Teobaldo Power para que el espíritu de Sánchez abandone el cuerpo exhausto de España. El voxista Nicasio Galván, cada vez más faltón -ya digo que las elecciones están a la vuelta de la esquina- acusó al Ejecutivo de poca prevención en riesgos e incendios forestales, y como Clavijo citó el calentamiento global «en el que su partido no cree», Galván empezó, como de costumbre, a insultar: tonterías, estupideces, insensateces, todos los pecados en los que incurren aquellos que incomprensiblemente no comparten sus tonterías, estupideces e insensateces. Lo que ocurre es que a Galván no se le nota tanto la grosería chulesca y el desprecio militante porque es bajito, sufre una voz ligeramente aflautada, de niño que no ha tomado suficiente colacao, y lleva siempre unos primorosos gemelos en los puños. Su compañero de grupo, Javier Nieto, porta más educadamente el facherío, en su caso una pizca sentimental, y uno lo ha visto con estos ojitos que ha de comerse la tierra desayunando con diputados socialistas y todo.
De todos los debates y discusiones de la mañana tal vez el más sorprendente, aunque no el más importante, el que abrió una pregunta de Natalia Santana sobre el nombramiento de Ana Padrón Brito como directora del Instituto Canario de Igualdad. Su antecesora falleció hace pocas semanas y era su madre. Que el control de un organismo denominado Instituto de Igualdad pase de madre a hija quizá sea excesivo incluso para los estándares políticos de bendita mi tierra guanche. Si el pacto entre el PSOE, NC y Podemos no acertó designando como directora del ICI a una activista como Kika Fumero, en este mandato el organismo, dependiente de la Consejería de Bienestar Social, se ha marchitado y ha perdido agilidad, ritmo administrativo, ambición de gestión, protagonismo político y social. Su proyección pública --y la de las políticas y programas que impulsa y subvenciona- ha sido mínima desde 2019. Nadie discute el currículum de Padrón Brito, una profesora y pedagoga que ha trabajado varios años en el extranjero. Pero no es democráticamente admisible -y para eso ni siquiera es necesario ser feminista- que se hereden cargos políticos, como si el ICI fuera un marquesado. Las organizaciones feministas están enfurecidas y con perfecta razón. Algunos diputados coalicioneros insisten en que el nombramiento de Padrón Brito fue una testaruda exigencia de la Agrupación Herreña de Independientes. Y lo peor es que se ha cedido.
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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