Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | TRIBUNA

El Ejército asalta el Gobierno republicano de Santa Cruz de Tenerife

Camareros y clientes en el bar Cuatro Naciones de la plaza de la República de Santa Cruz de Tenerife.

Camareros y clientes en el bar Cuatro Naciones de la plaza de la República de Santa Cruz de Tenerife. / Alta Estudios

Justo hace 90 años, el sol comienza a salir el sábado 18 de julio de 1936 por el plácido horizonte de Santa Cruz de Tenerife a las 5.19 de la mañana, sopla un viento flojo, la temperatura es de 20 grados, los pájaros, inquietos, no paran de revolotear sin cesar entre las ramas de los árboles de la plaza Weyler, aunque envueltos en una aparente calma, llenando el aire de un incesante concierto de trinos, sorprendidos por el ruido de vehículos militares y botas de soldados entrando y saliendo de la Comandancia Militar. La naturaleza seguía su curso, pero los pájaros anunciaban un día tenso, diferente a lo habitual.

Los primeros claros del alba apenas asoman cuando los pájaros cantarines insisten en revolotear ajenos a la tensión que comienza a extenderse por la pacífica ciudad, advirtiendo sobre un nuevo día diferente a tantos otros: mientras la naturaleza sigue su curso, se estaban activando unos movimientos que marcan un antes y un después en la Historia de Canarias y de toda España.

En su despacho de la Comandancia Militar de Canarias, el coronel jefe de Estado Mayor, Teódulo González Peral, tiene conocimiento a la una de la noche de un levantamiento militar en Melilla mientras se encuentra reunido con el comandante militar José Cáceres, el auditor José Samsó y los principales jefes militares. Al recibir del comandante militar de Melilla la radio urgente que notifica el levantamiento del Ejército de África, Peral ordena que lo conecten con el comandante militar de Canarias, Francisco Franco, de visita en Las Palmas de Gran Canaria, que dormía en el Hotel Madrid, al que informa la urgencia de los acontecimientos a las 2.15 de la madrugada:

–A sus órdenes, mi general. Melilla se ha levantado en armas. Con su permiso, paso a leerle la radio recibida. –<

Tracking Pixel Contents