Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | En el camino de la Historia

Hablando de nacionalismo (del adversario se aprende más)

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo / ÁLEX ROSA

Hace algún tiempo, cuando el nacionalismo canario estaba con cierta pujanza y que fue motivo de preocupación por el poder central, comenté lo que el máximo exponente de la teoría nacionalista, Ernest Gellner, decía: que se podía aprender más sobre el nacionalismo de las aportaciones que hacen sus detractores que aquellos que son fervientes defensores de esta ideología.

Encuestas recientes nos alumbran que el nacionalismo canario bajo las siglas de CC podía resistir el embate político, por ir hacia confrontaciones directas con el gobierno de Sánchez, lo que se percibió cuando la epidemia de Hantavirus, donde la incomodidad de Clavijo se mantuvo, lo mismo que el reciente techo de gasto que no permite aprovechar el remanente situado en los bancos ante necesidades perentorias.

Lo que parece que no constará en el orden del día por el empecinamiento del ministro de Hacienda, anterior Secretario de Estado de Política Territorial con Ángel Víctor Torres. Y por otro lado, por la aquiescencia, por aquellos del progresismo de Nueva Canarias que se quedaría con dos parlamentarios. En descenso permanente sin apenas pisar el parlamento de Canarias.

Es también evidente que cuando el nacionalismo tuerce su camino, confunde sus propuestas y espera a decisiones que discute, pero que acepta cuando llegan resoluciones que afectan al mismo, da a entender cierta sumisión y conformismo.

Y, sobre todo, cobra actualidad cuando desde atalayas nacionalistas se confeccionan discursos, se elaboran promesas que se enquistan, no porque no se desee llegar al sitio que se pretende, sino que desde dentro o desde fuera el enemigo está al acecho para desvirtuar, enlentecer o desmotivar el proyecto nacionalista.

La treta del adversario desentume, dispara la imaginación, es como una punta de lanza que incide en atraer hacia un horizonte que se ve lejos por las insidias y los desatinos; los que a su vez son el mejor acicate para aprender a ir por el camino que el quietismo y el conformismo de las palabras hechas y de los discursos repetitivos dificultan como si fuera un espejismo inalcanzable.

El adversario del nacionalismo, jacobinistas recalcitrantes y que tienen una idea omnímoda del poder, que no respetan culturas e identidades en el disloque de la historia y en la tergiversación de los ímpetus de los pueblos, son los que más favorecen desde su contranacionalismo, desde un progresismo nacionalista que llaman de izquierda los que más abren el espacio de una conciencia nacionalista.

El nacionalismo para los nacionalistas no es una estación terminal a la que se ha llegado, ni mucho menos es una tarea inconclusa capaz de iniciar una nueva andadura donde los contranacionalistas se quedarán en la cuneta de sus inconsecuencias desde las cuales intentarán seguir torpedeando y que gracias a su concurso, inconsecuente y torpón hace que se pueda caminar con más seguridad que antes.

Pero esto no es óbice que se continúe por el camino de la unidad y se intente por parte de unos y otros romper cercos, abrir caminos que no son otros que la construcción nacional de un pueblo, sin tapujos, sin melindres donde el territorio sea capaz de hacer políticas directas donde viven unos y otros.

Los que tienen que convencerse, y ya hace tiempo que debería de haberse producido, que separados conduce solo a la melancolía y darán pábulo a los falsarios a transitar por la contracorriente de sus desatinos si no se le ponen enfrente políticas directas de un nacionalismo consecuente.

Tracking Pixel Contents