Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Punto de vista

Cuatro de cada diez

Una mujer mira libros en La Laguna.

Una mujer mira libros en La Laguna. / Maraía Pisaca

Ignoran el poder que tiene. Desconocen que es la muestra de libertad personal más importante que existe. Muchos murieron para que otros lo puedan tener en sus manos. Solo con abrirlo, viajamos por el mundo sin mirar el color, el sexo o la condición social. Nunca entenderé el poco cariño a fomentar la lectura entre la población. Busquen en Canarias un anuncio, una valla, un espacio en la televisión pública, una iniciativa que entre en las casas con la mitad de la insistencia con la que entran las campañas de la DGT o los reclamos turísticos, que son también muy importantes. No la encontrarán. No existe. Y ese vacío se ha normalizado, salvo alguna semana cultural en la que se recuerda que hay que coger algún libro. Hace décadas que no se ve nada. Leer es la libertad del hombre. Es la única herramienta que permite vivir otras vidas sin pedir permiso, siempre con una puerta de salida. Piensen en lo que un niño se pierde si nadie le da la posibilidad de leer un libro. No conocerá a ese hidalgo algo loco que confundía molinos con gigantes y que nos enseñó que la dignidad no depende del resultado. No naufragará con un muchacho en una isla desierta aprendiendo que la civilización se lleva dentro. No bajará al centro de la Tierra ni dará la vuelta al mundo en ochenta días de la mano de Verne, que fue el primero en decirnos que la ciencia también es una aventura. Tampoco conocerá Macondo, ni la importancia de las fábulas de Iriarte o la magia de Mararía. Las bibliotecas están cada vez más vacías del placer de la lectura frente a la obligación del estudio. Los informes de comprensión lectora llevan años avisando de que nuestros escolares entienden peor lo que leen, y no hay plan de choque, ni campaña permanente, ni pacto político que trate el asunto como la emergencia que es. Si mañana se hundiera un puente o se bloqueara la entrada de productos en el muelle, habría una lógica comisión de investigación. Llevamos años hundiendo lectores y no recuerdo ni una pregunta parlamentaria. El Barómetro de Hábitos de Lectura, que elabora cada año la Federación de Gremios de Editores con el Ministerio de Cultura, sitúa a Canarias entre las comunidades menos lectoras de España. Apenas el 61,7 % de los canarios mayores de 14 años lee libros en su tiempo libre siquiera una vez al trimestre. Casi cuatro de cada diez canarios no abren un libro por placer en todo el año. Ni uno. Recuerdo una vez que vi a un político nacionalista y en activo leyendo a Galdós en un descanso en el Parlamento. Unos repasaban sus apuntes a la espera de intervenir, otros tomaban café mientras departían en los pasillos y, él, leía Marianela en el patio. Me llamó la atención esa lectura tan fascinante entre tanto ajetreo y móviles, algo muy poco común en la cámara. ¿Por qué no fomentar la lectura con quince o treinta minutos diarios de lectura libre en todos los centros públicos, sin examen, sin ficha, sin resumen posterior? ¿Un bono anual (30-50 euros) para que cada escolar elija sus propios libros en librerías canarias? ¿Podrían los coles e institutos tener dos o tres visitas de escritores al año, con prioridad para autores canarios y así animar a los lectores? ¿Una campaña con Pedri animando a leer a autores canarios? Pregunten en cualquier aula canaria quién fue Tomás Morales, Alonso Quesada o Mercedes Pinto y notarán inmediatamente el silencio. Pero digan si conocen a Ibai, TheGrefg o el último tiktoker de moda, y verán todas las manos levantadas. Estamos a tiempo de ser mejores como pueblo, más fuertes y más críticos. Es la mejor forma de canariedad.

@luisfeblesc

Tracking Pixel Contents