Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | RETIRO LO ESCRITO

Regular la Presidencia

Algún día, cuando haya caído en la tierra todo el polvo radioactivo de este sucedáneo de guerra civil, cuando ya hayan callado los miserables que de uno y otro lado solo piensan en el poder y en su carrera política y en sus sueldos y enjüagues, cuando ya no estén ni Pedro Sánchez --el peor demagogo de la historia de este país – ni Núñez Feijoo –que está en esa historia como Pilatos en los evangelios, por casualidad – tal vez, solo tal vez, si la democracia se sobrevive a sí misma y el capitalismo de la vigilancia no termina de reducirla a un simulacro, podrán impulsarse sin oposición algunos cambios menores. Son espacios, situaciones y coyunturas que sorprendentemente (o no tanto) jamás se han encarado. Presidencia del Gobierno de España, por ejemplo. Quizás un día se establezca por ley un límite al número de oficinas, directivos, adjuntos, adjuntos a los adjuntos, jefe de gabinete, subjefes de gabinete, y asesores. Toda esta peña imprescindible supera las 800 personas. Si les sumas servicios y seguridad son más de 2.000 hormigueando en un complejo de varias hectáreas. Abraham Lincoln tuvo dos asesores y como el Congreso solo le permitía uno al otro lo puso en nómina en Correos. (no, no era Leire). Adolfo Suárez no llegaba a una docena en vísperas de las elecciones de 1977. Actualmente en Downing Street los diversos equipos de trabajo al servicio del primer ministro no llegan a 300 los ocupados, de los cuales cerca de la mitad son funcionarios de carrera. La mayoría de los 2.000 trabajadores de La Moncloa – un 85% de libre designación --no curran para gestionar problemas generales, sino que se integran en una compleja e incansable maquinaria cuyo objeto consiste en la asistencia política y técnica a Sánchez. A lo que diga el señor presidente.

Otrosí, la normativa debería establecer claramente cuántos familiares del presidente pueden vivir en las instalaciones de La Moncloa. El cónyuge y los hijos parece lo más razonable. Pero Sánchez ha tenido ahí a su hermano achirimoyado largas temporadas y Mariano Rajoy instaló en el palacete a su padre, aquejado de una enfermedad degenerativa, y nadie puede afirmar o negar que para atenderlo debidamente contó con recursos públicos. ¿Sabe alguien quién vive en La Moncloa – me refiero a gente ajena a los equipos de trabajo de Presidencia – y durante cuánto tiempo? El jefe del Gobierno español no paga un céntimo de lo que come, del agua y la energía que consume, de la peluquería y el maquillaje, incluso de servicios médicos a través de una Unidad Asistencial Sanitaria con médicos y enfermeros las 24 horas del día. En Estados Unidos el presidente recibe una factura mensual con los gastos en comida y bebida de su familia, en productos de supermercado, en artículos de aseos personal y servicio de lavandería, en la manutención de invitados ocasionales. Como dijo una vez el pesetero de Richard Nixon, “no es barato ser presidente”. El joyero secreto de Rodríguez Zapatero ha causado un escándalo justificado, pero es que tampoco está reglamentada la recepción de regalos por parte del presidente y los ministros. Sería muy sencillo. Cualquier obsequio de más de 100 o 300 euros – lo que se estipule – se entrega a Patrimonio Nacional y ya está.

Los límites económicos severos para la maquinaria presidencial, la transparencia y cierta austeridad ejemplarizante serían los objetivos básicos de una amplia regulación jurídica de la Presidencia del Gobierno mediando una leu órgánica. Es un órgano hipertrofiado que disfruta de un secretismo insólito y que no corresponde al primer ministro de una democracia parlamentaria. Más bien recuerda a un ensueño bonapartista que anhela desparlamentizar la vida política y transformarse en un continuo, sistemático y perverso plebiscito cotidiano. Encuestas tramposas con dinero público, todos los días si es imprescindible. Elecciones, aunque no disponga ya de mayoría en la Cámara y me abrume la corrupción no. No hasta que pueda ganarlas. Porque el primer deber del demagogo es proteger al pueblo de sí mismo.n

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents