Opinión | El recorte
Perder por goleada

El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una imagen de archivo. / Rober Solsona - Europa Press / Europa Press
Hoy es el tiempo en que cualquier estupidez puede elevarse a la estratosfera política. Como la de Rajoy, diciendo que Francia juega sin franceses a fuerza de no haberse enterado que los galos de hoy ya no son los de Asterix. De Bonaparte han pasado a Mbappé y de Cantoná a Konaté. Y tan felices. Claro que la selección de los amores hispánicos del expresidente tiene como principal estrella a Yamine Lamal, que tampoco es que sea descendiente de Recaredo.
Lo de Euráfrica, como todas las evidencias, es un hecho. Y el problema, si lo hubiera, no está en los jóvenes multimillonarios, hijos de familias humildes que se han convertido en modernos gladiadores que entretienen a las grandes masas. El problema son los que hambrean en el país de los sueños de sus padres y abuelos. Los que no saben meter goles ni han estudiado ingeniería. Los que malviven en la periferia de la pobreza en esta novela de Dickens en la que miran desde fuera de los escaparates la opulencia de una sociedad de la que no pueden forman parte.
España ha cargado munición con tres millones de nuevos residentes de una nueva sociedad en proceso de parto. Mano de obra barata para el desempeño que no quieren hacer los nacionales de pura sangre. Más madera para la guerra de la búsqueda de unas viviendas que nadie construye y las colas eternas de los servicios de salud.
Nos deslizamos por los días a lomos de titulares imbéciles. Un día toca que un ministro bocazas insulte al bocazas de Trump. Otro, que un expresidente derrape sobre la Europa multirracial. Hablar de cosas serias es aburrido y está proscrito. Por ejemplo, decir que llevamos varios años viviendo del dinero prestado por los países ricos de Europa, dopados con la mayor cantidad de crédito jamás emitido por la Unión Europea que dentro de poco va a tocar empezar a pagar. Ese proceso ya ha empezado y se puede ver en locomotoras como Alemania, que está atándose los machos y haciendo ajustes de un gasto público insostenible.
La dirigencia suicida de nuestro país –que ha inventado el socialismo capitalista– sostiene la tesis de que el crecimiento de la economía es ilimitado y que es la tabla de salvación de todos nuestros males. Se callan dos verdades del barquero. Lo que más ha crecido es el sector público, gracias al chute de un dinero prestado y el incremento desmesurado de la recaudación fiscal producido por la inflación. Y la segunda, que el gasto público sigue disparado por encima de unos ingresos que son atípicos; una noticia terrible porque los ingresos pueden bajar, pero los gastos tienden a seguir creciendo.
Los ciudadanos son el plancton del que se alimentan los grandes mamíferos que habitan en el ecosistema económico. El ballenáceo sector público engorda felizmente, acompañado de las grandes empresas transnacionales de la banca y la energía. Son tiempos de vino y rosas para los que cobran y de miseria y esfuerzo para los que pagan. Y lo más triste de este partido es que cuando el árbitro toque el final habremos perdido por habernos metido un gol en propia puerta. No se puede vivir como un nuevo rico, sobre todo sin serlo. Al final siempre acabas pagándolo muy caro. Como nos va a pasar a todos nosotros.
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