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Opinión | Al filo de las letras

Nayra Bajo de Vera

Nayra Bajo de Vera

Periodista y escritora

El lobo está aquí y ya no se viste de oveja

La organización neonazi Núcleo Nacional ha dado el salto a la política a cara descubierta, amparándose en un sistema democrático en el que sus integrantes no creen ni tampoco confían. Podemos pretender que nos pilla por sorpresa o que se trata de una anomalía, pero la realidad es que solo han podido lanzarse gracias a que tenían un buen colchón mullido que les garantizaba no estamparse de bruces contra el suelo.

Captura de un vídeo de Núcleo Nacional

Captura de un vídeo de Núcleo Nacional / El Día

Las fábulas nos sirven hasta cierto punto para hacer una analogía de la realidad, pero muchas veces se nos quedan cortas. El cuento del lobo está más que desfasado. Llevamos años escuchando las advertencias de que viene, y que viene, y que viene, y que viene el lobo, como quien escucha la radio de fondo mientras va planchando la ropa. El error no se reduce al altavoz que se le ha dado a la ultraderecha o el haber ignorado un peligro inminente, sino que el mensaje estaba mal desde su misma base: el lobo está aquí desde hace mucho tiempo. La diferencia es que, ahora, ya no se viste de oveja.

Hace relativamente poco que ser nazi y ser fascista era motivo de vergüenza. Su lugar en el mundo estaba en apariencia aislado, apartado, cercado por un muro que lo alejaba de los postulados que resultan aceptables en público. Los nazis y los fascistas sabían que no podían hablar abiertamente, pero su mano recta se ha ido alzando poco a poco, como el palo de una bandera, por encima del muro de contención. Así, casi sin darnos cuenta, nos hemos quedado con el panorama en el que nos encontramos ahora: los discursos de odio marginales de antes se escuchan ahora en el Congreso, en los medios de comunicación y en el ámbito público como si fueran opiniones lícitas.

La organización neonazi Núcleo Nacional ha dado el salto a la política a cara descubierta, amparándose en un sistema democrático en el que sus integrantes no creen ni tampoco confían. Podemos pretender que nos pilla por sorpresa o que se trata de una anomalía, pero la realidad es que solo han podido lanzarse gracias a que tenían un buen colchón mullido que les garantizaba no estamparse de bruces contra el suelo.

Ese colchón se ha ido engrosando con los gritos de parlamentarios europeos al son de "Send them back" cuando se consolidó el reglamento de retornos de la UE. O con el regreso de políticas que ya deberían estar enterradas, como la ley del concebido no nacido, que pretenden arrebatar la autonomía a las mujeres. O con el retroceso en derechos LGBTI+, que por primera vez en diez años nos dejan un aumento en el número de países que consideran la homosexualidad un delito.

Está muy bien señalar a Núcleo Nacional por quienes son, lo que han hecho y lo que pretenden hacer, pero no debemos perder de vista que esta gente no aparece de la nada. El racismo que exhibe la prioridad nacional se les queda flojo, pero su impunidad se construye con el mismo material que permite a un expresidente del Gobierno afirmar quiénes pueden o no pueden pertenecer a determinada nacionalidad por su color de piel. El mismo material de normalización de la violencia que utilizan agitadores como Vito Quiles, pseudoperiodistas como Javier Negre o streamers como El Xocas.

No está de más recordar que hay integrantes dentro de Núcleo Nacional con antecedentes por delitos de odio, tráfico de armas, explotación sexual y pertenencia a organización criminal. Ese es su pasado. También conocemos su forma de pensar. ¿Pero qué es lo que quieren hacer? Más allá de la propagación del odio, la búsqueda de la segregación y el uso de una estética performativa violenta, no ofrecen un proyecto de país real. Además de un victimismo absurdo, lo que demuestran es que los derechos adquiridos siempre están en entredicho. Esta gente no debe dar miedo, porque eso paraliza. Lo que hace falta es seguir a pico y pala, exigiendo derechos y trabajando por el bien común.

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