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Opinión | Retiro lo escrito

Venezuela se fue

Diosdado Cabello: "No descansamos ni un instante hasta tener en Venezuela" a Maduro

Diosdado Cabello: "No descansamos ni un instante hasta tener en Venezuela" a Maduro

La catástrofe que desbarató Venezuela –el cómputo final de muertos puede llegar a 20.000 y aún más– mereció dos lecturas políticas inmediatas y, sin duda, precipitadas. La primera: los terremotos del 24 de junio hundirían en una crisis insalvable al Rodrigato (los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, figuras centrales de la dictadura y amiguísimos, recuerden, de Rodríguez Zapatero) que conduciría necesariamente a un cambio de ruta del gobierno de los Estados Unidos y a una convocatoria electoral a medio plazo. La segunda: los escombros y los muertos representan una oportunidad excepcional para los hermanísimos y sus subalternos inmediatos porque nada mejor que una crisis telúrica y arrasadora para unir al país y cimentar un liderazgo. Las dos hipótesis han quedado invalidadas. Delcy Rodríguez y su corte de jalabolas son criminales en todo, incluyendo en su incapacidad flagrante de afrontar una situación terrorífica como esta. Pedir a Delcy liderazgo es como intentar sacar un cubata –a la presidenta encargada le gustan mucho los cubatas– de una piedra. Pero no conviene olvidar que el virreinato de los Rodríguez carece de alternativa. La oposición se divide en dos grupos: los corrompidos por el gobierno y los que buscan que el gobierno los corrompa de una vez. María Corina Machado ha defraudado todas las expectativas y sigue en el exterior, porque el valor que demostró resistiendo al chavismo sin salir del país se ha tornado en pasividad ronroneante frente a la voluntad de Donald Trump. Machado se ha rodeado de canallas e indeseables. ¿Y las fuerzas armadas? No cabe esperar un golpe de Estado. Corren rumores sobre generales, almirantes y coroneles a los que se les ha triplicado el sueldo y ahora los cobran en dólares, aparte de las coimas y otras fuentes de ingresos que no les han sido retiradas. Si te insubordinas ahora los yanquis te mandan dos regimientos de marines –a solicitud de Delcy mismamente– y no solo perderás la carrera, sino también el pescuezo.

Todos nos preguntábamos, asombrados, por el destino de Diosdado Cabello, ministro del Interior y dueño y señor de los servicios de inteligencia, recalcitrante chavista de primerísima hora y secuaz leal de Nicolás Maduro. El asombro ha sido –una vez más– una señal de ingenuidad. Cabello, después de varias semanas donde alternaba desapariciones y actitudes equívocas, se ha pasado al virreinato. Estados Unidos sigue ofreciendo una recompensa de 25 millones de dólares por su captura y entrega a Washington, pero Cabello, en los últimos meses, ha demostrado sobradamente su voluntad de colaboración, su adhesión al Rodrigato, su ambición de servir a Donald Trump. Ya no plantea retos. Como Delcy y Jorge, ya nunca se refiere a Maduro encarcelado en Nueva York. Hace pocos días fue fotografiado saludando y conversando como panas con el general Francis Donovan, jefe del Comando Sur, y John Barret, encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela. Cabello, como Delcy o Jorge, no es más que basura excremental, y a las bellas prendas que siempre le han adornado se ha unido la de traidor. Un traidor polivalente: ha renegado de su comandante en jefe, a su proyecto político, a la independencia de su país. El círculo del gobierno virreinal se ha cerrado con el nombramiento más importante de los que ha realizado últimamente: José David Cabello, hermano de Diosdado, presidirá la sociedad estatal Petroquímica de Venezuela, que coordinará sus funciones con Héctor Obregón, presidente de Pdvsa desde marzo con autorización directa de los gringos.

Todas estas alimañas no saben gestionar, solo robar, pero a Trump le interesa exclusivamente que salgan con puntualidad los petroleros de la cuota del 25 de la producción de hidrocarburos hacia Estados Unidos. El país hecho cenizas, sin ejército leal y profesional, sin recursos suficientes para su reconstrucción, sin un liderazgo político y una administración mínimamente solvente, va a caer en un abismo histórico que durará décadas. La Venezuela que aún reconocíamos bajo las muescas y el latrocinio chavista no volverá. Vemos cómo se desintegra en directo.

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