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Opinión | Editorial

Santa Cruz de Tenerife

Un estadio del futuro para Tenerife

La isla debe decidir entre reformar el histórico recinto o construir un estadio moderno capaz de generar actividad durante todo el año

El Heliodoro, entre los estadios de Segunda con mayor aforo

Arturo Jiménez

El futuro del Estadio Heliodoro Rodríguez López es un debate que trasciende el fútbol. Lo que está sobre la mesa no es solo decidir cómo reformar un recinto deportivo o dónde debe ubicarse. La cuestión es qué papel debe desempeñar un tipo de infraestructura que en las ciudades modernas ha dejado de ser simplemente un estadio y que en el caso de Santa Cruz ha quedado obsoleta.

El Heliodoro forma parte de la memoria colectiva de generaciones de tinerfeños. Allí vivimos ascensos, descensos, noches europeas, celebraciones inolvidables y también momentos difíciles. Es un lugar cargado de simbolismo. Nadie puede discutir el profundo vínculo histórico entre el club y Santa Cruz. Esa relación merece respeto y reconocimiento porque forma parte del patrimonio sentimental de la isla.

Pero si el respeto a la historia es importante, también lo es la obligación de mirar hacia adelante. El mundo del deporte ha cambiado de manera radical. Los estadios del siglo XXI ya no son instalaciones que abren sus puertas cada quince días para albergar un partido de fútbol. Se han convertido en espacios capaces de generar actividad económica los 365 días del año. Acogen conciertos internacionales, congresos, competiciones de distintas disciplinas, zonas comerciales, restaurantes, gimnasios, museos, experiencias turísticas y áreas de ocio. Son motores de urbes y economías. Tenerife debe abordar esta reflexión.

El Heliodoro ha cumplido su función durante casi un siglo, pero ahora resulta evidente que responde a un modelo de estadio de otra época. Las instalaciones y servicios son impropios de un equipo con la historia del Tenerife. Para cerciorarse basta con acudir a los baños.

La ubicación del estadio en el centro urbano presenta ventajas por tradición y cercanía. También, limitaciones de movilidad y accesibilidad, poca diversidad de usos y escasas oportunidades para futuras necesidades de expansión. Son asuntos que no pueden ignorarse cuando se piensa en una infraestructura destinada a servir a la isla durante los próximos cincuenta años.

El Plan Director presentado por el Cabildo de Tenerife supone un paso importante. Por primera vez ordena una estrategia de actuación a largo plazo. Garantiza las reformas necesarias para mantener el estadio operativo y mejorar su seguridad, imagen y funcionalidad. Pero el propio documento deja abierta la pregunta de si es suficiente modernizar el Heliodoro o ha llegado el momento de construir un estadio nuevo.

La propuesta de La Laguna, que ofrece suelo para una nueva instalación deportiva, es legítima y merece ser analizada con serenidad. Del mismo modo, resulta perfectamente comprensible que Santa Cruz defienda con firmeza un estadio que forma parte de su identidad y de la historia del CD Tenerife. No se trata de una confrontación entre municipios. Sería un error convertir un proyecto estratégico en una disputa. El CD Tenerife pertenece a toda la isla. La decisión debe responder al interés general de Tenerife. Hay que evaluar con rigor la accesibilidad, la capacidad de crecimiento, el impacto económico, la sostenibilidad, la movilidad y las oportunidades que un estadio de primer nivel puede generar.

También conviene evitar el riesgo de pensar a corto plazo. Una decisión de estas características no debe adoptarse solo en función de las necesidades actuales. Hay que anticiparse al futuro. Si la isla aspira a atraer grandes eventos internacionales, conciertos de alto nivel, competiciones deportivas de alcance europeo o mundial y nuevas posibilidades económicas, necesitará una instalación preparada para competir con los mejores recintos del país. Eso exige planificación, consenso y visión de futuro.

Sea cual sea la elección, reformar a fondo el Heliodoro o levantar un nuevo estadio, lo conveniente es no repetir la historia de actuaciones parciales, reformas interminables y soluciones provisionales. Tenerife dispone de una ocasión extraordinaria. Preservar la memoria del Heliodoro no significa renunciar al futuro. Y apostar por una infraestructura moderna tampoco implica dar la espalda a Santa Cruz, la ciudad que ha acogido durante más de cien años al CD Tenerife. Cuando llegue el momento de decidir, la pregunta que merece la pena responder es qué es lo mejor para Tenerife.

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