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Opinión | El recorte

Absentismo político

Feijóo: "El absentismo laboral es un cáncer que no podemos pagar"

Feijóo: "El absentismo laboral es un cáncer que no podemos pagar"

El absentismo en España se ha disparado. Cada día faltan a su puesto de trabajo algo así como un millón trescientas mil personas. De ellas, setenta mil en Canarias. España duplica la media europea. Y en las islas estamos dos puntos por encima de la media estatal. Se trata de un problema que hay que atajar porque cuesta treinta y dos mil millones cada año. Y, sobre todo, porque resta capacidad productiva a nuestra economía.

Dos organismos públicos, la AIRef y el INSS, han puesto el grito en el cielo ante el crecimiento inexplicable de este fenómeno, que se ha disparado tras la pandemia. Como todo proceso complejo, debería abordarse sin ocurrencias ni demagogia, cosa que en este país y en este momento es casi imposible.

Hablando del rey de Roma, el líder del PP, Núñez Feijóo, ha hecho que suba el pan diciendo en el País Vasco que el absentismo es un cáncer que tenemos que enfrentar. El ejemplo es paradigmático: las células cancerígenas dejan de cumplir la función para la que estaban diseñadas, lo cual viene a ser como una ausencia permanente del puesto de trabajo. La comparación tendría un pase –dejando aparte a los ofendiditos– si no fuera porque el tratamiento oncológico consiste en la destrucción de las células absentistas. Y tal vez ese no sería el mejor método en el mercado laboral.

España, como otros países europeos, ha creado un Estado del Bienestar que destina ingentes fondos a la cobertura social de los ciudadanos. Pero debe existir un equilibrio entre la protección y la generación de riqueza. Un Gobierno que desincentive el trabajo se está cargando el desarrollo y el bienestar, porque si no hay quien pague no habrá quien pueda recibir ayudas. Desde hace años venimos hablando en nuestro país del ejército de «la paguita»: gente que con un par de bonos sociales, una ayuda y tres cáncamos puede permitirse vivir sin una nómina. Lo prefiere a un salario que casi nunca está a la altura de lo que se desea. Es probable que haya mucho de exageración en esa supuesta pléyade de gente que sobrevive sin currar, pero cuando el río suena es porque lleva algo de agua.

Hay países europeos que tienen sociedades prósperas y potentes desde el punto de vista de los servicios públicos y la asistencia social y un bajo absentismo. En todos ellos se penaliza no trabajar. La situación de paro es excepcional y bastante incómoda para el que la padece, porque los sistemas castigan ese estatus reduciendo las ayudas públicas conforme pasa el tiempo. No necesitamos inventar, solo copiar lo que les ha funcionado a otros.

El absentismo se produce más en las grandes empresas que en las pequeñas. Y más en las administraciones públicas que en el sector privado. Está en relación directa con la seguridad en el puesto de trabajo y con las crisis económicas. A menor estabilidad laboral y mayor incertidumbre, los trabajadores reaccionan faltando menos a su puesto ante el riesgo de perderlo.

Sin embargo, el verdadero cáncer de este país enfermo, por seguir la tradición de Costa y Feijóo, es una clase política incompetente y unos sindicatos y patronales abonados a la demagogia simplista. Los problemas no se discuten para encontrar soluciones, solo son combustible electoral. El peor absentismo y el más dañino es el de ellos.

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